Datos y cifras
- La violencia contra la mujer, en particular la violencia de pareja y la violencia sexual, constituye un grave problema de salud pública y de igualdad de género, además de una vulneración de los derechos humanos de las mujeres.
- Según unas estimaciones publicadas por la OMS en 2023, 840 millones de mujeres y niñas (el 31,6 % del total, es decir, casi una de cada tres) han sufrido a lo largo de su vida violencia física o sexual de pareja, o violencia sexual por parte de una persona distinta de su pareja.
- El 25,8 % de las mujeres de 15 a 49 años que han tenido pareja, es decir, una cuarta parte de ellas, y el 24,7 % de las mujeres de 15 años o más que han tenido pareja han sufrido, al menos una vez en la vida, violencia física o sexual por parte de su esposo o de una pareja masculina, actual o anterior.
- Las adolescentes corren un riesgo especialmente elevado: más de una de cada cinco adolescentes de 15 a 19 años que han estado casadas o han tenido pareja ya han sufrido violencia física o sexual por parte de una pareja.
Panorama general
Las Naciones Unidas definen la violencia contra la mujer como todo acto de violencia por razón de género que cause o pueda causar daño o sufrimiento físico, sexual o psicológico a la mujer, incluidas las amenazas de tales actos, la coacción y la privación arbitraria de la libertad, tanto en la vida pública como en la privada (1).
Por violencia de pareja se entienden los comportamientos de la pareja o expareja que causan daño físico, sexual o psicológico, entre ellos la agresión física, la coacción sexual, el maltrato psicológico y las conductas de control (2).
En cuanto a la violencia sexual, comprende cualquier acto sexual, tentativa de acto sexual u otro acto dirigido contra la sexualidad de una persona mediante coacción ejercida por otra persona, con independencia de su relación con la víctima y del ámbito en que se produzca. Incluye la violación, definida como la penetración de la vagina o el ano con el pene, otra parte del cuerpo o un objeto mediante coerción física o de otra índole, así como el intento de violación, el contacto sexual no deseado y otras formas de violencia sexual sin contacto (2).
Magnitud del problema
Según las estimaciones sobre la violencia contra la mujer de 2023, elaboradas por la OMS en nombre del Grupo de Trabajo Interinstitucional de las Naciones Unidas sobre la violencia contra la mujer, casi una de cada tres mujeres (el 32 %) ha sufrido violencia física o sexual perpetrada por su pareja, violencia sexual por parte de una persona distinta de la pareja, o ambas (3). Los cálculos indican que el 8 % de las mujeres de 15 años o más, es decir, 263 millones, han sufrido violencia sexual por parte de una persona distinta de su pareja al menos una vez desde los 15 años (3).
No obstante, es probable que la prevalencia real sea muy superior a la notificada, debido a la estigmatización que rodea este problema y a las carencias y obstáculos que impiden realizar mediciones precisas.
En los últimos 20 años, esta forma de violencia ha disminuido a un ritmo medio anual de solo el 0,2 %, y la proporción de una de cada tres mujeres apenas ha variado. Ello pone de manifiesto los escasos avances realizados a escala mundial y hace muy improbable que de aquí a 2030 se alcance la meta 5.2 de los Objetivos de Desarrollo Sostenible, relativa a la eliminación de la violencia que sufren mujeres y niñas.
Existen grandes diferencias entre regiones y países. Las cifras más altas de prevalencia se registran entre las mujeres de Oceanía, con un 37 %; África subsahariana, con un 32 %; y Asia Meridional, con un 31 % (3).
La confluencia de distintas formas de discriminación y desigualdad hace que algunas mujeres y niñas estén más expuestas que otras a sufrir violencia, entre ellas las adolescentes, las mujeres mayores, las mujeres con discapacidad, las mujeres transgénero y las trabajadoras sexuales. Por ejemplo, la violencia comienza a edades tempranas en la adolescencia: más de una de cada cinco adolescentes de 15 a 19 años que han tenido pareja alguna vez ya han sufrido violencia física o sexual por parte de una pareja.
Las mujeres con discapacidad corren un riesgo mayor debido a la discriminación que sufren y a su dependencia de las personas que las cuidan. Además, tienen más probabilidades de sufrir varias formas de violencia, algunas de ellas específicas, como el maltrato por parte de sus parejas y de las personas responsables de su cuidado (4).
En una revisión sistemática se constató que, entre las mujeres transgénero, la prevalencia de la violencia física a lo largo de la vida es del 41 %, y la de la violencia sexual, del 30 % (5). Entre las personas que ejercen el trabajo sexual, en su mayoría mujeres, la proporción que ha sufrido algún tipo de violencia a lo largo de la vida oscila entre el 41 % y el 65 % (6).
Las crisis humanitarias, incluidos los conflictos armados, también aumentan el riesgo de que mujeres y niñas sean víctimas de actos violentos. Según una estimación, el 20 % de las refugiadas sufren actos de violencia sexual, y en varias zonas de conflicto se ataca deliberadamente a mujeres y niñas para violarlas (7).
Factores que subyacen a la violencia contra la mujer
Una causa estructural de la violencia que sufren mujeres y niñas es la desigualdad de género. Con todo, es importante señalar que la violencia sexual y de pareja se deben a diversos factores que interactúan en los planos individual, familiar, comunitario y social y que pueden aumentar o reducir la probabilidad tanto de ejercer violencia como de sufrirla.
Los factores de riesgo comunes a la violencia de pareja y la violencia sexual en los planos individual y relacional pueden ser (8):
- niveles de instrucción más bajos;
- maltrato durante la infancia;
- haber presenciado escenas de violencia familiar;
- afecciones de salud mental;
- consumo nocivo de bebidas alcohólicas, tanto en relación con el ejercicio de violencia como con el hecho de sufrirla;
- actitudes que justifican y normalizan la violencia, junto con la idea de tener derecho a ejercerla;
- conductas de control por parte del hombre sobre la pareja en las relaciones íntimas, o una desigualdad de poder muy marcada; y
- la existencia de varias parejas sexuales entre los hombres.
En los planos comunitario y social, los factores vinculados a una alta prevalencia de esta forma de violencia pueden ser (8):
- normas de género nocivas que, además de reforzar los privilegios masculinos y la idea de que los hombres tienen derecho a imponerse, limitan la autonomía de las mujeres y las estigmatizan;
- niveles elevados de pobreza y desempleo;
- alta prevalencia de matrimonios infantiles;
- tasas elevadas de violencia y delincuencia en el entorno social;
- disponibilidad de drogas, alcohol y armas;
- leyes discriminatorias en materia de propiedad de bienes, herencia, matrimonio, divorcio y custodia de los hijos;
- inexistencia de leyes sobre la violencia contra la mujer o falta de aplicación efectiva de las existentes; y
- discriminación de género en las instituciones públicas y privadas, en ámbitos como la salud, la justicia, la religión, las fuerzas del orden y la educación.
Consecuencias para la salud
La violencia de pareja y la violencia sexual provocan graves problemas de salud física, mental, sexual y reproductiva a corto y largo plazo, y también afectan a la salud y el bienestar de los hijos. Según las estimaciones de la carga mundial de morbilidad publicadas en 2025, la violencia de pareja es la cuarta causa principal de pérdida de salud entre las mujeres, medida en años de vida ajustados en función de la discapacidad (9).
Se ha demostrado que la violencia contra la mujer (3):
- puede tener consecuencias mortales, como el homicidio. En 2023, cada día fueron asesinadas en el mundo un promedio de 140 mujeres y niñas a manos de sus parejas u otros familiares;
- provoca lesiones y otros problemas físicos, como dolor de cabeza, cuadros de dolor (de espalda, abdominal o pélvico crónico), trastornos gastrointestinales, limitación de la movilidad y mala salud general;
- puede provocar embarazos no deseados, abortos provocados (que, a menudo, son peligrosos), problemas ginecológicos e infecciones de transmisión sexual, incluida la infección por el VIH;
- aumenta la probabilidad de abortos espontáneos, muertes fetales, partos prematuros y bajo peso al nacer;
- causa depresión, estrés postraumático y otros trastornos de ansiedad, dificultades para dormir, trastornos por consumo de alcohol e intentos de suicidio; y
- puede aumentar el consumo de tabaco y drogas, así como a prácticas sexuales de riesgo.
Repercusión en los niños
Los niños que crecen en familias en las que se cometen actos violentos pueden sufrir diversos trastornos conductuales y emocionales, que a su vez pueden conducir a que cometan o sufran actos de violencia en etapas posteriores de la vida. Además, se ha observado que la violencia de pareja se asocia a tasas más elevadas de morbimortalidad en los lactantes y los niños, por ejemplo por enfermedades diarreicas, malnutrición o una tasas de vacunación más bajas (10).
Costos sociales y económicos
Los costos sociales y económicos de la violencia de pareja y la violencia sexual son enormes y repercuten en toda la sociedad. Las mujeres pueden quedar aisladas y verse incapaces de trabajar, perder ingresos, dejar de participar en actividades cotidianas y tener menos capacidad para cuidar de sí mismas y de sus hijos. Los datos disponibles en algunos países indican que la violencia contra la mujer supone entre el 1 % y el 6 % del PIB, debido a los costos asociados a los servicios policiales, judiciales, de protección social y de salud (11).
La función del sector de la salud
Aunque la prevención de la violencia contra la mujer y la respuesta frente a ella requieren adoptar un enfoque multisectorial, el sector de la salud es fundamental, entre otras cosas, para:
- establecer políticas, protocolos y normas de formación que orienten la respuesta ante la violencia;
- prestar servicios integrales, en particular atención de salud sexual y reproductiva y de salud mental, y ofrecer formación inicial y continua a los trabajadores de la salud para que atiendan a las supervivientes;
- obtener datos probatorios sobre las medidas eficaces mediante estudios de intervención, así como sobre la magnitud del problema mediante encuestas poblacionales y la incorporación de indicadores específicos en los sistemas de vigilancia e información sobre salud;
- apoyar la coordinación y las derivaciones entre los servicios de salud, de justicia, sociales y de protección de la infancia; y
- fomentar el rechazo social de la violencia contra la mujer y promover normas favorables a la igualdad de género.
Respuesta de la OMS
La labor de la OMS en el ámbito de la violencia contra la mujer está dirigida por el Programa Especial PNUD/UNFPA/UNICEF/OMS/Banco Mundial de Investigaciones, Desarrollo y Formación de Investigadores sobre Reproducción Humana. Las iniciativas de la OMS y de este programa para hacer frente a la violencia contra la mujer dan prioridad a la obtención de datos sobre su prevalencia y sus efectos en la salud; la realización de estudios para determinar qué intervenciones del sector de la salud pueden resultar útiles; el establecimiento de normas para el sector de la salud, como directrices sobre esta forma de violencia e instrumentos para aplicarlas; la prestación de apoyo a los ministerios de salud para que ofrezcan servicios de calidad, centrados en las supervivientes, entre ellos servicios de salud sexual y reproductiva y de salud mental; y la ampliación de la base de conocimientos sobre la prevención.
Para lograr cambios duraderos, es importante promulgar y hacer cumplir leyes que promuevan la igualdad de género, formular y aplicar políticas con ese mismo objetivo, destinar recursos a prevenir la violencia que sufren las mujeres y las niñas y a actuar frente a ella, e invertir en organizaciones que defienden los derechos de las mujeres.
Referencias bibliográficas
(1) Naciones Unidas. Declaración sobre la Eliminación de la Violencia contra la Mujer. Nueva York: Naciones Unidas, 1993.
(2) World Health Organization. Global status report on violence prevention 2014. Geneva, 2014.
(3) Violence against women prevalence estimates, 2023: global, regional and national prevalence estimates for intimate partner violence against women and non-partner sexual violence against women. Geneva: World Health Organization; 2025.
(4) García-Cuéllar MM, Pastor-Moreno G, Ruiz-Pérez I, Henares-Montiel J. The prevalence of intimate partner violence against women with disabilities: a systematic review of the literature. Disabil Rehabil. 2023 Jan;45(1):1-8. doi: 10.1080/09638288.2022.2025927. Epub 2022 Jan 17. PMID: 35038281.
(5) McLellan C, Yeh PT, Kennedy CE, et al. Global Burden of Violence Against Transgender and Gender-Diverse Adults: A Systematic Review and Meta-Analysis. JAMA Netw Open. 2026;9(1):e2552953. doi:10.1001/jamanetworkopen.2025.52953.
(6) Deering KN, Amin A, Shoveller J, Nesbitt A, Garcia-Moreno C, Duff P, Argento E, Shannon K. A systematic review of the correlates of violence against sex workers. Am J Public Health. 2014 May;104(5):e42-54. doi: 10.2105/AJPH.2014.301909. Epub 2014 Mar 13. PMID: 24625169; PMCID: PMC3987574.
(7) Klugman, J. (2022). The gender dimensions of forced displacement: a synthesis of new research. Reliefweb. Available at: https://reliefweb.int/report/world/gender-dimensions-forced-displacement-synthesis-new-research.
(8) RESPECT women: preventing violence against women, second edition. Geneva: World Health Organization; 2025. Licence: CC BY-NC-SA 3.0 IGO.
(9) Flor L, Spencer C, Cagney J et al. Disease burden attributable to intimate partner violence against females and sexual violence against children in 204 countries and territories, 1990–2023: a systematic analysis for the Global Burden of Disease Study 2023, The Lancet, 2025; 407, 31-52.
(10) Jewkes R, Machisa M. Maternal intimate partner violence and child health outcomes. The Lancet Global Health, 2024; 12, e1740-e1741.
(11) Measuring the economic costs of violence against women and girls | Commonwealth