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Los medicamentos están perdiendo su eficacia

Puntos claves:

TuberculosisPaludismoNeumonía y meningitisDisenteríaFiebre tifoideaBlenorragiaInfecciones hospitalariasLeishmaniasis

Indice de gráficos:

Iniciativa: Detección y contención de la resistencia


El teatral aumento de la difusión de microbios farmacorresistentes en el pasado decenio está socavando los esfuerzos actuales para luchar contra las enfermedades infecciosas. Al ser cada vez más resistentes frente al arsenal de los medicamentos disponibles enfermedades que se consideraban controladas, resulta cada vez más amenazante el espectro de enfermedades infecciosas incurables. Está gravemente afectada la lucha contra cinco de seis enfermedades mortales: TB, paludismo, neumonía, cólera y VIH.

Aunque la resistencia antimicrobiana afecta a los países tanto industrializados como en desarrollo, su efecto es mucho peor en los países en desarrollo. El problema es que el paso de medicamentos de primera línea normalmente poco costosos a medicamentos de segunda o tercera línea implica un enorme aumento del precio del tratamiento. En algunos de los países más pobres, el costo prohibitivo de tratamientos prolongados y medicamentos de sustitución significa que el tratamiento de algunas enfermedades es demasiado caro.

En los países de bajos ingresos, que puedan gastar menos de $ 7 por habitante en salud, está fuera de su alcance el costo de tratamiento de un caso de TB multifarmacorresistente, que probablemente llegue a ser de $ 1500-$ 4000 por paciente. En algunos países asiáticos, el tratamiento de la meningitis bacteriana de un niño aumenta de $ 20 a $ 110 cuando se necesitan medicamentos de segunda línea. El costo de tratamiento de las infecciones respiratorias agudas, la causa más frecuente de mortalidad infantil, aumenta de $ 5 a $ 40 en un ciclo de antibióticos.

Además, las formas multifarmacorresistentes de las enfermedades pueden resultar intratables en cualquier país, y a cualquier precio, una vez agotadas las opciones existentes. Las empresas farmacéuticas tropiezan con dificultades para desarrollar nuevos antibióticos y otros medicamentos con suficiente rapidez para sustituir a los que han dejado de ser eficaces.

Tuberculosis: Un informe de 1997 sobre la resistencia de la tuberculosis a los medicamentos señaló «zonas calientes» en todo el mundo, en donde un porcentaje importante de casos son resistentes a los medicamentos prescritos más corrientemente. Si no se controla, este problema puede conducir a una ola de tuberculosis que sea difícil, e incluso imposible, de curar utilizando medicamentos. En algunos países de Europa oriental, más de uno de cada cinco tuberculosos presentan una múltiple farmacorresistencia.

Paludismo: La cloroquina, que fue el tratamiento de primera línea, ya no es eficaz en más de 80 de los 92 países en donde el paludismo es un destacado problema de salud pública. En algunos lugares de África, la gente utiliza cloroquina con más frecuencia que la aspirina, tomándola ordinariamente para fiebres ligeras, molestias y dolores. Esto aumenta la tasa de resistencia. Para empeorar la situación, los mosquitos son ahora resistentes a los tres insecticidas utilizados más corrientemente.

Neumonía y meningitis: En algunos países, hasta la mitad de todos los casos de las formas más corrientes de meningitis y neumonía son ahora resistentes a la meningitis y la neumonía. Incluso con un tratamiento óptimo, el 10-30% de los pacientes de meningitis sufren lesiones cerebrales permanentes, dependientes de la edad, el tratamiento y el agente infeccioso.

Disentería: En algunos países, hasta el 90% de todos los casos son resistentes a los dos medicamentos de primera línea. En el África central y meridional, las epidemias de disentería registradas en el pasado decenio, incluidas las de campamentos de refugiados, han incluido formas farmacorresistentes de la enfermedad. Fallecieron hasta el 15% de las personas infectadas.

Fiebre tifoidea: Desde 1989, 11 países han sufrido epidemias de fiebre tifoidea multifarmacorresistente. Sin un tratamiento eficaz, la fiebre tifoidea produce la muerte de casi el 10% de los enfermos.

Blenorragia: En algunos países, el 98% de los casos de blenorragia son resistentes a la penicilina. Si se deja sin tratar, la blenorragia aumenta el riesgo de infección por VIH y puede provocar infecundidad, abortos, mortinatos y ceguera.

Infecciones hospitalarias: Las infecciones hospitalarias, adquiridas por los pacientes después del ingreso en el hospital, son ahora una destacada causa de muerte en algunos países y hasta el 60% de esas infecciones son producidas por microbios farmacorresistentes. En los Estados Unidos, 14 000 pacientes mueren cada año por la acción de bacterias farmacorresistentes que les infectaron en el hospital.

Leishmaniasis: En ciertas partes de la India, más del 60% de los casos de leishmaniasis visceral no responden ya a los medicamentos de primera línea.

El mal uso extendido de los medicamentos antimicrobianos forma parte de la raíz de esa crisis. Se produce en los países tanto industrializados como en desarrollo. Cunde la sobreprescripción. Los antibióticos son prescritos a menudo para el tipo de infección al que no corresponden. En algunos casos, la posología es errónea y también lo es la duración del tratamiento.

Estudios efectuados en el Canadá y los Estados Unidos de América muestran que la mitad aproximadamente de todas las prescripciones de antibióticos a enfermos ambulatorios son innecesarias. En un estudio realizado en Viet Nam, más del 70% de los pacientes recibían posologías inapropiadas.

Incluso cuando es correcto el tratamiento prescrito, tal vez no se aplique. Una vez desaparecidos los síntomas, los pacientes dejan a menudo de tomar los antibióticos, aumentando el riesgo de aparición de formas farmacorresistentes de la enfermedad. En los países en desarrollo, los antibióticos pueden adquirirse sin receta y la automedicación es corriente.

Para empeorar la situación, algunos de los medicamentos actualmente en venta están falsificados. Los medicamentos para las enfermedades infecciosas figuran entre los de falsificación más probable. Se creen que están implicadas sumas de miles de millones de dólares. Además de causar muertes, los medicamentos antimicrobianos falsificados, que reducen deliberadamente las cantidades de ingredientes activos, contribuyen a la aparición del problema de la farmacorresistencia por el fallo del tratamiento.

Mientras tanto, el uso de agentes antimicrobianos fuera de la medicina humana intensifica el problema. El 50% aproximadamente de los agentes antimicrobianos se utilizan actualmente en la ganadería, la agricultura y la horticultura. Aunque su efecto en la salud humana no se conoce todavía plenamente, los expertos de la OMS han recomendado que los antimicrobianos utilizados en personas no deben emplearse para promover el crecimiento de animales.

El efecto de la resistencia antimicrobiana puede reducirse sobremanera mediante la aplicación de la Lucha integrada contra las enfermedades de la infancia, la mejora de las prácticas de prescripción, la formación del personal sanitario, la educación pública, el envasado de los medicamentos fácil de utilizar para fomentar la observancia del tratamiento y la elaboración de pruebas sencillas que permitan el diagnóstico preciso. También es decisivo establecer sistemas nacionales de vigilancia que puedan detectar la resistencia antimicrobiana en una fase precoz y responder a la misma.

© OMS
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