Centro de prensa

Equinococosis

Nota descriptiva N°377
Marzo de 2013


Datos y cifras

  • La equinococosis humana es una enfermedad parasitaria provocada por cestodos del género Echinococcus.
  • Las dos formas más importantes de la enfermedad en el ser humano son la equinococosis quística (hidatidosis) y la equinococosis alveolar.
  • El ser humano se infecta por la ingestión de huevos de parásitos presentes en alimentos, agua o suelo contaminados, o por contacto directo con animales huéspedes.
  • El tratamiento de la equinococosis a menudo resulta caro y complicado, y puede que requiera cirugía y/o tratamiento farmacológico prolongado.
  • Los programas de prevención se basan en el tratamiento vermífugo del perro, una mejor higiene en los mataderos y campañas de educación pública; se está evaluando la vacunación del ganado ovino como intervención adicional.
  • La OMS está trabajando para validar estrategias eficaces de control de la equinococosis quística antes de 2018.

La equinococosis humana es una enfermedad zoonótica (enfermedad transmitida al ser humano por los animales) provocada por parásitos, a saber, los cestodos del género Echinococcus. La equinococosis se presenta en cuatro formas:

  • equinococosis quística, también conocida como hidatidosis, provocada por la infección por Echinococcus granulosus;
  • equinococosis alveolar, provocada por la infección por E. multilocularis;
  • equinococosis poliquística, provocada por la infección por E. vogeli;
  • equinococosis uniquística, provocada por la infección por E. oligarthrus.

Las dos formas más importantes, que tienen trascendencia médica y de salud pública para el ser humano, son la equinococosis quística y la equinococosis alveolar.

Transmisión

El ciclo de vida de E. granulosus se desarrolla entre carnívoros domésticos o salvajes, como perros, zorros, lobos, chacales, hienas o gatos (huéspedes definitivos), y ovejas, cabras, vacas, cerdos, yaks u otros animales de granja (huéspedes intermediarios). La equinococosis quística se mantiene principalmente en un ciclo perro-oveja-perro. El ser humano es un huésped intermediario accidental y se infecta a través de la ingestión de tierra, agua o alimentos (por ejemplo, hortalizas) contaminados con huevos del parásito eliminados en las heces de los carnívoros. El ser humano también puede infectarse por la transmisión de la mano a la boca de los huevos después de haber estado en contacto con el pelo contaminado de un carnívoro (por lo general, un perro).

Los carnívoros se infectan cuando ingieren los órganos de huéspedes intermediarios que albergan las fases larvarias del parásito (hidátides o quistes hidatídicos). En los carnívoros, los quistes se transforman en gusanos adultos y viven en los intestinos, donde producen huevos que se expulsan en las heces, contaminando el suelo. Los huéspedes intermediarios ingieren los huevos del suelo contaminado, los huevos se transforman en quistes, y el ciclo continúa.

La transmisión de la E. multilocularis al ser humano se produce por la ingestión de tierra, agua o alimentos contaminados con huevos del parásito eliminados en las heces de zorros y otros cánidos, como perros domésticos y, en menor medida, gatos. El ser humano también puede infectarse mediante la transmisión de la mano a la boca de huevos después de haber estado en contacto con el pelo contaminado de zorros, perros o gatos. Los huéspedes intermediarios son pequeños mamíferos (roedores y lagomorfos).

Signos y síntomas

La infección humana por E. granulosus conduce al desarrollo de una o más hidátides localizadas principalmente en el hígado y los pulmones, y con menor frecuencia en los huesos, riñones, bazo, músculos, sistema nervioso central y ojos.

El período asintomático de incubación de la enfermedad puede durar muchos años hasta que los quistes hidatídicos crecen hasta un punto que desencadenan signos clínicos. Entre los signos no específicos figuran anorexia, pérdida de peso y debilidad. Otros signos dependen de la localización de la hidátide o hidátides y la presión que ejercen sobre los tejidos circundantes.

Con frecuencia se observan dolor abdominal, náuseas y vómitos cuando las hidátides se localizan en el hígado. Cuando afecta a los pulmones, los signos clínicos que aparecen son tos crónica, dolor torácico y disnea.

La equinococosis alveolar se caracteriza por un período de incubación asintomático de 5 a 15 años y el lento desarrollo de una lesión primaria de carácter tumoral que normalmente se encuentra en el hígado. Los signos clínicos consisten en pérdida de peso, dolor abdominal, malestar general y signos de insuficiencia hepática.

Las metástasis larvarias pueden propagarse tanto a los órganos adyacentes al hígado (por ejemplo, el bazo) como a lugares distantes (pulmones, cerebro) mediante la diseminación del parásito a través de la sangre y el sistema linfático. Si no se trata, la equinococosis alveolar es progresiva y mortal.

Distribución

La equinococosis quística está distribuida por todo el mundo y se encuentra en todos los continentes, excepto la Antártida. La equinococosis alveolar está confinada al hemisferio norte, en particular, a algunas zonas de China, de la Federación de Rusia y de los países de Europa continental y América del Norte.

En las regiones endémicas, las tasas de incidencia de la equinococosis quística en el ser humano pueden ascender a más de 50 por 100 000 personas-año, y la prevalencia puede alcanzar el 5-10% en algunas zonas de la Argentina, el Perú, África oriental, Asia central y China. En los animales de cría, la prevalencia de equinococosis quística que se observa en los mataderos de zonas hiperendémicas de América del Sur varía del 20% al 95% de los animales sacrificados. Las prevalencias más altas se encuentran en las zonas rurales, donde se sacrifican animales más viejos. Dependiendo de las especies infectadas de que se trate, las pérdidas de producción ganadera atribuibles a la equinococosis quística se derivan de la declaración del hígado como no apto para el consumo, la reducción del peso en canal, la disminución del valor de la piel, la disminución de la producción de leche y la reducción de la fertilidad.

Diagnóstico

La ecografía es la técnica de imagen de elección para el diagnóstico de la equinococosis quística y la equinococosis alveolar. Generalmente se complementa o valida mediante tomografía computadorizada y/o resonancia magnética.

A veces, los quistes pueden descubrirse casualmente mediante radiografía. Hay diferentes pruebas serológicas que detectan anticuerpos específicos y pueden apoyar el diagnóstico. También pueden llevarse a cabo biopsias y punciones guiadas por ecografía para el diagnóstico diferencial de los quistes respecto de tumores y abscesos.

Tratamiento

El tratamiento tanto de la equinococosis quística como de la equinococosis alveolar suele ser caro y complicado, y a veces requiere cirugía mayor y/o tratamiento farmacológico prolongado.

Existen cuatro opciones para el tratamiento de la equinococosis quística:

  • tratamiento percutáneo de los quistes hidatídicos con la técnica PAIR (punción, aspiración, inyección, reaspiración);
  • cirugía;
  • tratamiento con medicamentos antiinfecciosos;
  • conducta expectante.

La elección debe basarse principalmente en las imágenes ecográficas del quiste, dependiendo de la fase específica en que se encuentre, así como de la infraestructura médica y los recursos humanos disponibles.

En el caso de la equinococosis alveolar, los elementos fundamentales siguen siendo el diagnóstico temprano y la cirugía radical (similar a la extirpación de tumores), seguida de profilaxis antiinfecciosa con albendazol. Si la lesión está confinada, la cirugía radical puede ser curativa. Desafortunadamente, en muchos pacientes la enfermedad se diagnostica en una fase avanzada, y la cirugía paliativa, si se lleva a cabo sin tratamiento antiinfeccioso o si este es incompleto, frecuentemente da lugar a recaídas.

Carga de morbilidad y carga económica

Tanto la equinococosis quística como la equinococosis alveolar suponen una carga de morbilidad importante. A nivel mundial, puede haber más de un millón de personas que padecen estas enfermedades en un momento dado. Muchas de estas personas sufrirán síndromes clínicos graves que pueden producir la muerte si no se tratan. Incluso con tratamiento, a menudo sufren una merma de la calidad de vida.

En el caso de la equinococosis quística, la tasa de mortalidad posoperatoria media es del 2,2% en los pacientes quirúrgicos, y aproximadamente del 6,5% en los casos de recaída posoperatoria que requieren un tiempo de recuperación prolongado. Las estimaciones actuales indican que la equinococosis quística da lugar a la pérdida anual de al menos un millón de AVAD1 cifra que podría llegar a tres millones.

Los costos anuales asociados al tratamiento de los casos de equinococosis quística y las pérdidas que genera a la industria ganadera se estiman en US$ 3000 millones.

La equinococosis alveolar da lugar a la pérdida de unos 650 000 AVAD por año, y la mayor parte de la carga de morbilidad se concentra en China occidental.

Prevención y control

La equinococosis quística es una enfermedad prevenible, ya que los huéspedes definitivos e intermediarios son animales domésticos. El tratamiento vermífugo periódico de los perros, la mejora de la higiene en los mataderos (en particular la destrucción adecuada de los despojos infectados) y las campañas de educación pública reducen la transmisión (en los países de ingresos elevados la previenen) y alivian la carga de morbilidad humana.

La vacunación del ganado ovino con un antígeno recombinante de E. granulosus (EG95) ofrece perspectivas alentadoras de prevención y control. Los ensayos de vacunación a pequeña escala del ganado ovino con EG95 indican una eficacia y seguridad elevadas, ya que los animales vacunados no se infectan con E. granulosus.

Un programa que combine la vacunación del ganado ovino, el tratamiento vermífugo de los perros y el sacrificio selectivo de las ovejas más viejas podría llevar a la eliminación de la hidatidosis humana en menos de 10 años.

La prevención y control de la equinococosis alveolar es más compleja, ya que en el ciclo intervienen animales salvajes como huéspedes intermediarios y definitivos. El tratamiento vermífugo periódico de los carnívoros domésticos que tienen acceso a roedores silvestres debería ayudar a reducir el riesgo de infección humana.

Puede procederse al sacrificio selectivo de zorros y de perros vagabundos, pero parece ser muy poco eficaz. El tratamiento vermífugo de huéspedes definitivos salvajes y callejeros con cebos antihelmínticos se ha traducido en una reducción significativa de la prevalencia de la equinococosis alveolar en los estudios europeos y japoneses. No obstante, la sostenibilidad y la relación entre los costos y los beneficios de este tipo de campañas son controvertidas.

Respuesta de la OMS

La OMS está ayudando a determinar qué países podrían participar en la elaboración y ejecución de proyectos piloto que permitan validar estrategias de control eficaces de la equinococosis quística antes de 2018.

A partir de 2018, la prioridad será ampliar las intervenciones a un conjunto de países seleccionados con el fin de controlar y erradicar la equinococosis quística como problema de salud pública mediante la aplicación de la estrategia validada.

El costo de la ejecución de los proyectos piloto sobre equinococosis quística entre 2013 y 2017, con el fin de obtener estrategias de lucha contra la equinococosis validadas en tres países antes de 2018 se estima en aproximadamente US$ 10 millones.

La OMS también está apoyando la creación de capacidad a través de cursos de capacitación dirigidos al personal médico y paramédico, centrados en el tratamiento clínico de la equinococosis quística en las zonas rurales de los países afectados.


1 Un AVAD (año de vida ajustado en función de la discapacidad) puede considerarse como un año de vida "saludable" perdido. La suma de estos AVAD en toda la población, o la carga de morbilidad, puede considerarse como una medida de la diferencia entre el estado de salud actual y una situación ideal de la salud en la que toda la población vive hasta una edad avanzada, sin estar enferma ni discapacitada ( véase

Compartir