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Estimados colegas:
Me complace sobremanera poder conmemorar hoy con
ustedes este Día Mundial del SIDA.
En primer lugar, daré las gracias a Tomris, Winnie y
todos los demás integrantes del departamento VIH/SIDA que han hecho de
este día un acontecimiento tan significativo y positivo aquí en la
OMS.
En la OMS celebramos numerosos días, pero el Día
Mundial del SIDA ocupa un lugar especial en nuestro calendario. Es una
excelente ocasión para concentrar la atención mundial en la epidemia.
Pero también es una oportunidad para reflejar su dura realidad. Me
complace en particular que tengamos aquí con nosotros a representantes
de dos ONG que nos hablarán de la vida en el frente de la lucha contra
la epidemia. El lema del Día Mundial del SIDA de este año es «A mí
me importa… ¿y a ti?» y su tema es el papel de los varones en la
epidemia. Jóvenes o adultos, son protagonistas decisivos en la lucha
para detener la propagación del virus.
El VIH/SIDA, más que muchas otras enfermedades,
afecta profundamente a la vida de las personas. Inspira miedo,
denegación y, cada vez más, acciones extraordinarias. La clave de los
resultados radica en difundir los conocimientos y combatir la
estigmatización y la condena. Los conocimientos de las personas y su
capacidad para protegerse a sí mismas y a otros son decisivos en la
lucha para que la epidemia dé un giro.
El Día Mundial del SIDA también es un momento de
duelo por los 20 millones de personas fallecidas y nos impulsa a
redoblar nuestros esfuerzos encaminados a hacer llegar atención y apoyo
a los 40 millones de personas que viven con el VIH, la mayoría de las
cuales carecen de apoyo o atención que las ayuden a atravesar las
diversas fases difíciles de esta terrible enfermedad.
Una vez más, hemos notificado un aumento del número
de personas que viven con el VIH. En particular, el número de niños
que viven con el VIH es mucho mayor de lo que creíamos. Estas noticias
son muy malas.
Pero también hay buenas noticias. Y la celebración
de este día es ante todo una ocasión para dar amplia difusión a las
buenas noticias. El mundo está ahora listo para invertir el curso de la
epidemia siguiendo el ejemplo de quienes han abierto el camino,
extendiendo las mejores prácticas y haciendo frente sistemáticamente
al SIDA. La lucha será larga, pero podemos ganarla.
La epidemia de VIH/SIDA se ha propagado amplia y
profundamente. Ha llevado tiempo entenderla del todo y tomar conciencia
de sus consecuencias. Ha llevado tiempo desarrollar la unidad de
propósito necesaria para la respuesta. Además, no hemos tenido acceso
a todos los instrumentos necesarios para ello a precios accesibles.
Tampoco teníamos fondos para realizar lo que hace falta.
Creo que en el transcurso del año pasado hemos visto
el comienzo de un verdadero cambio.
Primeros ministros, ministros de finanzas, ministros
de planeamiento y ministros de salud están concentrando la atención en
los devastadores efectos del VIH y del SIDA. La sociedad civil, y en
particular las personas que viven con el VIH, han contribuido
enormemente a enriquecer los conocimientos y al imperativo moral de
actuar. Los tabúes comienzan a perder fuerza. Los gobiernos están
haciendo frente a la epidemia con una nueva apertura. La información
nueva aporta pruebas científicas valederas de los beneficios
resultantes de invertir en la salud de la población pobre, incluso en
los esfuerzos encaminados a detener la propagación de la epidemia de
VIH/SIDA.
Se ha asumido el compromiso político firme y
extendido de actuar. Durante el año transcurrido, los líderes del
mundo han resuelto actuar en sus propios países y en forma conjunta.
Se está comenzando a disponer de medicamentos
baratos contra el SIDA.
Se están diseñando sistemas de servicios de salud
esenciales para las personas que corren el riesgo de contraer el VIH.
Se están estudiando y caracterizando pautas de atención sanitaria para
las personas que corren el riesgo de contraer el VIH en entornos con
escasos recursos. Esto comprende un acceso más amplio a medios de
diagnóstico fiables y sistemas de salud que puedan ofrecer una
atención eficaz. Se están ideando y poniendo a prueba pautas
apropiadas de tratamiento. Se está capacitando al personal sanitario en
materia de gestión de la atención a las personas en situación de
riesgo de infección por el VIH y el SIDA.
Se comienza a disponer de nuevos fondos. Se han
contraído ya compromisos por un valor de 1500 millones de dólares a
favor del Fondo Mundial de Lucha contra el SIDA, la Tuberculosis y el
Paludismo antes de que se haya ultimado su diseño. Confío en que el
Fondo comenzará a funcionar puntualmente, a comienzos del año
próximo. Es un mecanismo innovador, ideado para conseguir una plena
sinergia entre los sectores público y privado y las organizaciones no
gubernamentales. Preveo que el nivel de recursos que circularán por el
Fondo hacia los países afectados aumentará sustancialmente cuando
éste comience a efectuar desembolsos y los resultados sean visibles.
El año próximo puede haber un punto de inflexión
en la lucha contra esta epidemia mundial. Tenemos los medios y la
voluntad política para conseguir resultados. Hemos visto que las
comunidades y los países pueden invertir la tendencia del SIDA. El
desafío radica en que demos una escala mundial a los buenos resultados.
Juntos podemos ganar esta batalla vital para el futuro de la humanidad.
Deseo dar las gracias a todos los que han preparado
el programa de hoy y a todos los que han participado en él.
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