Distinguidos Ministros,
Honorable Presidenta,
Director Regional,
Señoras y señores:
Los responsables del ataque sufrido por Nueva York y
Washington el 11 de septiembre nos han causado una consternación
insufrible. Han demostrado un absoluto desprecio por las vidas de
inocentes y una cruel capacidad para imponer el dolor y el terror en pos
de sus objetivos. Y han atentado contra todo aquello que defendemos como
profesionales de la salud pública.
Estamos orgullosos de los miles de médicos, agentes
paramédicos, enfermeras y psicólogos que han aunado sus fuerzas
durante las últimas dos semanas y están trabajando incansablemente
para aliviar el sufrimiento y curar las heridas infligidas, tanto en los
cuerpos de los traumatizados como en la mente de tantas personas
confrontadas hoy al horror. Estos agentes de salud acometen una tarea de
enormes proporciones, y su dedicación y resistencia son un ejemplo para
todos nosotros.
Los autores del ataque a Nueva York y Washington
provocaron asimismo un temor generalizado, que amenaza con socavar los
cimientos de nuestra seguridad humana.
El miedo, ya sea consecuencia de la crueldad, la
violencia o la enfermedad, mina la confianza entre las personas,
así como entre grupos y comunidades que han de funcionar juntos. Mina
la seguridad y previsibilidad que todos necesitamos para
crecer, desarrollarnos y prosperar. Mina incluso nuestra confianza en
la bondad de la gente, una confianza fundamental para conferir
sentido a cuanto hagamos. Y mina nuestra libertad para contribuir
junto con otros a la mejora de nuestras sociedades.
En este contexto de temor, nuestra comunidad global
está siendo sometida a pruebas sin precedentes.
¿Pueden las naciones seguir colaborando para abordar
los grandes problemas que empañan el futuro de la humanidad?
¿Serán capaces de mantener su determinación a
favor de la libertad y la democracia para asegurar la convivencia y el
desarrollo de todos los pueblos?
¿Podrán sus dirigentes combatir las fuerzas que
siembran el terror y promover los valores humanos?
¿Podremos todos mantener la campaña contra la
pobreza global, esencial para nuestro futuro global?
La pobreza es el determinante más importante del
sufrimiento y el dolor en el mundo actual. Debemos seguir luchando
contra la pobreza global con toda la energía que podamos reunir.
Sabemos que los pobres están condenados a seguir siéndolo si carecen
de seguridad física y humana. Eso significa que la ausencia de terror,
violencia y enfermedades es una condición esencial para mitigar la
pobreza y garantizar un futuro seguro para nuestro mundo.
Estimados colegas:
Formamos todos parte de una vasta comunidad mundial
que pugna por lograr un mundo libre de sufrimiento y temor. Sabemos que
la buena salud y una atención sanitaria accesible son esenciales para
la paz y la seguridad. Colaboramos en pro del bien común, buscando las
mejores fórmulas para salvar la actual brecha de salud. Ante las
dificultades económicas y las siempre cambiantes prioridades mundiales
que debemos afrontar, la conciencia de lo que puede conseguirse es para
nosotros todo un estímulo. Sabemos de numerosos logros ejemplares,
catalizados desde el interior de la sociedad civil, apoyados por
gobiernos y ONG, sostenidos por los sistemas de salud y respaldados por
las Naciones Unidas. Al igual que ocurrió con los esfuerzos pioneros
realizados para promover la salud o erradicar el sarampión en esta
Región, a menudo no se dedican a esos logros los titulares que merecen.
Muchos dirigentes mundiales han situado la salud en
el centro de las actividades de desarrollo, pues reconocen que la
inversión en salud es una contribución crucial para el desarrollo
humano y económico de sus naciones.
Los profesionales de la salud están respondiendo a
esa nueva visibilidad intensificando sus esfuerzos.
Estamos reforzando las actividades encaminadas a
hacer retroceder las enfermedades que, como el VIH y el paludismo,
socavan el bienestar de las poblaciones pobres y marginadas,
centrándonos en particular en las necesidades de las mujeres y los
niños.
Estamos atacando sin contemplaciones los principales
factores de riesgo de la mala salud, como el tabaco, la violencia y los
entornos insalubres.
Estamos reformando los sistemas de salud para que
sean eficaces, capaces de responder a las necesidades y justos para
todos.
Y estamos trabajando intensamente para asegurar que
las políticas de desarrollo aplicadas en todos los sectores contribuyan
de la mejor manera posible a mejorar la salud.
En todos esos frentes nuestra aportación es vital
para reducir la pobreza y garantizar la seguridad humana.
Señora Presidenta:
El Secretario de Salud de los Estados Unidos, Tommy
Thompson, mencionó la creciente incidencia del síndrome de estrés
postraumático observada tras los estragos del 11 de septiembre.
Señaló que ello requerirá «un aumento de los servicios de apoyo
psicológico y salud mental en todo el país» y «muchos más fondos».
De hecho, el bienestar mental de millones de personas se ve amenazado
por los traumas sufridos, el miedo, el estigma y la incertidumbre
reinante.
Este año la OMS ha lanzado una campaña mundial para
acabar con el estigma que rodea a la salud mental, un estigma que impide
a la gente acceder a la atención sanitaria que necesita, que propicia
la discriminación en lo tocante al trabajo, la vivienda y otras
oportunidades, y que, con demasiada frecuencia aún, lleva a los
planificadores de la salud a descuidar esa esfera.
Hemos invitado a profesionales sanitarios,
organizaciones de beneficencia y gobiernos de todo el mundo a poner fin
a la exclusión de los enfermos mentales y a decir «Sí a la
atención».
La respuesta ha sido admirable. El Día Mundial de la
Salud de este año puso de manifiesto el deseo abrumador y la
determinación de casi todos los países de fortalecer los sistemas de
salud para que ofrezcan mejores servicios de salud mental, así como de
colaborar con los medios de comunicación para sensibilizar al público
y combatir la estigmatización.
En 1990 los países de América Latina declararon en
Caracas que reformarían las políticas de salud mental. Sus principios
son correctos. Se ha subestimado la carga actual y futura de mala salud
mental. Para responder a ello, necesitamos mejores estrategias en ese
campo, entre las que debe figurar el acceso a servicios de prevención y
tratamiento eficaces y el énfasis en el papel de la familia dentro de
la comunidad. Esas estrategias se describen más a fondo en el Informe
sobre la Salud en el Mundo de este año.
Señora Presidenta:
La Comisión de la OMS sobre Macroeconomía y Salud
informará a finales de este año sobre la necesidad de ampliar rápida
y sustancialmente las medidas encaminadas a mejorar la salud y las
perspectivas de las personas más pobres del mundo. Los comisionados
indicarán la magnitud de los recursos adicionales necesarios: como
mínimo 10 000 millones de dólares anuales, y puede que hasta
25 000 millones.
Hemos tenido noticia de algunos compromisos en pro de
la salud de la población pobre por parte de diversos líderes mundiales
en la Asamblea Mundial de la Salud de este año, en el periodo
extraordinario de sesiones de la Asamblea General de las Naciones Unidas
sobre el VIH/SIDA, en cumbres regionales y en la Cumbre del G8 en
Génova. Gobiernos, órganos de beneficencia y entidades privadas se
están comprometiendo a aumentar los recursos destinados a la salud.
Ningún gobierno, organismo, entidad de beneficencia
o grupo de presión puede incidir de forma significativa en la salud
trabajando por separado. De ahí que vinculemos la acción y la
sensibilización, colaborando tanto con la sociedad civil como con los
líderes políticos. Alentamos a los ministerios de salud y de finanzas
a colaborar de forma productiva. Procuramos fomentar un diálogo regular
entre los gobiernos y los proveedores de recursos externos de los
organismos donantes, fundaciones, bancos de desarrollo y organizaciones
de beneficencia. Potenciamos la eficacia mediante esfuerzos conjuntos de
grupos que actúan dentro y fuera del gobierno, y forjando con el sector
privado alianzas basadas en objetivos y valores comunes.
Somos conscientes de que los recursos para la salud
nunca serán suficientes, lo que nos obliga a utilizar los medios
disponibles lo más eficazmente posible. Eso explica nuestro énfasis en
la acción coordinada por parte de los gobiernos, las instituciones de
investigación, las empresas del sector privado y las organizaciones
internacionales.
Aspiramos a conseguir esa difícil combinación de
objetivos y estrategias compartidos, respeto mutuo de los mandatos y
prioridades, y búsqueda de la «ventaja comparativa» en todo lo que
haga cada uno de nosotros.
Los objetivos compartidos y la sinergia en la acción
sanitaria son bazas poderosas. Por el contrario, las consecuencias de
una mala coordinación se miden por el sufrimiento humano, y eso, para
todos nosotros, es un indicio claro de fracaso.
Señora Presidenta:
Debemos hacer un mayor esfuerzo para reducir los
efectos del VIH en la seguridad humana. En la reunión de Jefes de
Estado celebrada en Nueva York el pasado mes de junio se expresó un
decidido compromiso político en la articulación de una respuesta mucho
más enérgica. Acordamos las estrategias prioritarias para detener la
propagación de la infección por el VIH. Nos comprometimos a ayudar a
los individuos a protegerse mejor de la infección y a aumentar el
número de personas con acceso a la asistencia que requieren las
enfermedades relacionadas con el VIH.
Esta Región ofrece ejemplos de respuestas enérgicas
a la infección por el VIH, gracias a las cuales muchas personas
infectadas se benefician hoy de tratamientos eficaces y debidamente
ensayados. Son respuestas que aprovechan la creciente disponibilidad de
medicamentos antirretrovíricos de bajo costo, avance éste conseguido
merced al esfuerzo conjunto de gobiernos nacionales, compañías
farmacéuticas, ONG y fabricantes de medicamentos genéricos.
Como consecuencia de ello, la respuesta regional al
VIH está firmemente anclada en el sistema de salud, involucra a todo el
espectro de profesionales sanitarios y refleja un enfoque integrado. Se
ha señalado que un mayor acceso a la asistencia potencia el efecto de
las medidas preventivas - especialmente entre las personas en mayor
riesgo - y reduce la proporción de camas de hospital ocupadas por
personas infectadas por el VIH.
La infección por el VIH y el SIDA siguen suponiendo
un desafío extraordinario para las Américas y el Caribe. Debemos
intensificar los esfuerzos desplegados para llegar a los necesitados,
sobre todo en las comunidades más pobres. Debemos hacer frente en todo
momento al estigma y a la discriminación, enemigos ambos de la eficacia
del sistema de salud. No hay que olvidar que se requiere un esfuerzo
especial para llegar a las mujeres, especialmente a las adolescentes, y
para ayudarlas a evitar las amenazas paralelas que suponen la infección
por el VIH y la mala salud reproductiva.
La OMS está ampliando su contribución a esa lucha.
Nuestro objetivo es ayudar a identificar las respuestas más eficaces y
apoyar su aplicación mediante medidas que tengan en cuenta las
tradiciones culturales de la gente y su realidad social.
La tuberculosis se está propagando a nivel mundial,
a remolque del VIH. El próximo mes volveré a coincidir con muchos de
ustedes aquí en Washington con motivo del primer Foro de Aliados contra
la Tuberculosis. Encontraremos la manera de impulsar esa alianza
mundial. Deberíamos además acordar estrategias para facilitar la
aplicación en los países de las medidas destinadas a detener la
tuberculosis, con miras a alcanzar las metas de la lucha contra esa
enfermedad a nivel nacional y mundial.
Hay buenos augurios. Los precios de determinados
medicamentos clave contra la tuberculosis, incluidos algunos necesarios
para combatir las cepas polifarmacorresistentes, están cayendo. Los
regímenes terapéuticos observados funcionan. Hoy día conocemos mejor
la manera de llegar a todos los que necesitan un tratamiento asequible.
Por último, se han elaborado planes nacionales de acción contra la
tuberculosis, si bien se necesitan recursos financieros para ellos.
El Fondo Mundial para el VIH/SIDA y la Salud ayudará
a los sistemas nacionales de salud a responder mejor al VIH, la
tuberculosis y el paludismo. La OMS contribuirá a la concepción y la
operación del Fondo velando por que éste tenga un alcance mundial,
utilice los recursos eficazmente y cree capacidad para promover una
acción sostenida y eficaz en los países. Es de importancia vital que
los esfuerzos desplegados por el Fondo tengan éxito y que éste sea
capaz de atraer el tipo de recursos que necesitará durante los años
venideros. No puede tratarse sólo de un fogonazo momentáneo.
Señora Presidenta:
Se están reformando sistemas de salud de esta
Región. Se están definiendo los objetivos de esos sistemas y se
utiliza una variedad de canales privados, voluntarios y públicos para
dispensar la atención esencial a quienes la necesitan.
En muchos países, la agenda está dominada por
cuestiones relativas a la financiación de la salud. El reto es ampliar
la protección frente al riesgo financiero y a la vez velar por que se
presten servicios de buena calidad. La OMS desarrolla modelos de
políticas de financiación sanitaria para que los países los utilicen
cuando afrontan esos problemas. Se está aprendiendo mucho de las
iniciativas sobre calidad de la atención que se están aplicando en la
Región.
Como custodios de la salud, los gobiernos son
responsables del grado en que los resultados de los sistemas de salud
corresponden a las metas que fijaron y de que se obtenga el máximo
posible de los sistemas de salud con los fondos disponibles. Eso explica
la importancia cada vez mayor que se presta en esta Región a la
rectoría eficaz de los sistemas de salud.
La rectoría de la salud conlleva la adopción de
decisiones difíciles: la OMS ofrece a quienes deben tomarlas
orientaciones técnicas basadas en análisis mundiales o regionales de
los problemas sanitarios. Por ejemplo, estamos reuniendo ahora
información de referencia sobre la contribución de diferentes factores
de riesgo a la salud de la población, así como sobre la eficacia en
relación con los costos de diversas intervenciones de salud basadas en
la población.
Los custodios de la salud también necesitan
información fidedigna procedente de sus propios países. Ésta debe
abarcar a la vez la carga de morbilidad que experimentan los distintos
grupos de población y el modo en que responde el sistema de salud.
Conviene que las decisiones relativas al momento en
que es preciso responder a amenazas sanitarias específicas se basen en
información fiable de base poblacional. En esta Región, los países
trabajan conjuntamente en sistemas nacionales de vigilancia y respuesta
a las enfermedades.
Estos sistemas nacionales están interconectados en
un sistema mundial, respaldado por la OMS, que cuenta con asesoramiento
técnico, recursos preasignados y apoyo de más de 250 laboratorios. El
sistema mundial ligado al Reglamento Sanitario Internacional, el
instrumento jurídicamente vinculante que rige la notificación de
enfermedades susceptibles de desencadenar epidemias y la aplicación de
medidas para impedir su propagación. El sistema mundial está asimismo
capacitado para trabajar con los países en la investigación de
patógenos peligrosos y la confirmación del diagnóstico de casos.
Los científicos y laboratorios del hemisferio
occidental son decisivos para el sistema mundial de vigilancia de la
morbilidad. También han contribuido a la respuesta internacional a
muchos brotes epidémicos, por ejemplo a la contención del mayor brote
epidémico jamás registrado de fiebre hemorrágica de Ébola, que
comenzó en Uganda en octubre del año pasado.
En esta Región, la vigilancia es crucial para
responder a la amenaza del dengue y de las fiebres hemorrágicas dengue.
No se dispone de una intervención simple y eficaz para prevenir y
controlar el dengue y, una vez más, la clave es la acción conjunta de
las organizaciones que trabajan en asociación.
De la misma manera que en lo concerniente al
paludismo, la naturaleza y la combinación de esas medidas pueden variar
de un país a otro, pero hay una necesidad universal de movilizar el
compromiso político para hacer lo que se requiere a fin de controlar la
propagación del dengue y el sufrimiento que causa.
La vigilancia es ahora mucho más vital, porque
debemos estar preparados ante la posibilidad de que la población sufra
daños deliberados por acción de agentes biológicos o químicos. Es
importante que se responda correctamente. Por conducto del sitio web de
la OMS, los médicos tienen acceso a protocolos para contener los brotes
epidémicos resultantes, ya sea que estén causados por los agentes del
carbunco, virus hemorrágicos u otros patógenos, toxinas biológicas o
productos químicos nocivos. La semana pasada hemos actualizado nuestros
procedimientos para ayudar a los países a responder a presuntos
incidentes de infección deliberada.
Señora Presidenta:
En esta Región, el programa de la OPS de apoyo a los
sistemas nacionales de información sanitaria ha contribuido a los
diversos indicadores disponibles para vigilar el desempeño de los
sistemas de salud.
Al mismo tiempo, muchos países han señalado la
necesidad de métodos internacionalmente normalizados de acopio de
datos. La OMS está respondiendo con apoyo para la realización de
encuestas sanitarias nacionales regulares y ayudando a los países a
adaptar diferentes elementos del protocolo elaborado el año pasado para
la encuesta sanitaria mundial.
Se puede necesitar otra clase de información para
ayudar a un jefe de Estado o un ministro de salud a determinar el grado
de eficacia con que se desempeña el sistema de salud de su país y
posibilitar la comparación del desempeño de los sistemas de salud de
diferentes provincias o estados de un país. Para ello, la OMS ha
elaborado índices compuestos del desempeño de los sistemas de salud,
índices que tienen en cuenta el grado en que un sistema de salud
produce salud, responde a las expectativas de la población, está
financiado de manera justa y contribuye a la equidad.
Los resultados preliminares se publicaron en el Informe
sobre la Salud en el Mundo 2000. Muchos Estados Miembros evaluaron
este nuevo enfoque, aunque algunos también han formulado preguntas
acerca de la metodología, las fuentes de datos, los procedimientos de
clasificación y la utilidad. El otoño pasado, en esta reunión
regional se expresaron preocupaciones.
En la reunión celebrada por el Consejo Ejecutivo en
enero del año en curso propuse una serie de consultas sobre métodos de
evaluación del desempeño de los sistemas de salud, una revisión
científica de la metodología aplicada por la OMS y la prestación de
asesoramiento técnico acerca de la forma de avanzar en esta labor. Esa
actividad ya está en marcha, con la participación de muchos de
ustedes.
También he tomado nota del reciente deseo expresado
por algunos países de que ese examen se haga extensivo a medidas tales
como la «esperanza de vida ajustada en función de la discapacidad»,
que se utiliza desde hace algunos años y cuya designación se ha
sustituido recientemente por la de «esperanza de vida ajustada en
función del estado de salud».
Estoy personalmente interesada en las consultas y la
revisión científica, y en enero de 2002 presentaré al Consejo
Ejecutivo un informe sobre los resultados. Preveo que luego podremos
acordar un enfoque para la evaluación del desempeño general de los
sistemas nacionales de salud, que la OMS publicará en 2002.
Señora Presidenta:
El tabaco sigue constituyendo una amenaza terrible
para la salud de la población en toda la Región. No obstante,
encomiaré a ésta, y al Dr. Alleyne en particular, por haber insistido
más extensamente durante los últimos meses en las actividades
encaminadas a reducir el consumo de tabaco.
Me complace que tantos países estén adoptando
medidas para reducir el número de jóvenes que comienzan a fumar o para
ayudar a quienes quieran abandonar el hábito a conseguir ese objetivo.
Ustedes estarán de acuerdo en que aún queda mucho por hacer, habida
cuenta de que las empresas tabacaleras han redoblado sus esfuerzos para
contrarrestar los recién mencionados. Por eso, los gobiernos deben
seguir participando plenamente en la negociación del Convenio marco de
la OMS para la lucha antitabáquica hasta que éste se haya ultimado en
2003, si se cumplen nuestras esperanzas.
Me siento muy alentada por los esfuerzos desplegados
por el Ministro de Salud del Brasil, José Serra, para que un grupo de
países de América Latina llegue a concertar un enfoque común en Río
en noviembre próximo.
Hacemos frente a otras controversias, además de las
asociadas al tabaco. Son objeto de atizados debates las alianzas entre
los sectores público y privado en materia de investigación, los
sistemas de gestión de las enfermedades, la revisión de las listas de
medicamentos esenciales para tratar problemas de salud prioritarios, las
estrategias para la adquisición de medicamentos de calidad a bajo costo
y las recomendaciones sobre cuestiones nutricionales o de salud
ambiental. Los Estados Miembros quieren interactuar más con la
Secretaría en relación con estas cuestiones, tanto directamente como
por conducto del Consejo Ejecutivo y de la Asamblea Mundial de la Salud.
El desafío radica en velar por que la labor normativa de la OMS refleje
siempre los mejores datos científicos disponibles, posibilitando al
mismo tiempo que los Estados Miembros debatan sobre la manera de
proceder con esta labor normativa.
También son controvertidas las difíciles decisiones
adoptadas por los profesionales de la salud acerca de la asignación de
recursos para la salud. Se trata de opciones complejas que suelen tener
dimensiones éticas.
Los estudios sobre el genoma humano muestran que no
sólo pertenecemos todos a la misma especie y al único género humano y
compartimos nuestro acervo genético sino que, pese a nuestras
diferencias de constitución, color, matiz y forma, nos asemejamos mucho
más de lo que antes creíamos. Nuestra naturaleza común necesita
protección y cuidado. Por esa razón quisiera intensificar las
actividades de la OMS relacionadas con la ética y, como ha dicho el
Director General de Sanidad de los Estados Unidos de América, David
Satcher, velar por que nuestra ética sea tan buena como nuestra
ciencia.
Así pues, nos preparamos para prestar más apoyo a
los Estados Miembros en cuestiones de salud y ética, a fin de
contribuir a que se vele por la ética en el ámbito de la salud
pública y de las investigaciones sanitarias. También abordaremos los
aspectos éticos de las ciencias biomédicas, incluso los de los
trabajos sobre el genoma humano, las investigaciones sobre embriocitos
indiferenciados y la clonación. La iniciativa se vinculará con otros
organismos del sistema de las Naciones Unidas, en particular la UNESCO.
Al comienzo dependerá directamente de mí. Espero con interés los
planes con el Consejo Ejecutivo y, el año próximo, con la Asamblea de
la Salud.
Señora Presidenta:
Todo nuestro trabajo está destinado a los países,
pero sólo una parte del mismo se realiza en los países. Sin embargo,
el trabajo a nivel de país es decisivo y nuestros representantes en los
países ocupan un lugar central en todos nuestros desvelos.
Estamos resueltos a fortalecer la capacidad de los
equipos de la OMS en los países que más nos necesitan para que estén
en mejores condiciones de contribuir a la obtención de resultados de
salud mejores y más equitativos. Los representantes en los países y
las Oficinas Regionales desempeñarán una función central a ese
respecto. Aprovecharán nuestra experiencia reciente en el
establecimiento de estrategias de cooperación con diversos países y
cultivarán lazos eficaces con las iniciativas mundiales adoptadas a fin
de respaldar la acción a nivel de país.
La labor de las Oficinas Regionales de la OMS y los
departamentos que se hallan en la Sede se resume en la estrategia
institucional de la Secretaría de la OMS acordada por los Estados
Miembros en 1999. Esta es la base del Programa General de Trabajo para
2002-2005.
En 2000, la Secretaría estableció un Presupuesto
Estratégico por Programas en el que se identificaron 35 áreas de
trabajo en toda la Organización. Éstas sirvieron de base para
determinar los resultados previstos, los hitos, las actividades y la
asignación de los recursos ordinarios y extrapresupuestarios para el
bienio 2002-2003.
Durante los próximos meses colaboraré con los
Directores Regionales a fin de determinar un conjunto de prioridades
mundiales que propondremos para el bienio siguiente, es decir 2004-2005.
Nos inspiraremos en las deliberaciones que celebrarán ustedes en este
Comité Regional. Mis propuestas se presentarán luego al Consejo
Ejecutivo cuando éste se reúna en Ginebra en enero de 2002.
Señora Presidenta:
Como profesionales de la salud, los retos que hoy
día tenemos ante nosotros son mayores que nunca. Estamos unidos en la
lucha contra la pobreza y la inequidad y estamos intensificando nuestra
respuesta. Sabemos que las medidas encaminadas a enfrentar el terror, el
hambre y las enfermedades exigirán decisiones sensatas y respuestas
delicadas. Las necesidades de acción humanitaria ya están en aumento y
es de prever que aumentarán aún más.
La Secretaría de la OMS responderá lo mejor posible
a las expectativas legítimas de todos - dondequiera que vivan,
independientemente de sus creencias, sean ricos o pobres, mujeres,
niños u hombres -, de maneras que reflejen nuestro respeto fundamental
por la dignidad y el potencial de todas las personas en todo lugar. Esto
es lo que todos esperan de nuestra Organización y de las profesiones de
las cuales somos representantes.
Les deseo muy fructíferos adelantos en el importante
programa de esta semana y en el del año venidero.
Muchas gracias.