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World Health Organization
Organisation mondiale de la Santé

UPDATED: Mon Feb 18 16:59:04 2002

Dr Gro Harlem Brundtland        
Directora General
Organización Mundial de la Salud

Londres
 20 de diciembre de 2001

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Presentación del Informe de la Comisión sobre Macroeconomía y Salud

Departament for International Development

Muchas gracias, Clare.

Hace 15 años presidí la Comisión Mundial sobre el Medio Ambiente y el Desarrollo. El informe de la Comisión, «Nuestro futuro común», abrió nuevos caminos y situó firmemente a las personas en el centro de interés del desarrollo.

Es imposible introducir verdaderos cambios en la sociedad si no se entiende plenamente la dimensión económica de los problemas. Creo firmemente que ésa es la razón de que el medio ambiente, antes tema de interés sólo para ecologistas convencidos y marginales, constituya ahora una cuestión a la que los principales actores de la sociedad dedican una atención genuina.

Las conclusiones de la Comisión Mundial sobre el Medio Ambiente y el Desarrollo lograron cambiar el curso del desarrollo únicamente porque se consiguió hacer llegar esos argumentos a los ministros de finanzas y a los jefes de Estado. Éstos se comprometieron entonces a tener en cuenta las consecuencias que las políticas medioambientales tienen para el desarrollo.

He aplicado esa lección a mi labor en el ámbito de la salud. Cuando asumí el cargo que ahora ocupo en la Organización Mundial de la Salud, varias de las personas a las que más tarde pedí que participasen en la Comisión - en particular el Profesor Jeffrey Sachs - habían comenzado ya a poner en entredicho los antiguos dogmas sobre la salud y el desarrollo.

Durante el decenio de 1980, los economistas veían cada vez más las inversiones en salud como una especie de aditamento que los países en desarrollo no podrían permitirse hasta que hubiesen alcanzado un nivel medio de ingresos. Yo estaba convencida de que no era así: se requería un enfoque de doble vertiente. La buena salud de la población es tanto un requisito previo para el crecimiento como una consecuencia de éste.

El presente informe constituye un punto de inflexión, en la esfera de la salud y en otros aspectos. No se trata simplemente de una nueva petición de recursos para un sector clave. La Comisión defiende la adopción de un enfoque integral y mundial del desarrollo sostenible, con objetivos concretos y plazos específicos.

Las inversiones en salud que se proponen recurren a intervenciones de eficacia comprobada. Son cuantificables en términos de carga de morbilidad y de desempeño de los sistemas de salud. Se hace hincapié, sistemáticamente, en los resultados: el dinero tiene que invertirse donde pueda ser útil.

Los objetivos de la Declaración del Milenio no se podrán lograr sin modificar sustancialmente nuestros modos de colaboración. Será necesario compartir programas y establecer nuevas alianzas y nuevos mecanismos de financiación y de supervisión, como la Alianza Mundial para Vacunas e Inmunización y el recién creado Fondo Mundial de Lucha contra el SIDA, la Tuberculosis y el Paludismo.

Sin embargo, el aspecto decisivo es elevar la salud hasta las más altas instancias políticas. A lo largo de los últimos dos años hemos constatado en todo el mundo un aumento del compromiso político en favor de la salud.

Durante dos años consecutivos, los Jefes de Estado africanos se han comprometido a reducir el paludismo y las infecciones por el VIH en sus países. Los 20 países más afectados por la tuberculosis han acordado unos ambiciosos objetivos para reducir las tasas de infección de esa enfermedad antes de 2005. Este año, los dirigentes del mundo han suscrito una nueva estrategia para hacer frente al VIH/SIDA.

Los países del G8 han respondido comprometiéndose a ampliar sus esfuerzos y su asistencia para lograr los objetivos internacionales relativos al paludismo, la tuberculosis y el VIH/SIDA. Han prestado un vigoroso apoyo al Fondo Mundial. La Unión Europea ha realizado de nuevo un notable esfuerzo, y el Gobierno británico ha demostrado un auténtico espíritu de liderazgo durante los últimos tres o cuatro años. Son signos de cambio muy esperanzadores.

La Organización Mundial de la Salud colaborará con los países en la respuesta que éstos den a los compromisos de sus líderes, adoptando medidas y poniendo en práctica las ideas del informe. En efecto, estoy persuadida de que el informe ejercerá una profunda influencia en nuestro modo de plantearnos el trabajo.

Quiero acabar expresando mi gratitud a todos los miembros de la Comisión por la labor intensa y ejemplar que han realizado durante los últimos dos años. En particular, quiero dar las gracias a Jeff Sachs, que ha hecho un esfuerzo casi sobrehumano, coherente y convincente. En el informe se tiene en cuenta la enorme cantidad de datos proporcionados por los documentos de los grupos de trabajo y la diversidad de opiniones de los miembros de la Comisión. ¡Ha sido un proceso ejemplar y emocionante!

Muchas gracias.

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