Folleto del DMS, parte IV: ¿Cuáles son las prioridades y las soluciones para crear ambientes saludables para los niños?
Los riesgos para los niños en sus entornos cotidianos son numerosos. Sin embargo, existen seis grupos de riesgos ambientales para la salud que deben ser abordados como cuestiones prioritarias: la seguridad del abastecimiento de agua para la vivienda, la falta de higiene y el saneamiento insuficiente, la contaminación del aire, las enfermedades transmitidas por vectores, los riesgos de origen químico y los traumatismos no intencionados (accidentes). Estos riesgos agudizan las consecuencias del subdesarrollo económico y causan el grueso de las muertes y enfermedades infantiles relacionadas con el ambiente en que viven los niños.
En la mayoría de estos riesgos prioritarios, la seguridad, la estabilidad, la preparación para emergencias y el desarrollo económico son factores clave para solucionarlos. Si bien la experiencia indica que incluso en las economías subdesarrolladas dichos riesgos pueden disminuirse de manera significativa, la experiencia también demuestra que, en sociedades con ingresos más altos, la cifra general de enfermedades ambientales entre los niños decrece a medida que las prioridades relativas cambian. Por consiguiente, las regiones y los países deberán determinar sus prioridades específicas para complementar las mundiales.
1. Seguridad del abastecimiento de agua para la vivienda
La seguridad del abastecimiento de agua para la vivienda abarca la disponibilidad fiable de agua salubre en el hogar para todos los usos domésticos. El acceso al suministro de agua salubre fiable es un derecho de los seres humanos, tal como aparece definido en la Observación General sobre el Derecho al Agua y la Declaración de los Derechos del Niño. Cuando el acceso al agua salubre se garantiza de manera fiable, se contribuye enormemente a mejorar las condiciones sanitarias, posibilitando y fomentando la higiene mediante acciones clave tales como el hábito de lavarse las manos, la higiene de los alimentos, el lavado de la ropa y la higiene en el hogar en general. Cuando se pone en peligro el abastecimiento de agua de la vivienda, puede producirse la transmisión de enfermedades a través del agua contaminada y, además, la falta de agua puede impedir los hábitos de higiene mínimos necesarios para proteger la salud.
Muchas de las enfermedades que se previenen utilizando agua en condiciones de higiene las transmite el agua cuando está contaminada.
La más importante de estas enfermedades es la diarrea, la segunda causa de muerte infantil en el mundo. Se calcula que la diarrea causa la muerte de 1,3 millones de niños al año, alrededor de un 12 % del total de muertes de niños menores de cinco años en los países en desarrollo. Entre otras enfermedades infecciosas con modelos de transmisión similares figuran las hepatitis A y E, la disentería, el cólera y la fiebre tifoidea.
La falta de seguridad del abastecimiento de agua para la vivienda también se asocia a infecciones cutáneas y oculares, incluido el tracoma, y a la esquistosomiasis, que puede contraerse recogiendo agua en zonas infectadas.
Muchas sustancias químicas potencialmente perjudiciales para la salud de las personas pueden encontrarse en el agua potable. Por ejemplo, un exceso de fluoruro se asocia con la fluorosis del esqueleto, una enfermedad discapacitante. En los países donde el agua potable presenta una elevada cantidad de arsénico, a veces se detectan síntomas de arsenicosis entre los niños pequeños.
En 2000, la OMS y el UNICEF calcularon que 1100 millones de personas carecían de acceso a una fuente de agua mejorada. El acceso a un suministro de agua mejorado puede ser algo tan sencillo como un pozo protegido o un manantial a una hora de caminata desde el hogar. Sin embargo, el número de personas que no cuentan con este recurso dentro o fuera de la vivienda es, sin duda alguna, muy superior al número de los que sí tienen acceso a un suministro «mejorado». Alrededor de un 80 % de esa población «desatendida» vive en zonas rurales. En los lugares donde el agua debe recogerse de fuentes de abastecimiento remotas –mejoradas o no–, a menudo son las mujeres y los niños los encargados de esa tarea.
2. Higiene y saneamiento
La eliminación higiénica de las heces humanas –incluidas las de los niños– es una condición esencial para proteger la salud. Al no existir un saneamiento básico, pueden transmitirse varias enfermedades graves a través de la contaminación fecal de la vivienda y del entorno de la comunidad. Entre estas enfermedades se cuentan la diarrea, la esquistosomiasis, las hepatitis A y E, la disentería, el cólera y la fiebre tifoidea. La falta de saneamiento también se relaciona con las infecciones por helmintos y con el tracoma. El tracoma provoca ceguera irreversible, y en la actualidad unos 6 millones de personas padecen discapacidades visuales a causa de esta enfermedad.
En el mundo, 2400 millones de personas, la mayoría de las cuales viven en zonas periurbanas o en zonas rurales de países en desarrollo, carecen de cualquier tipo de acceso a instalaciones de saneamiento mejorado. Los cálculos de la cobertura para 1990 y 2000 muestran que, durante este periodo, la situación no ha mejorado mucho. Los niveles más bajos de cobertura se dan en Asia y África, donde un 31 % y un 48 % de la población rural, respectivamente, no dispone de acceso a instalaciones de saneamiento adecuadas.
Incluso si se dispone de buenas instalaciones de saneamiento, no siempre son suficientes para mejorar la salud de las personas. Se debe fomentar entre los niños y los adultos el hábito de lavarse las manos con jabón o ceniza antes de las comidas y después de defecar.
3. Contaminación del aire
La contaminación del aire es un grave riesgo ambiental para la salud de los niños y un factor de riesgo tanto de enfermedades respiratorias agudas como de enfermedades respiratorias crónicas, además de otras enfermedades. Alrededor de 2 millones de niños menores de cinco años mueren cada año a causa de infecciones respiratorias agudas. Muchas se ven agravadas por los peligros ambientales.
La contaminación del aire en interiores es uno de los principales factores asociados a las infecciones respiratorias agudas, tanto en las zonas urbanas como en las rurales de los países en desarrollo. Un agente contaminante liberado en un espacio cerrado es a menudo más peligroso para los pulmones de un niño que un agente contaminante liberado al aire libre. Una preocupación importante en los países en desarrollo es la exposición a productos de la combustión de biomasa y del carbón, además de la escasa ventilación de las viviendas y otros lugares. En el mundo industrializado, el ambiente en espacios interiores se caracteriza por la escasa ventilación, una humedad elevada, la presencia de agentes biológicos tales como los mohos, y una serie de sustancias químicas presentes en los materiales del mobiliario doméstico y la construcción.
La contaminación del aire exterior, principalmente por el tránsito y los procesos industriales, continúa siendo un problema grave en las ciudades de todo el mundo, sobre todo en las megalópolis en continua expansión de los países en desarrollo. Se calcula que una cuarta parte de la población mundial está expuesta a agentes contaminantes del aire, por ejemplo partículas, dióxido de azufre y otras sustancias químicas, en concentraciones nocivas para la salud.
4. Vectores de enfermedades
En principio, todas las enfermedades transmitidas por vectores constituyen una grave amenaza para la salud infantil. Algunas, sin embargo, suponen una amenaza específica para los niños, porque el sistema inmunológico de éstos no puede combatir el ataque del agente infeccioso, o porque el modo en que se comporta un niño puede aumentar su vulnerabilidad a la enfermedad. Entre estas enfermedades se incluyen las siguientes:
El paludismo, que, transmitido por determinados mosquitos, provoca la muerte de niños en una proporción abrumadora. El 90 % de los casos de paludismo se registran en el África subsahariana, con más de un millón de muertes al año, en su mayoría de niños menores de cinco años.
La filariasis linfática, una infección por nematodos parásitos que se hospedan en el sistema linfático, causa deformaciones típicas de la enfermedad («linfedema» e «hidrocele») en niños de tan sólo 12 años. La magnitud de la pérdida de vida sana provocada por esta enfermedad sólo es superada por el paludismo.
La esquistosomiasis, una enfermedad transmitida por el agua y causada por trematodos sanguíneos (gusanos parásitos que viven en la corriente sanguínea), afecta a los niños y los adolescentes. La infección crónica provoca un estado de debilidad cada vez mayor y la enfermedad degenerativa. Doscientos millones de personas están infectadas en todo el mundo.
La encefalitis japonesa se da en los sistemas de producción de arroz por irrigación, en el Asia meridional y sudoriental. Los brotes afectan en especial a niños menores de cinco años (alrededor del 90 % de los casos); se calcula que se producen un promedio de 40 000 casos clínicos al año, con una tasa de mortalidad del 20 %. De los supervivientes, un 50 % sufrirán secuelas mentales durante el resto de su vida.
La leishmaniasis, una enfermedad parasitaria transmitida por flebótomos, se manifiesta a través de lesiones cutáneas o de lesiones de los órganos internos; esta última forma puede ser mortal, y se estima que ha provocado 59 000 muertes en 2001. Se calcula que cada año se producen 2 millones de casos de leishmaniasis cutánea, y que un 95 % de los pacientes son niños menores de cinco años.
La fiebre del dengue también afecta de forma desproporcionada a los niños pequeños en los países que soportan una carga muy elevada. La forma más letal de la enfermedad, la fiebre del dengue hemorrágico, mata un promedio de más de 10 000 niños al año. Durante los brotes más violentos, los hospitales infantiles pueden llegar a bloquearse, porque los pabellones se hallan desbordados por la llegada de pacientes.
5. Peligros de origen químico
A raíz de la producción y el uso cada vez mayores de sustancias químicas, hoy en día hay un gran número de riesgos de origen químico en los hogares, las escuelas, los patios de recreo y en la comunidad. Los contaminantes químicos que se liberan al medio ambiente proceden de emisiones industriales al margen de la reglamentación, o del tráfico vehicular denso y de vertederos de desechos tóxicos. Unos 50 000 niños de edades comprendidas entre los 0 y los 14 años mueren cada año como consecuencia de intoxicaciones no intencionadas.
Los plaguicidas que se utilizan, se guardan y se desechan en condiciones poco seguras pueden ser perjudiciales para los niños y para su entorno. Los productos de limpieza domésticos, el queroseno, los disolventes, los productos farmacéuticos y otros productos químicos pueden resultar peligrosos si se guardan en recipientes inadecuados y en lugares de fácil acceso para los niños. Los niños pequeños son «exploradores naturales»: pueden ingerir esos productos y sufrir una intoxicación grave. Las consecuencias pueden ser mortales.
La exposición continuada a diversos agentes contaminantes presentes en el ambiente se asocia a daños causados a los sistemas nervioso e inmunológico y a trastornos de la función reproductora y del desarrollo. Esto se debe a que la exposición ocurre durante periodos de susceptibilidad especial en el niño o el adolescente, que está en plena etapa de crecimiento. Por ejemplo, los niños son muy vulnerables a los efectos neurotóxicos del plomo presente en la pintura y el aire, que puede reducir su coeficiente intelectual y provocar discapacidades para el aprendizaje. También son vulnerables a los efectos que produce en el desarrollo el mercurio liberado en el ambiente o presente como contaminante en los alimentos. La mayor parte de las exposiciones a los productos químicos y contaminantes tóxicos se puede prevenir. Se dispone de varias herramientas y mecanismos para ayudar a determinar los riesgos de origen químico, crear ambientes más seguros y evitar la exposición de los niños.
6. Traumatismos no intencionados (accidentes)
Entre los traumatismos no intencionados se cuentan los traumatismos provocados por los accidentes de tráfico, las intoxicaciones, las caídas, las quemaduras y los ahogamientos. Se calcula que, en 2001, 685 000 niños menores de 15 años perdieron la vida a causa de traumatismos no intencionados. Alrededor de un 20 % de todas las muertes por traumatismo no intencionado en todo el mundo ocurren en niños menores de 15 años; este tipo de traumatismos se encuentra entre las diez principales causas de muerte para este grupo de edad. En todo el mundo, las principales causas de muerte por traumatismos no intencionados entre los niños son los provocados por accidentes de tráfico (el 21 % para este grupo de edad) y los ahogamientos (el 19 %).
Los traumatismos no intencionados entre los niños son un problema de alcance mundial, pero en determinadas regiones del mundo, los niños y los adolescentes se ven afectados desproporcionadamente. La inmensa mayoría de estos traumatismos ocurre entre los niños en los países de bajos y de medianos ingresos. En las Regiones de África, Asia Sudoriental y el Pacífico Occidental se registran el 80 % de todas las muertes infantiles por traumatismos no intencionados.
LAS SOLUCIONES
Existen muchas soluciones para estos problemas de salud relacionados con el medio ambiente. Se cuenta, asimismo, con una gama de medidas eficaces en materia de política, educación, sensibilización, desarrollo tecnológico y cambio comportamental. Este tipo de medidas puede ser sumamente costoeficaz y su puesta en práctica es responsabilidad de los encargados de formular las políticas y adoptar decisiones, la población, las comunidades, los educadores, los funcionarios gubernamentales y muchas otras partes interesadas. Más adelante ofrecemos unos pocos ejemplos indicativos de medidas de previsión que pueden adoptarse; las listas no son exhaustivas pero ilustran una gama de medidas dignas de consideración. Por supuesto, las intervenciones específicas que se pongan en práctica en un entorno determinado dependerán de la naturaleza y la gravedad del problema, del contexto local, los recursos disponibles y las prioridades que haya que abordar.
1. Algunos ejemplos de medidas eficaces para proteger a los niños frente a los riesgos relacionados con el agua:
- Ampliar el acceso de los «desatendidos» de zonas rurales y urbanas a fuentes mejoradas.
- Impartir educación en matiera de higiene sobre comportamientos clave, tanto a los niños como a los adultos.
- Almacenar el agua salubre en el hogar (y tratar el agua en el hogar cuando su calidad es dudosa), pues ello reduce el riego de contaminación del agua y beneficia a la salud, como se ha demostrado.
- Contar con un suministro fiable de agua apta para el consumo en las escuelas, porque tiene un efecto directo en la salud, constituye una medida ejemplar y una contribución a la educación.
- Proteger todos los recursos hídricos de la contaminación (esto es, no sólo las fuentes de agua potable sino también, por ejemplo, el agua que se utiliza para bañarse y pescar), lo que redundará en beneficio de la salud.
- Adoptar medidas específicas en zonas afectadas por sustancias químicas peligrosas presentes en el agua para el consumo humano, como plomo, fluor y arsénico.
2. Algunos ejemplos de medidas eficaces para mejorar la higiene y el saneamiento:
- Velar por que los niños tengan acceso a instalaciones sanitarias seguras y que las heces de los niños se eliminen en condiciones de seguridad.
- Contar con letrinas adecuadas y separadas para niñas y para niños en las escuelas, lo que puede incentivar su uso y, por consiguiente, reducir la transmisión de enfermedades.
- Gestionar correctamente los desechos y reubicar los vertederos de desechos lejos de los asentamientos humanos, para impedir que los niños hurguen la basura y se expongan a peligros.
- Lavarse las manos con jabón antes de las comidas y después de defecar, con lo que se reduce considerablemente el riesgo de enfermedades diarreicas.
3. Algunos ejemplos de medidas eficaces para proteger a los niños frente a la contaminación del aire:
- Mantener una buena ventilación, utilizar combustibles limpios y calentadores de cocina mejorados reduce la contaminación del aire en los espacios interiores y el recrudecimiento y desarrollo de infecciones respiratorias agudas.
- Proteger a los niños frente al consumo de tabaco y el tabaquismo pasivo reduce el riesgo de padecer trastornos respiratorios y otros efectos de la mala salud.
- Utilizar gasolina sin plomo reduce la exposición de los niños al plomo y evita trastornos del desarrollo.
- Aplicar políticas de transporte y de salud adecuadas reduce las enfermedades respiratorias y los traumatismos de los niños en las zonas urbanas.
- Establecer planes para mantener limpio el aire reduce la exposición de los niños a la contaminación en los lugares al aire libre.
4. Algunos ejemplos de medidas eficaces para proteger a los niños frente a las enfermedades transmitidas por vectores:
- Dado que los niños suelen irse a dormir más temprano que los adultos, precisamente cuando los mosquitos entran en actividad, utilizar mosquiteros impregnados con insecticida y poner mallas metálicas en las ventanas, las puertas y los aleros es un método muy eficaz de protegerlos contra el paludismo.
- Una ordenación general del medio, incluido el aprovechamiento mejorado del agua en las zonas de riego, ubicar el ganado en lugares estratégicos entre los criaderos y la vivienda, y el desagüe o el llenado de los depósitos para la recogida del agua, puede reducir los riesgos de transmisión en algunos contextos.
- En el Asia meridional y sudoriental, no hay que combinar el cultivo de arroz de regadío y la cría de cerdos en las proximidades de las viviendas, para romper el ciclo de la encefalitis japonesa.
- Impartir educación sanitaria y establecer lugares seguros para nadar (que se mantienen libres de caracoles gracias a la eliminación sistemática de los moluscos mediante la aplicación de una sustancia química río arriba), junto con otras medidas ambientales adecuadas y un tratamiento vermífugo periódico, reducirá el riesgo de transmisión de la esquistosomiasis y ayudará a controlar la morbilidad.
- Cubrir los depósitos de almacenamiento de agua y vaciar y secar periódicamente los contenedores que retengan agua, para eliminar los lugares donde puedan criar los mosquitos, por ejemplo cubos, recipientes alimentarios desechados, bidones, floreros o neumáticos (donde el agua se puede acumular). De ese modo se ayudará a disminuir los riesgos de transmisión del dengue.
5. Algunos ejemplos de medidas eficaces para prevenir los peligros de origen químico:
- Garantizar un almacenamiento y envasado seguros, y un etiquetado claro de los productos de limpieza, combustibles, solventes, plaguicidas y demás sustancias químicas que se utilizan en el hogar y la escuela.
- Promover la utilización de envases (con cierre de seguridad para niños) para los productos farmacéuticos y químicos.
- Informar a los padres, los maestros y las personas que cuidan de los niños acerca de los peligros químicos potenciales que existen en los lugares donde los niños pasan el tiempo.
- Impartir formación a los dispensadores de atención de salud sobre el reconocimiento, la prevención y la gestión de las exposiciones a sustancias tóxicas y sobre la utilización de la historia pediátrica ambiental para investigar los riesgos específicos a los que están expuestos los niños.
- Incorporar la enseñanza de la seguridad y la salud en relación con las sustancias químicas en los programas de estudio escolares.
- Dictar y aplicar una normativa para promover la utilización y eliminación seguras de las sustancias químicas.
- Promover políticas para reducir y remediar la contaminación ambiental.
- Evitar la construcción de viviendas, escuelas y lugares de recreo cerca de zonas contaminadas e instalaciones peligrosas.
- Promover campañas educativas de «lucha contra las sustancias tóxicas».
6. Algunos ejemplos de medidas eficaces para prevenir los traumatismos no intencionales (accidentes):
- Formular políticas nacionales sobre prevención de traumatismos y abogar por que se destinen más fondos a este fin.
- Mejorar la aplicación de la legislación en vigor.
- Establecer una vigilancia sistemática de los traumatismos no intencionales.
- Impartir formación sobre primeros auxilios a los miembros de la comunidad.
- Coordinar los servicios de emergencia.
- En el hogar, instalar protecciones en las ventanas y barandillas en las camas.
- Utilizar casco cuando se anda en motocicletas, ciclomotores y bicicletas.
- Utilizar asientos de seguridad para niños y cinturones de seguridad en los automóviles.
- Elevar o encerrar las zonas de cocina.
- Enseñar a nadar a los niños y hacer que estén vigilados cuando se encuentren cerca del agua.
- Utilizar tejidos resistentes al fuego.
- Utilizar tapas con cierre de seguridad para niños en los recipientes de plaguicidas, medicamentos y queroseno.
- Cuando sea posible, realizar campañas de sensibilización pública para enseñar la prevención de los traumatismos.