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Resistencia a los antimicrobianos

Nota descriptiva Nº194
Abril de 2015


Datos y cifras

  • La resistencia a los antimicrobianos compromete la prevención y el tratamiento eficaces de un número cada vez mayor de infecciones causadas por bacterias, parásitos, virus y hongos.
  • Constituye una amenaza creciente para la salud pública mundial que requiere la adopción de medidas por parte de todos los sectores gubernamentales y de la sociedad en general.
  • Afecta a todas partes del mundo, y los nuevos mecanismos de resistencia se extienden a escala internacional.
  • En 2012, la OMS anunció que se estaba registrando un aumento gradual de la resistencia a los medicamentos contra el VIH, aunque sin alcanzar niveles críticos. Desde entonces, varias fuentes han informado de nuevos aumentos de la resistencia a medicamentos de primera elección, y es posible que en un futuro próximo sea necesario emplear medicamentos más caros.
  • En 2013 hubo 480.000 casos de tuberculosis multirresistente registrados en el mundo. La tuberculosis ultrarresistente se ha detectado en 100 países. La tuberculosis multirresistente requiere tratamientos que son mucho más largos y menos eficaces que los de la tuberculosis no resistente.
  • En algunas zonas de la subregión del Gran Mekong se han detectado resistencias al tratamiento combinado basado en la artemisinina (TCA), la mejor terapia disponible para el paludismo causado por P. falciparum. La aparición y la propagación en otras regiones de la resistencia a varios fármacos, incluido el TCA, podría revertir los importantes logros alcanzados hasta la fecha en la lucha contra la enfermedad.
  • En todas las regiones del mundo, una elevada proporción de bacterias responsables de infecciones frecuentes son capaces de resistir la acción de los antibióticos (por ejemplo, muchas bacterias que causan infecciones de las vías urinarias, neumonías e infecciones sanguíneas). Un alto porcentaje de las infecciones nosocomiales es causado por bacterias muy resistentes como Staphylococcus aureus resistente a la meticilina (SARM) o bacterias gramnegativas multirresistentes.
  • Se ha comprobado en 10 países que las cefalosporinas de tercera generación, último recurso para el tratamiento de la gonorrea, pueden ser ineficaces a causa de las resistencias bacterianas. Puesto que no se están desarrollando vacunas o nuevos fármacos, es posible que en poco tiempo no podamos tratar esta infección.
  • En general, los pacientes que contraen infecciones causadas por bacterias farmacorresistentes tienen peor pronóstico y un mayor riesgo mortal que los individuos infectados con bacterias de la misma especie que no presenten esas resistencias, y necesitan también más recursos médicos.

¿Qué es la resistencia a los antimicrobianos?

La resistencia a los antimicrobianos es la resistencia de un microorganismo a un medicamento antimicrobiano al que originalmente era vulnerable.

Los organismos resistentes (bacterias, hongos, virus y algunos parásitos) pueden resistir ataques de medicamentos antimicrobianos tales como antibióticos, fungicidas, antivirales y antipalúdicos, de tal forma que los tratamientos convencionales se vuelven ineficaces y las infecciones persisten, lo que incrementa el riesgo de propagación.

La aparición de cepas resistentes es un fenómeno natural que ocurre cuando los microorganismos se reproducen de forma errónea o se intercambian características de resistencia, pero la utilización y el uso indebido de antimicrobianos también acelera su aparición. Las prácticas inapropiadas de control de las infecciones, las malas condiciones sanitarias y la manipulación inadecuada de alimentos propician la propagación de las resistencias.

¿Cuál es la diferencia entre la resistencia a los antibióticos y a los antimicrobianos?

Por ‘resistencia a los antibióticos’ se entiende específicamente la resistencia a los antibióticos que desarrollan las bacterias comunes causantes de infecciones. El término ‘resistencia a los antimicrobianos’ es más amplio y comprende la resistencia a los fármacos utilizados para tratar infecciones causadas por otros microorganismos, como parásitos (por ejemplo,el que causa el paludismo), virus (por ejemplo, el VIH) y hongos (por ejemplo, la cándida).

¿Por qué es motivo de preocupación mundial?

En todo el mundo aparecen y se propagan nuevos mecanismos de resistencia que desafían nuestra capacidad para tratar las enfermedades infecciosas habituales causando muertes y discapacidades cuando, hasta hace poco, podían tratarse para permitir que las personas afectas siguieran su vida con normalidad. Si no disponemos de antiinfecciosos eficaces, muchos tratamientos médicos de referencia estarán condenados al fracaso o acarrearán riesgos muy importantes.

La resistencia a los antimicrobianos mata

Con frecuencia, las infecciones causadas por microorganismos resistentes no responden al tratamiento ordinario, lo que da lugar a una enfermedad prolongada y a mayor riesgo de defunción.

Por ejemplo, la tasa de mortalidad de pacientes con infecciones graves tratados en hospitales duplica, aproximadamente, la tasa de pacientes con infecciones provocadas por bacterias no resistentes. Asimismo, se calcula que la mortalidad de los individuos infectados por SARM, otra bacteria que causa infecciones graves tanto en los hospitales como en el ámbito extrahospitalario, es un 64% más elevada que en los pacientes infectados por Staphylococcus aureus no resistente.

La resistencia a los antimicrobianos dificulta el control de las enfermedades infecciosas

La resistencia a los antimicrobianos reduce la eficacia del tratamiento, por lo que los pacientes permanecen infectados por un período más largo, y esto incrementa el riesgo de propagación de microorganismos resistentes a otras personas. Por ejemplo, la aparición en la subregión del Gran Mekong de cepas de Plasmodium falciparum resistentes a múltiples fármacos, incluida la artemisina, es un problema urgente de salud pública que compromete la lucha contra el paludismo en el mundo.

En cuanto a la tuberculosis multirresistente, a pesar de ser un problema creciente continúa habiendo muchos casos que no se notifican, lo cual tiene amplias repercusiones en la lucha contra la enfermedad.

La resistencia a los antimicrobianos incrementa los costos de atención sanitaria

Cuando las infecciones se vuelven resistentes a los medicamentos de primera línea es preciso utilizar terapias más costosas. La mayor duración de la enfermedad y su tratamiento, frecuentemente en hospitales, eleva los costos de atención sanitaria y la carga económica para las familias y las sociedades.

La resistencia a los antimicrobianos amenaza los avances de la sociedad en materia de atención sanitaria

La resistencia a los antimicrobianos supone un riesgo para los logros de la medicina moderna. Sin antimicrobianos eficaces para tratar y prevenir infecciones, se pondrían en peligro los éxitos de intervenciones tales como los trasplantes de órganos, la quimioterapia contra el cáncer y las operaciones de cirugía mayor.

Datos sobre la resistencia

Bacterias

En el informe de la OMS correspondiente a 2014 sobre la vigilancia mundial de la resistencia a los antimicrobianos se puso de manifiesto que, en el caso de los antibióticos, esta cuestión ha dejado de ser una posible preocupación futura para convertirse en un problema real que afecta al ámbito extrahospitalario y a hospitales de todo el mundo y complica en gran medida nuestra capacidad para tratar infecciones comunes. Sin una acción urgente y coordinada, el mundo se dirige hacia una era postantibióticos en la que infecciones corrientes y lesiones menores que hemos tratado satisfactoriamente durante décadas pueden volver a resultar mortales

  • En varios países se han dado casos de ineficacia del tratamiento de la gonorrea con cefalosporinas de tercera generación, la clase de antibióticos utilizados como último recurso contra esta infección. Por otro lado, las infecciones gonocócicas resistentes al tratamiento han dado lugar a un aumento de la morbilidad y de complicaciones como infertilidad, desenlaces adversos del embarazo y ceguera del recién nacido, y podrían revertir los progresos logrados en la lucha contra esta infección de transmisión sexual.
  • Asimismo, han proliferado considerablemente las bacterias resistentes a las fluoroquinolonas, unos de los antibacterianos más utilizados para el tratamiento oral de infecciones de las vías urinarias causadas por E. coli.
  • También está muy extendida la resistencia a los fármacos de primera elección para el tratamiento de infecciones de gravedad causadas por Staphlylococcus aureus, tanto en centros de salud como en la población general.
  • La resistencia a los carbapenémicos, los antibióticos utilizados como último recurso para tratar infecciones potencialmente mortales causadas por bacterias intestinales habituales, se ha generalizado a todas las regiones del mundo. Hay recursos esenciales para hacer frente a la resistencia a los antibióticos, como los sistemas básicos para hacer un seguimiento y controlar el problema, que tienen carencias considerables; en muchos países, ni siquiera existen.

Tuberculosis

Según estimaciones, en 2013 hubo 480.000 nuevos casos de tuberculosis multirresistente registrados en el mundo. Se estima que en todo el mundo, un 3,5% de los nuevos casos y un 20,5% de los casos tratados previamente eran de tuberculosis multirresistente, con diferencias sustanciales entre los países en lo que respecta a las tasas de prevalencia. La tuberculosis ultrarresistente (tuberculosis multirresistente a la que se suma la resistencia a cualquier fluoroquinolona y a cualquiera de los medicamentos antituberculosos inyectables de segunda línea) se ha detectado en 100 países.

Porcentaje de nuevos casos de tuberculosis multirresistente


Porcentaje de casos de tuberculosis previamente tratados con tuberculosis multirresistente


Paludismo

La aparición en la subregión del Gran Mekong de P. falciparum resistente a múltiples fármacos, incluida la artemisina, es un problema urgente de salud pública que compromete la lucha contra el paludismo en el mundo. El seguimiento sistemático de la eficacia terapéutica es fundamental para establecer y adaptar las normas de tratamiento, así como para ayudar a detectar rápidamente cambios en la sensibilidad a los antipalúdicos de P. falciparum.

VIH

La resistencia a los medicamentos utilizados para tratar la infección por el VIH surge cuando el virus se replica en el organismo de personas infectadas que toman antirretrovíricos. Incluso cuando los programas de tratamiento antirretrovírico están muy bien gestionados, cabe suponer que aparecerá algún grado de resistencia al tratamiento.

De acuerdo con los datos disponibles, la continua ampliación del acceso a los antirretrovíricos se asocia con un aumento de la resistencia a los fármacos contra el VIH. En 2013, de los 12,9 millones de personas infectadas por el VIH que tomaban antirretrovíricos, 11,7 millones vivían en países de ingresos bajos y medios.

La resistencia a los medicamentos contra el VIH puede aumentar hasta tal grado que las pautas de TAR de primera y segunda elección prescritas actualmente para tratar el VIH pueden revelarse ineficaces, lo cual comprometería la vida de las personas y haría peligrar las inversiones nacionales y mundiales en los programas de antirretrovíricos.

En 2010, alrededor del 5% de los adultos no tratados de los países que estaban ampliando la cobertura del tratamiento con antirretrovíricos presentaban resistencia a estos fármacos. Sin embargo, desde ese año se han publicado informes que indican que la resistencia en individuos no tratados es cada vez mayor y alcanza el 22% en algunas zonas.

El seguimiento continuo de la resistencia a los medicamentos contra el VIH proporciona información de importancia capital para determinar los tratamientos antirretrovíricos de primera y segunda elección, tanto a nivel nacional como a escala mundial, así como para maximizar su eficacia en el conjunto de la población.

Gripe

En el transcurso de los últimos 10 años, la utilidad de los antivíricos como tratamiento de la gripe epidémica y pandémica ha sido cada vez más importante. Varios países han elaborado directrices nacionales sobre su uso y han almacenado reservas de medicamentos para prepararse ante una posible pandemia. Debido al carácter constantemente evolutivo de la gripe, la resistencia a los fármacos antivíricos aumenta sin cesar.

Para 2012, prácticamente todos los virus A circulantes en las personas eran resistentes a la amantadina y rimantadina, mientras que la frecuencia de la resistencia al oseltamivir, fármaco inhibidor de la neuraminidasa, se mantiene baja (1-2%) y no se ha detectado resistencia al zanamivir. La sensibilidad a los antivíricos se vigila por medio del Sistema Mundial de Vigilancia y Respuesta de la OMS.

¿Qué elementos aceleran la aparición y propagación de la resistencia a los antimicrobianos?

El desarrollo de la resistencia a los antimicrobianos es un fenómeno natural. No obstante, algunas actividades humanas ciertamente aceleran su aparición y propagación. El uso inapropiado de antimicrobianos, incluso en la cría de animales, favorece la aparición y la preponderancia de cepas resistentes, y las prácticas ineficientes para la prevención y el control de las infecciones contribuyen a que aparezcan y se transmitan nuevas resistencias.

La necesidad de coordinar medidas

La resistencia a los antimicrobianos es un problema complejo propiciado por muchos factores interrelacionados; por ello, las intervenciones separadas y aisladas tienen escaso efecto. Es preciso actuar de forma coordinada para reducir en lo posible la aparición y propagación de resistencias a los antimicrobianos.

Medidas que puede adoptar la población en general para luchar contra las resistencias:

  • lavarse las manos y evitar el contacto directo con enfermos para impedir el contagio de infecciones bacterianas y víricas como la gripe y el rotavirus, y utilizar preservativos para evitar el contagio de infecciones de transmisión sexual;
  • vacunarse y tener al día la cartilla de vacunación;
  • utilizar antibióticos solo cuando los prescriba un profesional sanitario autorizado;
  • tomar las tandas de tratamiento completas incluso cuando mejore el estado de salud, teniendo en cuenta que, en el caso de los antivíricos, el tratamiento puede ser de por vida;
  • no dar antimicrobianos a otras personas ni utilizar recetas sobrantes de tratamientos anteriores.

Medidas que pueden adoptar los farmacéuticos y el personal sanitario para luchar contra las resistencias:

  • mejorar la prevención y el control de las infecciones en hospitales y clínicas;
  • prescribir y dispensar antibióticos solo cuando son realmente necesarios;
  • prescribir y dispensar los antimicrobianos adecuados para el tratamiento de cada enfermedad.

Recomendaciones para que las instancias normativas contribuyan a evitar la resistencia:

  • mejorar el seguimiento de la magnitud y las causas de las resistencias;
  • reforzar las medidas de prevención y control de la infección;
  • reglamentar y promover el uso adecuado de los medicamentos;
  • difundir ampliamente la información disponible sobre las consecuencias de la resistencia a los antimicrobianos y sobre el modo en que los profesionales de la salud y la población en general pueden contribuir a evitarla;
  • premiar la innovación y el desarrollo de nuevas opciones terapéuticas y otros instrumentos.

Medidas que pueden adoptar las instancias normativas, los científicos y la industria farmacéutica para luchar contra las resistencias:

  • fomentar la innovación y la investigación y desarrollo de nuevas vacunas, pruebas diagnósticas, opciones terapéuticas para las infecciones y otros instrumentos.

Respuesta de la OMS

Para orientar la respuesta a la resistencia a los antimicrobianos, la OMS:

  • congrega a todas las partes interesadas con el fin de acordar una respuesta coordinada y trabajar en su aplicación;
  • fortalece la gestión y los planes nacionales para luchar contra la resistencia a los antimicrobianos;
  • elabora instrumentos de orientación normativa y presta asistencia técnica a los Estados Miembros;
  • promueve activamente las actividades de innovación y de investigación y desarrollo.

La OMS está trabajando estrechamente con la Organización Mundial de Sanidad Animal (OIE) y la Organización para la Agricultura y la Alimentación (FAO) de las Naciones Unidas para promover prácticas correctas que permitan evitar la aparición y propagación de resistencias a los antibacterianos, entre otras la prescripción óptima de a antibióticos a animales y seres humanos.

La OMS ha elaborado un proyecto de plan de acción mundial para combatir la resistencia a los antimicrobianos, que fue presentado en su 68.ª Asamblea Mundial de la Salud celebrada en mayo de 2015.

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Para más información puede ponerse en contacto con:

WHO Media centre
Teléfono: +41 22 791 2222
e-mail: mediainquiries@who.int