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Distinguidos delegados de los Estados Miembros, estimados amigos:
Bienvenidos a Ginebra y a la tercera ronda de
negociaciones sobre el Convenio marco para la lucha antitabáquica
(CMLAT). A medida que avanzamos en la elaboración de un documento cuyo
principal objetivo es prevenir muertes y enfermedades, resulta para mí
alentador observar el ritmo, la profundidad y la pertinencia que ha
adquirido este proceso.
Ninguno de nosotros hubiera podido imaginar, ni mucho
menos predecir, que en un tiempo récord íbamos a trabajar juntos para
producir un texto que reflejaría todas nuestras inquietudes y
alternativas. Nuestro reto es centrarnos en los puntos esenciales que
nos ayudarán a avanzar de la mejor manera posible. Es menester que nos
sintamos apremiados. De hecho, desde la primera vez que nos reunimos,
para empezar a trabajar en este Convenio histórico, en octubre de 1999,
8 350 000 personas han muerto de enfermedades relacionadas con el
tabaco.
En los últimos meses, además, nuevos datos nos han
obligado a revisar nuestras estimaciones anteriores. No hay buenas
noticias. Ahora calculamos que en 2000 murieron a causa del tabaco 4,2
millones de personas. La Encuesta Mundial sobre el Tabaco y los
Jóvenes, que nos proporciona información de más de 50 países, nos
muestra que el consumo de tabaco entre los niños ha alcanzado
proporciones ingentes y no cesa de aumentar.
El porcentaje de estudiantes de entre 13 y 15 años
que consumen productos del tabaco oscila hoy entre un máximo superior
al 60% en países como las Islas Marianas Septentrionales y un mínimo
en torno al 10% en países como Sri Lanka. Una quinta parte o más de
los estudiantes encuestados empezaron a fumar cigarrillos antes de
cumplir 10 años.
A los estudiantes que acuden a tiendas a comprar
cigarrillos rara vez se les niega la posibilidad de adquirirlos a causa
de su edad. Más de las tres cuartas partes de los estudiantes
encuestados dicen que han visto anuncios de cigarrillos en distintos
soportes de comunicación como vallas publicitarias, periódicos,
revistas o acontecimientos deportivos y de otro tipo. Las conclusiones
son muy preocupantes. Cuanto más pronto se empieza a fumar en la vida,
más probable es convertirse en un fumador empedernido y morir de
enfermedades relacionadas con el tabaco. La fuerza de este Convenio
incipiente radica en su firme compromiso de proteger a las futuras
generaciones contra el tabaco. No podemos permitirnos fracasar.
Ésta es la realidad que conduce a los países a
reforzar sus estrategias de lucha antitabáquica y asentar posiciones
regionales y subregionales antes de la tercera ronda de negociaciones.
Después de la segunda ronda, los países de nuestra
Región del Mediterráneo Oriental se reunieron en Teherán y
deliberaron sobre la responsabilidad por los daños causados por el
tabaco y sobre las indemnizaciones correspondientes.
La Comunidad de Estados Independientes se reunió en
Moscú, los Estados de la Región de África se reunieron en Argel, los
Estados insulares del Pacífico se reunieron en Sydney y los Estados de
la Región de Asia Sudoriental se reunieron en Thimphu (Bhután). A
principios de este mes, los países de América Latina se reunieron en
el Brasil para adoptar posturas unitarias. Asimismo, los países de la
Cuenca Mediterránea se reunieron en Malta para mejorar la cooperación
entre los ministerios de finanzas y de sanidad en el terreno de la lucha
antitabáquica.
Hemos estado atareados, sin duda. Pero no hemos sido
los únicos atareados. Ahí tenemos a quienes tratan de frustrar
nuestros esfuerzos. Las empresas tabacaleras han estado pugnando por
obtener apoyo de los gobiernos y del sistema de las Naciones Unidas para
su nuevo «código de comercialización». La OMS, el UNICEF y el Banco
Mundial han rechazado ese código voluntario.
Sabemos que los códigos voluntarios no han surtido
efecto, y que varios aspectos del código propuesto por la industria
podrían erosionar los avances legislativos ya logrados en no pocos
países.
A fin de proteger el proceso de negociación, la
Asamblea Mundial de la Salud de 2001 respaldó unánimemente una
resolución en que se pedía a la OMS que informara a los Estados
Miembros acerca de las actividades emprendidas por la industria
tabacalera para dañar el proceso del CMLAT. Desde entonces, varios
Estados Miembros nos han pedido que les ayudemos a identificar las
actividades de empresas tabacaleras que menoscaban la lucha
antitabáquica en sus países.
Les exhortamos a seguir estando alerta a ese tipo de
presiones.
Nos reunimos con el objetivo de salvar vidas y
proteger a las generaciones futuras. Aprovechemos esta oportunidad para
renovar nuestro compromiso en favor de la salud pública.
Les deseo mucho éxito, para que de esta negociación
surja un sólido Convenio marco para la lucha antitabáquica, y les
agradezco que hayan venido a Ginebra para asistir a esta reunión
histórica.
Muchas gracias.
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