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Hepatitis E

Nota descriptiva
Junio de 2016


Datos y cifras

  • La hepatitis E es una enfermedad del hígado causada por la infección por el llamado virus de la hepatitis E (VHE).
  • Se calcula que cada año hay unos 20 millones de casos de infección por el VHE, que producen 3,3 millones de casos sintomáticos de hepatitis E, y 56 600 de defunciones.
  • La hepatitis E suele ser autolimitada, pero en algunos casos puede ser fulminante (insuficiencia hepática aguda).
  • El virus se transmite por vía fecal-oral, principalmente a través de agua contaminada.
  • La hepatitis E afecta a todas las zonas del mundo, pero la prevalencia es mayor en Asia oriental y meridional.
  • China ha producido y autorizado una vacuna capaz de prevenir la infección por el VHE, aunque todavía no está disponible en otros países.

La hepatitis E es una enfermedad hepática causada por el virus de la hepatitis E (VHE): un pequeño virus con RNA monocatenario positivo.

Existen al menos cuatro genotipos distintos: el 1 y el 2 solo se han encontrado en el ser humano, mientras que el 3 y el 4 circulan en varios animales (entre ellos los cerdos, jabalíes y ciervos) sin causarles enfermedad, e infectan ocasionalmente al ser humano.

El virus se excreta en las heces de las personas infectadas y entra en el organismo humano por el intestino. Se transmite principalmente a través del agua de bebida contaminada. La infección suele ser autolimitada y se resuelve en 2-6 semanas, pero a veces causa una enfermedad grave, denominada hepatitis fulminante (insuficiencia hepática aguda), que puede ser mortal.

Distribución geográfica

La hepatitis E afecta a todas las zonas del mundo y puede encontrarse en:

  • zonas con escasos recursos y contaminación frecuente del agua, o
  • zonas con suministro de agua de bebida salubre.

La enfermedad es frecuente en países con escasos recursos y acceso limitado a servicios esenciales de suministro de agua, saneamiento, higiene y salud. En estas zonas puede aparecer en brotes o de forma esporádica. Los brotes suelen producirse tras periodos de contaminación fecal del suministro de agua de bebida y pueden afectar a varios cientos o miles de personas.

Algunos de esos brotes han ocurrido en zonas de conflicto o de emergencia humanitaria, como zonas en guerra y campos de refugiados o desplazados internos, situaciones en las que el saneamiento y el suministro de agua salubre plantean especiales problemas. Los casos esporádicos también parecen estar relacionados con la contaminación del agua o los alimentos, aunque a menor escala.

Se calcula que en estas zonas hay cada año unos 20 millones de casos de infección por el VHE, que producen 3,3 millones de casos agudos y 56 600 defunciones.1,2 En estas zonas la mayoría de los casos son causados por virus del genotipo 1 y, con mucha menor frecuencia, del genotipo 2.

En las zonas con mejor suministro de agua y saneamiento la hepatitis E es infrecuente y solo hay casos esporádicos, la mayoría de ellos causados por virus del genotipo 3, de origen animal, generalmente por consumo de carne poco cocinada (en particular el hígado), y no relacionados con la contaminación del agua ni de los alimentos.

En la mayoría de las zonas se han obtenido pruebas serológicas de exposición anterior al virus, y las tasas de seroprevalencia (proporción de personas con anticuerpos IgG anti-VHE positivos) son más elevadas en las zonas con saneamiento deficiente y, por consiguiente, mayor riesgo de transmisión.

No obstante, la presencia de estos anticuerpos no implica necesariamente la presencia de enfermedad ni un aumento del riesgo. La utilidad de estos datos con fines epidemiológicos también puede ser escasa debido al rendimiento variable, y posiblemente subóptimo, de las pruebas serológicas disponibles y de la posible desaparición de los anticuerpos con el paso del tiempo en quienes han estado expuestos al virus.

Transmisión

El virus de la hepatitis E se transmite principalmente por vía fecal-oral, como consecuencia de la contaminación fecal del agua de bebida. Esta vía explica una muy gran proporción de casos clínicos. Los factores de riesgo de la hepatitis E están relacionados con el saneamiento deficiente, que permite que los virus excretados en las heces de las personas infectadas lleguen al agua de bebida.

También se han observado otras vías de transmisión, pero que solo explican un número mucho menor de casos:

  • la ingestión de carne o productos cárnicos poco cocinados derivados de animales infectados;
  • la transfusión de productos sanguíneos infectados;
  • la transmisión vertical de una embarazada al feto.

La ingestión de mariscos crudos o poco cocinados puede ser fuente de casos esporádicos en las zonas endémicas.

Síntomas

El periodo de incubación tras la exposición al VHE oscila entre 2 y 10 semanas, con una media de 5 a 6 semanas. Se cree que las personas infectadas empiezan a excretar el virus desde pocos días antes hasta unas 3 a 4 semanas después del inicio de la enfermedad.

En zonas muy endémicas la infección sintomática es más frecuente en los adultos jóvenes (15 a 40 años). Aunque en estas zonas la infección puede afectar a los niños, estos suelen ser asintomáticos o presentar únicamente una enfermedad leve, anictérica, que pasa sin ser diagnosticada.

Los signos y síntomas característicos de la hepatitis son:

  • una fase inicial con fiebre leve, disminución del apetito (anorexia), náuseas y vómitos, que dura pocos días; algunas personas pueden tener también dolor abdominal, prurito (sin lesiones cutáneas), erupciones cutáneas, o dolores articulares.
  • ictericia (coloración amarillenta de la piel y la esclerótica de los ojos) con orinas oscuras y heces claras, y
  • un ligero aumento del tamaño del hígado (hepatomegalia), con dolor a la palpación.

Estos síntomas suelen ser indistinguibles de los sufridos en otras enfermedades hepáticas y suelen durar entre 1 y 6 semanas.

En raras ocasiones la hepatitis E aguda se convierte en una hepatitis fulminante (insuficiencia hepática aguda) que puede ser mortal. La hepatitis fulminante es más frecuente durante el embarazo.

Las embarazadas con hepatitis E, sobre todo en el segundo y tercer trimestres, presentan mayor riesgo de insuficiencia hepática aguda y de muerte propia y del feto. En el tercer trimestre se han registrado tasas de letalidad de hasta un 20-25%.

Se han descrito casos de infección crónica por VHE de los genotipos 3 y 4 en pacientes inmunodeprimidos, sobre todo en receptores de transplantes y pacientes tratados con inmunosupresores.

Diagnóstico

Los casos de hepatitis E no se pueden distinguir clínicamente de otros tipos de hepatitis víricas agudas. Sin embargo, el diagnóstico puede sospecharse en entornos epidemiológicos propicios, como cuando hay varios casos en localidades de zonas endémicas, cuando hay riesgo de contaminación del agua, cuando la enfermedad es más grave en las embarazadas o cuando ya se ha descartado la hepatitis A.

El diagnóstico definitivo de la hepatitis E suele basarse en la detección en la sangre de anticuerpos IgM específicos contra este virus, prueba que suele ser suficiente en zonas donde la enfermedad es frecuente.

Otra prueba es la reacción en cadena de la polimerasa con retrotranscriptasa (RT-PCR), que detecta el RNA del virus de la hepatitis E en la sangre o las heces, pero necesita laboratorios especializados. Es especialmente necesaria en zonas donde la hepatitis E es infrecuente y en casos con infección crónica.

Se ha desarrollado una prueba para detectar antígenos del virus en el suero y se está estudiando su utilidad en el diagnóstico de la hepatitis E.

Tratamiento

No existe ningún tratamiento específico que altere el curso de la hepatitis aguda. Como la enfermedad suele ser autolimitada, generalmente no es necesario hospitalizar al paciente. Sin embargo, la hospitalización es necesaria en pacientes con hepatitis fulminante, y también puede serlo en embarazadas sintomáticas.

Los pacientes inmunodeprimidos con hepatitis E crónica se benefician del tratamiento con ribavirina, un antivírico. En algunas situaciones específicas también se ha utilizado con éxito el interferón.

Prevención

La prevención es la medida más eficaz contra la enfermedad. A nivel poblacional, la transmisión del VHE y la hepatitis E se pueden reducir:

  • manteniendo la calidad de los sistemas públicos de suministro de agua;
  • estableciendo sistemas adecuados de eliminación de las heces humanas.

A nivel individual, el riesgo de infección se puede reducir:

  • adoptando prácticas higiénicas como lavarse las manos con agua salubre, sobre todo antes de manipular alimentos;
  • evitando beber agua o consumir hielo de pureza desconocida;
  • observando las prácticas recomendadas por la OMS para garantizar la inocuidad de los alimentos.

En 2011 se registró en China una vacuna recombinante de subunidades para prevenir la infección por el VHE, pero todavía no se ha aprobado en otros países.

En 2015 el Grupo de Expertos en Asesoramiento Estratégico (SAGE) en materia de inmunización examinó los datos existentes sobre la carga de hepatitis E y la seguridad, inmunogenia, eficacia y costoefectividad de la vacuna:

La OMS también ha publicado un documento de posición basado en la revisión del SAGE, cuyas recomendaciones se resumen más adelante en el apartado «Respuesta de la OMS».

Directrices para la adopción de medidas ante una epidemia

La OMS ha publicado un manual sobre la identificación, investigación y control de los brotes de hepatitis E con origen en el agua.

En resumen, ante la sospecha de un brote de hepatitis E se recomiendan las siguientes medidas:

  • comprobación del diagnóstico y confirmación de la existencia de un brote:
  • determinación del modo de transmisión e identificación de la población con más riesgo de infección;
  • mejora de las prácticas de saneamiento e higiene para eliminar la contaminación fecal del agua y los alimentos, y
  • eliminación de la fuente de la infección.

Respuesta de la OMS

La OMS ha publicado un informe técnico titulado Waterborne Outbreaks of Hepatitis E: recognition, investigation and control [brotes de hepatitis E de origen hídrico: detección, investigación y control]. El manual presenta información sobre la epidemiología, las manifestaciones clínicas y el diagnóstico de la enfermedad, así como orientaciones para ayudar a las autoridades de salud pública a hacer frente a los brotes de infección por el virus de la hepatitis E.

El Grupo de Expertos de la OMS en Asesoramiento Estratégico (SAGE) en materia de inmunización publicó en 2015 un documento de posición sobre la hepatitis E en el que se pasaba revista a los datos científicos actuales sobre la carga de hepatitis E y sobre la seguridad, inmunogenia, eficacia y costoeficacia de la vacuna aprobada contra la hepatitis E. Con respecto al uso de tal vacuna:

  • La OMS reconoce que la hepatitis E es un importante problema de salud pública en muchos países en desarrollo, en particular entre determinados grupos de población como las embarazadas y las personas que viven en campamentos para desplazados o en lugares con brotes epidémicos.
  • La OMS no recomienda que se introduzca la vacuna en programas nacionales para su administración sistemática en poblaciones donde son comunes los brotes epidémicos o los casos esporádicos de hepatitis E. Ahora bien, puede que las autoridades nacionales, teniendo en cuenta la epidemiología local, decidan que se administre la vacuna.
  • Dada la falta de suficiente información sobre la seguridad, inmunogenia y eficacia de la vacuna en los siguientes subgrupos de población, la OMS no recomienda su administración sistemática en niños menores de 16 años, embarazadas, pacientes con enfermedades hepáticas crónicas, pacientes en listas de espera para un trasplante, y las personas que vayan a viajar.
  • Pueden darse situaciones especiales, como brotes epidémicos, en las que el riesgo de hepatitis E, de complicaciones conexas o de mortalidad sea especialmente alto. En esos casos no debe descartarse la administración de la vacuna, pese a la posición actual de la OMS sobre los programas de vacunación sistemática. En particular, debe considerarse la posibilidad de administrar la vacuna para mitigar o prevenir brotes de hepatitis E, así como para evitar posibles consecuencias en grupos de alto riesgo, como las embarazadas.
  • A medida que se disponga de nuevos datos, la posición actual de la OMS sobre la vacuna contra la hepatitis E se examinará y se pondrá al día según sea necesario en función de la nueva información.

En mayo de 2016 la Asamblea Mundial de la Salud adoptó la primera Estrategia mundial del sector de la salud contra las hepatitis víricas, 2016-2021, en la que se destaca el papel fundamental de la cobertura sanitaria universal y cuyas metas están en linea con las de los Objetivos de Desarrollo Sostenible.

La estrategia tiene como objetivo último la eliminación de las hepatitis víricas como problema de salud pública, y para ello pone como metas mundiales para 2030 la reducción de las nuevas infecciones por virus de la hepatitis en un 90% y la reducción de su mortalidad en un 65%. En la estrategia se definen las medidas que han de adoptar los países y la Secretaría de la OMS para alcanzar estas metas.

Para ayudar a los países a avanzar en la consecución de los objetivos de la Agenda 2030 para el Desarrollo Sostenible referidos a las hepatitis, la OMS está trabajando en las esferas siguientes:

  • sensibilización, promoción de alianzas y movilización de recursos;
  • formulación de políticas con fundamento científico y datos prácticos para la actuación;
  • prevención de la transmisión; y
  • detección sistemática, asistencia y tratamiento.

La OMS organiza además el 28 de julio de cada año el Día Mundial contra la Hepatitis, para fomentar el conocimiento y comprensión de las hepatitis virales.


1 Rein DB, Stevens GA, Theaker J, Wittenborn JS, Wiersma ST. The Global Burden of Hepatitis E Virus Genotypes 1 and 2 in 2005. Hepatology, Vol. 55, No. 4, 2012: 988-997

2 Lozano R, Naghavi M, Foreman K, Lim S, Shibuya K, Aboyans V, Abraham J, et al. Global and regional mortality from 235 causes of death for 20 age groups in 1990 and 2010: a systematic analysis for the Global Burden of Disease Study 2010. Lancet 2012;380:2095-2128.

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e-mail: mediainquiries@who.int