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Office of the Director-General

World Health Organization
Organisation mondiale de la Santé

UPDATED: Mon Feb 18 16:59:04 2002

Dr Gro Harlem Brundtland        
Directora General
Organización Mundial de la Salud

Washington, D.C.
 24 de septiembre de 2001

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53ª sesión del Comité Regional de la OMS para las Américas
Distinguidos Ministros,
Honorable Presidenta,
Director Regional,
Señoras y señores:

Los responsables del ataque sufrido por Nueva York y Washington el 11 de septiembre nos han causado una consternación insufrible. Han demostrado un absoluto desprecio por las vidas de inocentes y una cruel capacidad para imponer el dolor y el terror en pos de sus objetivos. Y han atentado contra todo aquello que defendemos como profesionales de la salud pública.

Estamos orgullosos de los miles de médicos, agentes paramédicos, enfermeras y psicólogos que han aunado sus fuerzas durante las últimas dos semanas y están trabajando incansablemente para aliviar el sufrimiento y curar las heridas infligidas, tanto en los cuerpos de los traumatizados como en la mente de tantas personas confrontadas hoy al horror. Estos agentes de salud acometen una tarea de enormes proporciones, y su dedicación y resistencia son un ejemplo para todos nosotros.

Los autores del ataque a Nueva York y Washington provocaron asimismo un temor generalizado, que amenaza con socavar los cimientos de nuestra seguridad humana.

El miedo, ya sea consecuencia de la crueldad, la violencia o la enfermedad, mina la confianza entre las personas, así como entre grupos y comunidades que han de funcionar juntos. Mina la seguridad y previsibilidad que todos necesitamos para crecer, desarrollarnos y prosperar. Mina incluso nuestra confianza en la bondad de la gente, una confianza fundamental para conferir sentido a cuanto hagamos. Y mina nuestra libertad para contribuir junto con otros a la mejora de nuestras sociedades.

En este contexto de temor, nuestra comunidad global está siendo sometida a pruebas sin precedentes.

¿Pueden las naciones seguir colaborando para abordar los grandes problemas que empañan el futuro de la humanidad?

¿Serán capaces de mantener su determinación a favor de la libertad y la democracia para asegurar la convivencia y el desarrollo de todos los pueblos?

¿Podrán sus dirigentes combatir las fuerzas que siembran el terror y promover los valores humanos?

¿Podremos todos mantener la campaña contra la pobreza global, esencial para nuestro futuro global?

La pobreza es el determinante más importante del sufrimiento y el dolor en el mundo actual. Debemos seguir luchando contra la pobreza global con toda la energía que podamos reunir. Sabemos que los pobres están condenados a seguir siéndolo si carecen de seguridad física y humana. Eso significa que la ausencia de terror, violencia y enfermedades es una condición esencial para mitigar la pobreza y garantizar un futuro seguro para nuestro mundo.

Estimados colegas:

Formamos todos parte de una vasta comunidad mundial que pugna por lograr un mundo libre de sufrimiento y temor. Sabemos que la buena salud y una atención sanitaria accesible son esenciales para la paz y la seguridad. Colaboramos en pro del bien común, buscando las mejores fórmulas para salvar la actual brecha de salud. Ante las dificultades económicas y las siempre cambiantes prioridades mundiales que debemos afrontar, la conciencia de lo que puede conseguirse es para nosotros todo un estímulo. Sabemos de numerosos logros ejemplares, catalizados desde el interior de la sociedad civil, apoyados por gobiernos y ONG, sostenidos por los sistemas de salud y respaldados por las Naciones Unidas. Al igual que ocurrió con los esfuerzos pioneros realizados para promover la salud o erradicar el sarampión en esta Región, a menudo no se dedican a esos logros los titulares que merecen.

Muchos dirigentes mundiales han situado la salud en el centro de las actividades de desarrollo, pues reconocen que la inversión en salud es una contribución crucial para el desarrollo humano y económico de sus naciones.

Los profesionales de la salud están respondiendo a esa nueva visibilidad intensificando sus esfuerzos.

Estamos reforzando las actividades encaminadas a hacer retroceder las enfermedades que, como el VIH y el paludismo, socavan el bienestar de las poblaciones pobres y marginadas, centrándonos en particular en las necesidades de las mujeres y los niños.

Estamos atacando sin contemplaciones los principales factores de riesgo de la mala salud, como el tabaco, la violencia y los entornos insalubres.

Estamos reformando los sistemas de salud para que sean eficaces, capaces de responder a las necesidades y justos para todos.

Y estamos trabajando intensamente para asegurar que las políticas de desarrollo aplicadas en todos los sectores contribuyan de la mejor manera posible a mejorar la salud.

En todos esos frentes nuestra aportación es vital para reducir la pobreza y garantizar la seguridad humana.

Señora Presidenta:

El Secretario de Salud de los Estados Unidos, Tommy Thompson, mencionó la creciente incidencia del síndrome de estrés postraumático observada tras los estragos del 11 de septiembre. Señaló que ello requerirá «un aumento de los servicios de apoyo psicológico y salud mental en todo el país» y «muchos más fondos». De hecho, el bienestar mental de millones de personas se ve amenazado por los traumas sufridos, el miedo, el estigma y la incertidumbre reinante.

Este año la OMS ha lanzado una campaña mundial para acabar con el estigma que rodea a la salud mental, un estigma que impide a la gente acceder a la atención sanitaria que necesita, que propicia la discriminación en lo tocante al trabajo, la vivienda y otras oportunidades, y que, con demasiada frecuencia aún, lleva a los planificadores de la salud a descuidar esa esfera.

Hemos invitado a profesionales sanitarios, organizaciones de beneficencia y gobiernos de todo el mundo a poner fin a la exclusión de los enfermos mentales y a decir «Sí a la atención».

La respuesta ha sido admirable. El Día Mundial de la Salud de este año puso de manifiesto el deseo abrumador y la determinación de casi todos los países de fortalecer los sistemas de salud para que ofrezcan mejores servicios de salud mental, así como de colaborar con los medios de comunicación para sensibilizar al público y combatir la estigmatización.

En 1990 los países de América Latina declararon en Caracas que reformarían las políticas de salud mental. Sus principios son correctos. Se ha subestimado la carga actual y futura de mala salud mental. Para responder a ello, necesitamos mejores estrategias en ese campo, entre las que debe figurar el acceso a servicios de prevención y tratamiento eficaces y el énfasis en el papel de la familia dentro de la comunidad. Esas estrategias se describen más a fondo en el Informe sobre la Salud en el Mundo de este año.

Señora Presidenta:

La Comisión de la OMS sobre Macroeconomía y Salud informará a finales de este año sobre la necesidad de ampliar rápida y sustancialmente las medidas encaminadas a mejorar la salud y las perspectivas de las personas más pobres del mundo. Los comisionados indicarán la magnitud de los recursos adicionales necesarios: como mínimo 10 000 millones de dólares anuales, y puede que hasta 25 000 millones.

Hemos tenido noticia de algunos compromisos en pro de la salud de la población pobre por parte de diversos líderes mundiales en la Asamblea Mundial de la Salud de este año, en el periodo extraordinario de sesiones de la Asamblea General de las Naciones Unidas sobre el VIH/SIDA, en cumbres regionales y en la Cumbre del G8 en Génova. Gobiernos, órganos de beneficencia y entidades privadas se están comprometiendo a aumentar los recursos destinados a la salud.

Ningún gobierno, organismo, entidad de beneficencia o grupo de presión puede incidir de forma significativa en la salud trabajando por separado. De ahí que vinculemos la acción y la sensibilización, colaborando tanto con la sociedad civil como con los líderes políticos. Alentamos a los ministerios de salud y de finanzas a colaborar de forma productiva. Procuramos fomentar un diálogo regular entre los gobiernos y los proveedores de recursos externos de los organismos donantes, fundaciones, bancos de desarrollo y organizaciones de beneficencia. Potenciamos la eficacia mediante esfuerzos conjuntos de grupos que actúan dentro y fuera del gobierno, y forjando con el sector privado alianzas basadas en objetivos y valores comunes.

Somos conscientes de que los recursos para la salud nunca serán suficientes, lo que nos obliga a utilizar los medios disponibles lo más eficazmente posible. Eso explica nuestro énfasis en la acción coordinada por parte de los gobiernos, las instituciones de investigación, las empresas del sector privado y las organizaciones internacionales.

Aspiramos a conseguir esa difícil combinación de objetivos y estrategias compartidos, respeto mutuo de los mandatos y prioridades, y búsqueda de la «ventaja comparativa» en todo lo que haga cada uno de nosotros.

Los objetivos compartidos y la sinergia en la acción sanitaria son bazas poderosas. Por el contrario, las consecuencias de una mala coordinación se miden por el sufrimiento humano, y eso, para todos nosotros, es un indicio claro de fracaso.

Señora Presidenta:

Debemos hacer un mayor esfuerzo para reducir los efectos del VIH en la seguridad humana. En la reunión de Jefes de Estado celebrada en Nueva York el pasado mes de junio se expresó un decidido compromiso político en la articulación de una respuesta mucho más enérgica. Acordamos las estrategias prioritarias para detener la propagación de la infección por el VIH. Nos comprometimos a ayudar a los individuos a protegerse mejor de la infección y a aumentar el número de personas con acceso a la asistencia que requieren las enfermedades relacionadas con el VIH.

Esta Región ofrece ejemplos de respuestas enérgicas a la infección por el VIH, gracias a las cuales muchas personas infectadas se benefician hoy de tratamientos eficaces y debidamente ensayados. Son respuestas que aprovechan la creciente disponibilidad de medicamentos antirretrovíricos de bajo costo, avance éste conseguido merced al esfuerzo conjunto de gobiernos nacionales, compañías farmacéuticas, ONG y fabricantes de medicamentos genéricos.

Como consecuencia de ello, la respuesta regional al VIH está firmemente anclada en el sistema de salud, involucra a todo el espectro de profesionales sanitarios y refleja un enfoque integrado. Se ha señalado que un mayor acceso a la asistencia potencia el efecto de las medidas preventivas - especialmente entre las personas en mayor riesgo - y reduce la proporción de camas de hospital ocupadas por personas infectadas por el VIH.

La infección por el VIH y el SIDA siguen suponiendo un desafío extraordinario para las Américas y el Caribe. Debemos intensificar los esfuerzos desplegados para llegar a los necesitados, sobre todo en las comunidades más pobres. Debemos hacer frente en todo momento al estigma y a la discriminación, enemigos ambos de la eficacia del sistema de salud. No hay que olvidar que se requiere un esfuerzo especial para llegar a las mujeres, especialmente a las adolescentes, y para ayudarlas a evitar las amenazas paralelas que suponen la infección por el VIH y la mala salud reproductiva.

La OMS está ampliando su contribución a esa lucha. Nuestro objetivo es ayudar a identificar las respuestas más eficaces y apoyar su aplicación mediante medidas que tengan en cuenta las tradiciones culturales de la gente y su realidad social.

La tuberculosis se está propagando a nivel mundial, a remolque del VIH. El próximo mes volveré a coincidir con muchos de ustedes aquí en Washington con motivo del primer Foro de Aliados contra la Tuberculosis. Encontraremos la manera de impulsar esa alianza mundial. Deberíamos además acordar estrategias para facilitar la aplicación en los países de las medidas destinadas a detener la tuberculosis, con miras a alcanzar las metas de la lucha contra esa enfermedad a nivel nacional y mundial.

Hay buenos augurios. Los precios de determinados medicamentos clave contra la tuberculosis, incluidos algunos necesarios para combatir las cepas polifarmacorresistentes, están cayendo. Los regímenes terapéuticos observados funcionan. Hoy día conocemos mejor la manera de llegar a todos los que necesitan un tratamiento asequible. Por último, se han elaborado planes nacionales de acción contra la tuberculosis, si bien se necesitan recursos financieros para ellos.

El Fondo Mundial para el VIH/SIDA y la Salud ayudará a los sistemas nacionales de salud a responder mejor al VIH, la tuberculosis y el paludismo. La OMS contribuirá a la concepción y la operación del Fondo velando por que éste tenga un alcance mundial, utilice los recursos eficazmente y cree capacidad para promover una acción sostenida y eficaz en los países. Es de importancia vital que los esfuerzos desplegados por el Fondo tengan éxito y que éste sea capaz de atraer el tipo de recursos que necesitará durante los años venideros. No puede tratarse sólo de un fogonazo momentáneo.

Señora Presidenta:

Se están reformando sistemas de salud de esta Región. Se están definiendo los objetivos de esos sistemas y se utiliza una variedad de canales privados, voluntarios y públicos para dispensar la atención esencial a quienes la necesitan.

En muchos países, la agenda está dominada por cuestiones relativas a la financiación de la salud. El reto es ampliar la protección frente al riesgo financiero y a la vez velar por que se presten servicios de buena calidad. La OMS desarrolla modelos de políticas de financiación sanitaria para que los países los utilicen cuando afrontan esos problemas. Se está aprendiendo mucho de las iniciativas sobre calidad de la atención que se están aplicando en la Región.

Como custodios de la salud, los gobiernos son responsables del grado en que los resultados de los sistemas de salud corresponden a las metas que fijaron y de que se obtenga el máximo posible de los sistemas de salud con los fondos disponibles. Eso explica la importancia cada vez mayor que se presta en esta Región a la rectoría eficaz de los sistemas de salud.

La rectoría de la salud conlleva la adopción de decisiones difíciles: la OMS ofrece a quienes deben tomarlas orientaciones técnicas basadas en análisis mundiales o regionales de los problemas sanitarios. Por ejemplo, estamos reuniendo ahora información de referencia sobre la contribución de diferentes factores de riesgo a la salud de la población, así como sobre la eficacia en relación con los costos de diversas intervenciones de salud basadas en la población.

Los custodios de la salud también necesitan información fidedigna procedente de sus propios países. Ésta debe abarcar a la vez la carga de morbilidad que experimentan los distintos grupos de población y el modo en que responde el sistema de salud.

Conviene que las decisiones relativas al momento en que es preciso responder a amenazas sanitarias específicas se basen en información fiable de base poblacional. En esta Región, los países trabajan conjuntamente en sistemas nacionales de vigilancia y respuesta a las enfermedades.

Estos sistemas nacionales están interconectados en un sistema mundial, respaldado por la OMS, que cuenta con asesoramiento técnico, recursos preasignados y apoyo de más de 250 laboratorios. El sistema mundial ligado al Reglamento Sanitario Internacional, el instrumento jurídicamente vinculante que rige la notificación de enfermedades susceptibles de desencadenar epidemias y la aplicación de medidas para impedir su propagación. El sistema mundial está asimismo capacitado para trabajar con los países en la investigación de patógenos peligrosos y la confirmación del diagnóstico de casos.

Los científicos y laboratorios del hemisferio occidental son decisivos para el sistema mundial de vigilancia de la morbilidad. También han contribuido a la respuesta internacional a muchos brotes epidémicos, por ejemplo a la contención del mayor brote epidémico jamás registrado de fiebre hemorrágica de Ébola, que comenzó en Uganda en octubre del año pasado.

En esta Región, la vigilancia es crucial para responder a la amenaza del dengue y de las fiebres hemorrágicas dengue. No se dispone de una intervención simple y eficaz para prevenir y controlar el dengue y, una vez más, la clave es la acción conjunta de las organizaciones que trabajan en asociación.

De la misma manera que en lo concerniente al paludismo, la naturaleza y la combinación de esas medidas pueden variar de un país a otro, pero hay una necesidad universal de movilizar el compromiso político para hacer lo que se requiere a fin de controlar la propagación del dengue y el sufrimiento que causa.

La vigilancia es ahora mucho más vital, porque debemos estar preparados ante la posibilidad de que la población sufra daños deliberados por acción de agentes biológicos o químicos. Es importante que se responda correctamente. Por conducto del sitio web de la OMS, los médicos tienen acceso a protocolos para contener los brotes epidémicos resultantes, ya sea que estén causados por los agentes del carbunco, virus hemorrágicos u otros patógenos, toxinas biológicas o productos químicos nocivos. La semana pasada hemos actualizado nuestros procedimientos para ayudar a los países a responder a presuntos incidentes de infección deliberada.

Señora Presidenta:

En esta Región, el programa de la OPS de apoyo a los sistemas nacionales de información sanitaria ha contribuido a los diversos indicadores disponibles para vigilar el desempeño de los sistemas de salud.

Al mismo tiempo, muchos países han señalado la necesidad de métodos internacionalmente normalizados de acopio de datos. La OMS está respondiendo con apoyo para la realización de encuestas sanitarias nacionales regulares y ayudando a los países a adaptar diferentes elementos del protocolo elaborado el año pasado para la encuesta sanitaria mundial.

Se puede necesitar otra clase de información para ayudar a un jefe de Estado o un ministro de salud a determinar el grado de eficacia con que se desempeña el sistema de salud de su país y posibilitar la comparación del desempeño de los sistemas de salud de diferentes provincias o estados de un país. Para ello, la OMS ha elaborado índices compuestos del desempeño de los sistemas de salud, índices que tienen en cuenta el grado en que un sistema de salud produce salud, responde a las expectativas de la población, está financiado de manera justa y contribuye a la equidad.

Los resultados preliminares se publicaron en el Informe sobre la Salud en el Mundo 2000. Muchos Estados Miembros evaluaron este nuevo enfoque, aunque algunos también han formulado preguntas acerca de la metodología, las fuentes de datos, los procedimientos de clasificación y la utilidad. El otoño pasado, en esta reunión regional se expresaron preocupaciones.

En la reunión celebrada por el Consejo Ejecutivo en enero del año en curso propuse una serie de consultas sobre métodos de evaluación del desempeño de los sistemas de salud, una revisión científica de la metodología aplicada por la OMS y la prestación de asesoramiento técnico acerca de la forma de avanzar en esta labor. Esa actividad ya está en marcha, con la participación de muchos de ustedes.

También he tomado nota del reciente deseo expresado por algunos países de que ese examen se haga extensivo a medidas tales como la «esperanza de vida ajustada en función de la discapacidad», que se utiliza desde hace algunos años y cuya designación se ha sustituido recientemente por la de «esperanza de vida ajustada en función del estado de salud».

Estoy personalmente interesada en las consultas y la revisión científica, y en enero de 2002 presentaré al Consejo Ejecutivo un informe sobre los resultados. Preveo que luego podremos acordar un enfoque para la evaluación del desempeño general de los sistemas nacionales de salud, que la OMS publicará en 2002.

Señora Presidenta:

El tabaco sigue constituyendo una amenaza terrible para la salud de la población en toda la Región. No obstante, encomiaré a ésta, y al Dr. Alleyne en particular, por haber insistido más extensamente durante los últimos meses en las actividades encaminadas a reducir el consumo de tabaco.

Me complace que tantos países estén adoptando medidas para reducir el número de jóvenes que comienzan a fumar o para ayudar a quienes quieran abandonar el hábito a conseguir ese objetivo. Ustedes estarán de acuerdo en que aún queda mucho por hacer, habida cuenta de que las empresas tabacaleras han redoblado sus esfuerzos para contrarrestar los recién mencionados. Por eso, los gobiernos deben seguir participando plenamente en la negociación del Convenio marco de la OMS para la lucha antitabáquica hasta que éste se haya ultimado en 2003, si se cumplen nuestras esperanzas.

Me siento muy alentada por los esfuerzos desplegados por el Ministro de Salud del Brasil, José Serra, para que un grupo de países de América Latina llegue a concertar un enfoque común en Río en noviembre próximo.

Hacemos frente a otras controversias, además de las asociadas al tabaco. Son objeto de atizados debates las alianzas entre los sectores público y privado en materia de investigación, los sistemas de gestión de las enfermedades, la revisión de las listas de medicamentos esenciales para tratar problemas de salud prioritarios, las estrategias para la adquisición de medicamentos de calidad a bajo costo y las recomendaciones sobre cuestiones nutricionales o de salud ambiental. Los Estados Miembros quieren interactuar más con la Secretaría en relación con estas cuestiones, tanto directamente como por conducto del Consejo Ejecutivo y de la Asamblea Mundial de la Salud. El desafío radica en velar por que la labor normativa de la OMS refleje siempre los mejores datos científicos disponibles, posibilitando al mismo tiempo que los Estados Miembros debatan sobre la manera de proceder con esta labor normativa.

También son controvertidas las difíciles decisiones adoptadas por los profesionales de la salud acerca de la asignación de recursos para la salud. Se trata de opciones complejas que suelen tener dimensiones éticas.

Los estudios sobre el genoma humano muestran que no sólo pertenecemos todos a la misma especie y al único género humano y compartimos nuestro acervo genético sino que, pese a nuestras diferencias de constitución, color, matiz y forma, nos asemejamos mucho más de lo que antes creíamos. Nuestra naturaleza común necesita protección y cuidado. Por esa razón quisiera intensificar las actividades de la OMS relacionadas con la ética y, como ha dicho el Director General de Sanidad de los Estados Unidos de América, David Satcher, velar por que nuestra ética sea tan buena como nuestra ciencia.

Así pues, nos preparamos para prestar más apoyo a los Estados Miembros en cuestiones de salud y ética, a fin de contribuir a que se vele por la ética en el ámbito de la salud pública y de las investigaciones sanitarias. También abordaremos los aspectos éticos de las ciencias biomédicas, incluso los de los trabajos sobre el genoma humano, las investigaciones sobre embriocitos indiferenciados y la clonación. La iniciativa se vinculará con otros organismos del sistema de las Naciones Unidas, en particular la UNESCO. Al comienzo dependerá directamente de mí. Espero con interés los planes con el Consejo Ejecutivo y, el año próximo, con la Asamblea de la Salud.

Señora Presidenta:

Todo nuestro trabajo está destinado a los países, pero sólo una parte del mismo se realiza en los países. Sin embargo, el trabajo a nivel de país es decisivo y nuestros representantes en los países ocupan un lugar central en todos nuestros desvelos.

Estamos resueltos a fortalecer la capacidad de los equipos de la OMS en los países que más nos necesitan para que estén en mejores condiciones de contribuir a la obtención de resultados de salud mejores y más equitativos. Los representantes en los países y las Oficinas Regionales desempeñarán una función central a ese respecto. Aprovecharán nuestra experiencia reciente en el establecimiento de estrategias de cooperación con diversos países y cultivarán lazos eficaces con las iniciativas mundiales adoptadas a fin de respaldar la acción a nivel de país.

La labor de las Oficinas Regionales de la OMS y los departamentos que se hallan en la Sede se resume en la estrategia institucional de la Secretaría de la OMS acordada por los Estados Miembros en 1999. Esta es la base del Programa General de Trabajo para 2002-2005.

En 2000, la Secretaría estableció un Presupuesto Estratégico por Programas en el que se identificaron 35 áreas de trabajo en toda la Organización. Éstas sirvieron de base para determinar los resultados previstos, los hitos, las actividades y la asignación de los recursos ordinarios y extrapresupuestarios para el bienio 2002-2003.

Durante los próximos meses colaboraré con los Directores Regionales a fin de determinar un conjunto de prioridades mundiales que propondremos para el bienio siguiente, es decir 2004-2005. Nos inspiraremos en las deliberaciones que celebrarán ustedes en este Comité Regional. Mis propuestas se presentarán luego al Consejo Ejecutivo cuando éste se reúna en Ginebra en enero de 2002.

Señora Presidenta:

Como profesionales de la salud, los retos que hoy día tenemos ante nosotros son mayores que nunca. Estamos unidos en la lucha contra la pobreza y la inequidad y estamos intensificando nuestra respuesta. Sabemos que las medidas encaminadas a enfrentar el terror, el hambre y las enfermedades exigirán decisiones sensatas y respuestas delicadas. Las necesidades de acción humanitaria ya están en aumento y es de prever que aumentarán aún más.

La Secretaría de la OMS responderá lo mejor posible a las expectativas legítimas de todos - dondequiera que vivan, independientemente de sus creencias, sean ricos o pobres, mujeres, niños u hombres -, de maneras que reflejen nuestro respeto fundamental por la dignidad y el potencial de todas las personas en todo lugar. Esto es lo que todos esperan de nuestra Organización y de las profesiones de las cuales somos representantes.

Les deseo muy fructíferos adelantos en el importante programa de esta semana y en el del año venidero.

Muchas gracias.

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