Filipinas: Jaime Silva

Jaime Silva explica que la discapacidad no tiene por qué ser un obstáculo para alcanzar nuestros sueños.

Desde niño he querido diseñar casas para urbanizaciones exclusivas. Mis dos pasiones son el dibujo y las matemáticas, y la arquitectura me permitía combinarlas. Cuando mi hermano gemelo, Tomas, y yo éramos pequeños, nos diagnosticaron un glaucoma congénito que se agravó al llegar a la edad adulta. Mi hermano puede caminar con ayuda de un bastón y alcanza a ver sombras, pero yo quedé ciego a los 28 años de edad.

Dejé de trabajar inmediatamente y volé a los Estados Unidos para someterme a una serie de operaciones. Después de cada cirugía el mundo se volvía más brillante y claro por algún tiempo, pero pronto, la visión borrosa y la oscuridad volvían una y otra vez. Comencé a perder la esperanza en el futuro y, finalmente, mi esposa y yo regresamos a casa, después de 18 intervenciones quirúrgicas tras las cuales abandoné mi sueño de ser arquitecto.

Mi vida cambió cuando visité una escuela de informática para ciegos, en Pasay City. Después de tres meses de formación, ayudé a mi cuñado a construir una casa. Entonces me di cuenta de que podría retomar mi sueño de trabajar en el campo de la arquitectura, no como diseñador, pero sí como «gestor de construcción».

Después de eso, gestioné la construcción de casas individuales y edificios comerciales de poca altura, hasta que intervine en la construcción del edificio de DPC (Directories Philippines Corporation) en la Chino Roces Avenue.

Los propietarios del edificio me preguntaron si deseaba gestionar ese edificio, e inmediatamente los respondí que sí. Con miras a prepararme para ese trabajo, tomé cursos sobre gestión de inmuebles en la Ateneo de Manila University. También me pidieron que asistiera a reuniones del Consejo Nacional para el Bienestar de las Personas Discapacitadas.

En 2000 me ofrecieron la dirección del comité sobre accesibilidad de United Architects de Filipinas, cargo que me llevó a dar charlas sobre accesibilidad ante miembros de esa organización en todo el país. Hablé sobre la importancia de que las personas discapacitadas pudieran acceder a todos los edificios. Mis empeños obtuvieron el reconocimiento del Organismo Japonés de Cooperación Internacional.

Señalé que entre un 80% y un 90% de las personas discapacitadas viven en las provincias, y que solo las buenas condiciones de accesibilidad pueden poner en un plano de igualdad a las personas discapacitadas. Mediante el mejoramiento de la accesibilidad, el número de personas discapacitadas rehabilitadas podría aumentar del 2% al 3%.

Sólo deseo tener un papel activo en lo que hago, tanto en mis actividades profesionales como en las de apoyo a quienes me rodean.

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