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Úlcera de Buruli

(Infección por Mycobacterium ulcerans)

Nota descriptiva Nº199
Febrero de 2016


Cifras y datos

  • La úlcera de Buruli es una infección crónica y debilitante de la piel y los tejidos blandos que puede causar desfiguraciones permanentes y discapacidad.
  • El agente causante es la bacteria Mycobacterium ulcerans.
  • Al menos 33 países de clima tropical, subtropical o templado han notificado casos de úlcera de Buruli en África, América del Sur y las regiones del Pacífico Occidental.
  • En 2014, se notificaron 2.200 casos nuevos en 12 de los 33 países.
  • La mayoría de las personas afectadas son niños menores de 15 años.
  • El 80% de los casos detectados a tiempo puede curarse con una combinación de antibióticos.

La úlcera de Buruli es una infección crónica y debilitante de la piel causada por el Mycobacterium ulcerans, un microorganismo perteneciente a la misma familia que las bacterias causantes de la tuberculosis y la lepra.

El diagnóstico y el tratamiento tempranos son el único medio para minimizar la morbilidad y evitar discapacidades de larga duración.

Alcance del problema

Estudios científicos muestran que se han notificado casos de úlcera de Buruli en 33 países de África, las Américas, Asia y el Pacífico Occidental. La mayoría de los casos se produce en regiones tropicales y subtropicales, aunque también se han notificado casos en Australia, China y el Japón. De esos 33 países, 15 de ellos informan a la OMS periódicamente.

La mayoría de los casos se ha registrado en el África Occidental y Central, en particular en Benin, Camerún, Côte d'Ivoire, la República Democrática del Congo y Ghana. En los últimos años, Australia ha notificado un número creciente de casos.

En 2014, 12 de los 15 países que informan periódicamente a la OMS notificaron casi 2.200 casos nuevos, lo que suponía más de un 50% de reducción respecto de 2009, cuando se notificaron 5.000 casos. Salvo por unos pocos países, el número de casos se ha reducido desde 2010 a pesar de que se desconoce la causa exacta de esta reducción.

Características clínicas y epidemiológicas de los casos

Las características clínicas y epidemiológicas de los casos varían (en función de la zona geográfica) en los diferentes países y entornos.

En África, un 48% de los afectados son niños menores de 15 años, mientras que esa franja etaria representa el 10% en Australia y el 19% en el Japón. No existen diferencias importantes entre las tasas de hombres y mujeres afectados.

Las lesiones se producen a menudo en las extremidades: un 35% se produce en las extremidades superiores, un 55%, en las extremidades inferiores y un 10% en otras partes del cuerpo.

La gravedad de la enfermedad se ha clasificado en tres categorías: I. una sola lesión pequeña (32%); II. placa no ulcerosa o ulcerosa y formas edematosas (35%), y III. formas diseminadas y mixtas, tales como osteítis, osteomielitis o afectación articular (33%). En Australia y el Japón, la mayoría de las lesiones (>90%) es de categoría I.

En todos los países, al menos el 70% de todos los casos se diagnostica en la fase de ulceración.

Organismo causante

Para desarrollarse, Mycobacterium ulcerans necesita una temperatura de 29 °C a 33 °C (Mycobacterium tuberculosis se desarrolla a 37 °C) y una baja concentración de oxígeno (2,5%). Este microorganismo produce una toxina destructiva (micolactona) que provoca daños en los tejidos e inhibe la respuesta inmunitaria.

Transmisión

Se desconoce aún el modo exacto de transmisión de Mycobacterium ulcerans.

Signos y síntomas

La úlcera de Buruli se manifiesta inicialmente como una hinchazón (nódulo) indolora. Puede comenzar también como un endurecimiento indoloro (placa) o una inflamación difusa e indolora de las piernas, los brazos o la cara (edema). Debido a las propiedades inmunodepresoras de la micolactona, la enfermedad evoluciona sin dolor ni fiebre. En ausencia de tratamiento, pero a veces incluso durante el tratamiento antibiótico, el nódulo, placa o edema se convierte, al cabo de cuatro semanas, en úlceras que presentan los clásicos bordes socavados. Ocasionalmente se ven afectados los huesos, lo que provoca grandes deformidades.

Diagnóstico

Clínico

En general, el diagnóstico clínico hecho en las zonas endémicas por profesionales sanitarios capacitados es fiable.

Dependiendo de la edad del paciente, la zona geográfica en la que se encuentra el paciente, la localización de las lesiones y la intensidad del dolor experimentado, hay que descartar otras afecciones, como las úlceras fagedénicas tropicales, las úlceras crónicas de las piernas debidas a insuficiencia arterial o venosa (a menudo en personas de edad avanzada), las úlceras diabéticas, la leishmaniasis cutánea, el pian ulcerativo extenso y las úlceras por Haemophilus ducreyi.1

Las lesiones nodulares iniciales se confunden occasionalmente con forúnculos, lipomas, gangliones, tuberculosis ganglionar, nódulos de oncocercosis u otras infecciones subcutáneas, como las infecciones fúngicas.

En Australia, las lesiones papulares pueden confundirse inicialmente con picaduras de insectos.

La celulitis puede parecerse al edema causado por la infección por M. ulcerans, pero en el caso de la celulitis las lesiones son dolorosas y el paciente presenta fiebre y mal estado general.

La infección por VIH no es un factor de riesgo, pero en los países coendémicos su presencia complica la conducta clínica.2 La debilidad del sistema inmunitario hace que la progresión clínica de la úlcera de Buruli sea más agresiva y que por lo tanto el tratamiento tenga peores resultados.

Debido a los viajes internacionales, pueden aparecer casos en zonas no endémicas. Por consiguiente, es importante que los profesionales sanitarios conozcan la úlcera de Buruli y sus presentaciones clínicas.

De laboratorio

Hay cuatro métodos de laboratorio para confirmar la úlcera de Buruli: reacción en cadena de la polimerasa (RCP) para detectar la secuencia IS2404, microscopía directa, histopatología y cultivo. El método más habitual es la RCP.3

Una red OMS formada por 17 laboratorios de 14 países endémicos y no endémicos presta apoyo a los programas de control nacionales para confirmar los casos.

Tratamiento

El tratamiento consiste en una combinación de antibióticos y tratamientos complementarios (véase "Minimización de la morbilidad y prevención de discapacidades/rehabilitación"). Hay orientaciones terapéuticas para los profesionales sanitarios en la publicación de la OMS titulada Tratamiento de la enfermedad por Mycobacterium ulcerans (úlcera de Buruli).

Antibióticos

Se utilizan diferentes combinaciones de antibióticos durante ocho semanas para tratar la úlcera de Buruli con independencia de la fase de la enfermedad. En función del perfil del paciente, se puede utilizar una de las siguientes combinaciones:

  • una combinación de rifampicina (10 mg/kg una vez al día) y estreptomicina (15 mg/kg una vez al día); o bien
  • una combinación de rifampicina (10 mg/kg una vez al día) y claritromicina (7,5 mg/kg dos veces al día); se ha utilizado utilizada aunque su eficacia no se ha demostrado mediante ensayos aleatorios.

Dado que la estreptomicina está contraindicada en el embarazo, la combinación de rifampicina y claritromicina se considera también la alternativa más segura para ese grupo de pacientes; o una combinación de rifampicina (10 mg/kg una vez al día) y moxifloxacina (400 mg una vez al día), utilizada también aunque su eficacia no se ha demostrado mediante ensayos aleatorios.

Gestión de la morbilidad, prevención de la discapacidad y rehabilitación

Las intervenciones como el tratamiento de las heridas y la cirugía (sobre todo desbridamiento e injertos cutáneos) se utilizan para acelerar la curación de las heridas, lo cual contribuye a la prevención de la discapacidad y su rehabilitación.

Es importante fortalecer el sistema de salud de las zonas infectadas para garantizar el acceso a una asistencia de calidad.

Prevención

Al desconocerse el modo de transmisión de la úlcera de Buruli, no se pueden tomar medidas preventivas.

Control

El objetivo del control de la úlcera de Buruli consiste en minimizar el sufrimiento, las discapacidades y la carga socioeconómica. La detección precoz y el tratamiento antibiótico constituyen la piedra angular de la estrategia para el control de la úlcera de Buruli.

Prioridades de investigación

Hay dos actividades de investigación en curso para mejorar el tratamiento de la enfermedad.

1. Desarrollo de tratamientos antibióticos orales

En 2013 se inició en Benin y Ghana un ensayo clínico aleatorizado coordinado por la OMS con el objetivo de desarrollar un tratamiento oral para la úlcera de Buruli. Se espera que el reclutamiento de pacientes se haya completado a finales de 2016, con un año de seguimiento hasta finales de 2017.

2. Validación de la cromatografía en capa fina con fluorescencia como prueba en el lugar de atención

Los resultados preliminares del análisis inicial de muestras de pacientes utilizando esta técnica para detectar la micolactona han revelado un gran potencial como prueba diagnóstica rápida en centros sanitarios de nivel distrital. Con el apoyo de la Fundación para la Obtención de Medios de Diagnóstico Innovadores (FIND) de Ginebra (Suiza) y la Universidad de Harvard, este año se iniciará en Benin, Ghana y la República Democrática del Congo una evaluación de esta técnica sobre el terreno.

Respuesta mundial de la OMS

La OMS proporciona orientación técnica, elabora políticas y coordina las actividades de control e investigación. La OMS convoca periódicamente a los principales agentes de la lucha contra la úlcera de Buruli y ofrece así una oportunidad para intercambiar información, coordinar los esfuerzos de control e investigación y realizar un seguimiento de los progresos.

Además, esos esfuerzos contribuyeron a dar más notoriedad a la úlcera de Buruli y movilizar recursos para combatirla. Con el liderazgo de la OMS y el apoyo de organizaciones no gubernamentales, instituciones de investigación y gobiernos de los países afectados, se han logrado progresos continuos y extraordinarios.


Bibliografía

1Mitjà, O et al. Haemophilus ducreyi as a cause of skin ulcers in children from a yaws-endemic area of Papua New Guinea. Lancet Global Health: 2014; Vol 2, Issue 4: e235 - e241.

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