La misión de Bernadette Sayo: "la unión por una causa común"
"Estaba con mis hijos y mi marido. Presencié el asesinato de mi marido. A mí me violó un grupo de esos criminales. Eran cinco. Me violaron delante de mis hijos. (…) Mi bebé, que tenía un año, estaba en brazos de su padre cuando éste murió. Un obús decapitó a mi marido, el bebé se quedó en sus brazos, y desde entonces el niño está como idiotizado. [Tiene cuatro años] pero empezó a hablar hace sólo un año y medio. También está el mediano, que acabó con balas y metralla en las manos, y mi hijo mayor, Junior, que se quedó mirando a su padre hasta salir corriendo y aullando. No consiguió dormir ni un solo minuto en dos meses. Está traumatizado."
Bernadette no perdió la esperanza y empezó a buscar a otras víctimas de violencia sexual. No tardó en fundar una asociación, la Organización para la Compasión y el Desarrollo de las Familias en Dificultades (OCODEFAD), "para aunar esfuerzos e intentar que todos luchemos por una causa común, y conseguir así, por lo menos, que los autores de esos crímenes sean castigados." La OCODEFAD es el único espacio del país donde, pese a la falta de apoyo profesional, las víctimas de abusos sexuales pueden hallar compañía, ayuda y consuelo. La OMS ayudó a esas víctimas a iniciar actividades con las que financiar un plan de seguro colectivo que cubriera sus gastos médicos.
"Los miembros de esta organización son mujeres que han sufrido violaciones, viudas de la guerra, hombres sodomizados, niñas o personas de edad que han sido violadas… También tenemos casos de gente torturada, de familias deshechas… Hay gente que sigue con balas en el cuerpo y necesita atención médica, y tenemos grandes problemas para conseguir recursos, servicios médicos y tratamiento psicológico, así que también necesitamos un volumen considerable de recursos humanos. (…) Hay muchas niñas que han sido violadas, y ahora no pueden ir a la escuela porque todas las víctimas de violación sufren el rechazo de su comunidad. Dondequiera que vayan las abuchean y señalan con el dedo."
Sufrir el ostracismo subsiguiente a la violación es una de las consecuencias más crueles que deben afrontar esas víctimas. Sólo organizando grupos de apoyo y reclamando justicia se pueden impulsar cambios sociales positivos. Las cosas están cambiando gradualmente, pero queda mucho por hacer. El trabajo de Bernadette demuestra que la solidaridad es la buena vía para avanzar.