Este año es un año de esperanza.
La salud de la población es objeto de intenso debate
público.
Una vida con salud es ya el objetivo central del
desarrollo.
La salud es el tema de numerosos editoriales,
reuniones cumbre, asambleas populares y debates parlamentarios.
Se han prometido nuevos recursos y están empezando a
aparecer.
Nuevas fórmulas de asociación están aportando un
apoyo esencial a la acción emprendida en los países.
El personal de la OMS está trabajando con mayor ahínco
todavía.
La contribución de la sociedad civil es vital y
bienvenida. Buscamos la manera de apoyarnos en ella.
La participación del sector privado va
evolucionando, con nuevos y apasionantes jalones: acceso a nuevos
medicamentos a precios inferiores.
Nuevos medicamentos para la enfermedad del sueño, y
nuevas vacunas. Combinación de fármacos contra el paludismo. El precio
del tratamiento de las personas infectadas por el VIH está bajando.
Estamos aumentando el ritmo. El movimiento hacia un
mayor acceso a una asistencia sanitaria que salva vidas es ya imparable.
Así pues, al comienzo de esta 54ª Asamblea Mundial
de la Salud, hay nuevas razones para ser optimistas. Estamos trabajando
juntos con renovada energía. Con una nueva voluntad de actuar. Con la
determinación de emprender rutas inexploradas para lograr resultados.
La demanda de medidas eficaces es cada vez más
intensa.
Nuestro reto fundamental consiste en responder a los
miles de millones de personas cuyo potencial se ve tan cruelmente
frustrado por la mala salud evitable.
¿Cuál es la mejor manera de convertir esta nueva
energía, este nuevo interés y este nuevo compromiso en resultados
sanitarios equitativos, de cumplir nuestro compromiso colectivo de
lograr resultados?
La presente Asamblea constituye una oportunidad de
compartir experiencias, de definir nuevas medidas, y de adherirmos a
esta causa.
Acuerdo político sobre la necesidad de intensificar
la acción
Señor Presidente:
Todos sabemos que una buena salud es vital para el
desarrollo económico y social. Los responsables de tomar decisiones
clave - en el gobierno, en el sector privado y en la sociedad civil -
reconocen más cada vez que unas personas, comunidades y sociedades
sanas son cruciales para el futuro bienestar de las naciones y de
nuestro planeta. Se considera que la salud de una sociedad es uno de los
principales requisitos previos del desarrollo de sus miembros.
Se ha producido un cambio real en las ideas vigentes
sobre el desarrollo. Se tiene una nueva conciencia del estado en que se
encuentra la salud en el mundo.
Cincuenta años después de demostrarse la correlación
existente entre el tabaco y la mala salud, los decisores han llegado a
comprender por fin la verdadera amenaza mundial que representa el
tabaco. No sólo en las naciones ricas sino también entre la gente
pobre, en todos los lugares. Para quien mayor es la amenaza es
para la nueva generación en las naciones en desarrollo. Morirán más
por culpa del tabaco que por cualquier otra causa, y los sistemas de
salud no podrán hacer frente a la larga y costosa asistencia que será
necesaria.
Tras una labor de persuasión de treinta años
empieza a cobrarse conciencia en los más altos niveles de decisión, en
todos los lugares, de las funestas consecuencias sociales y económicas
que producen enfermedades tales como el paludismo y la tuberculosis en
las comunidades más pobres. Después de quince años de análisis, de
predicción y de una intensa labor de fomento, los estragos causados por
el VIH son ya evidentes para todos.
Y, por fin, el mundo se está percatando de la enorme
carga que representan las enfermedades mentales y los trastornos neurológicos:
aplicando los conocimientos de que hoy se dispone podemos reducir el
estigma, mejorar la calidad de la vida de millones de personas y
ayudarlas a aumentar su productividad.
El reto consiste ahora en responder a esta creciente
percepción pública de las profundas desigualdades existentes en
materia de salud: entre quienes disfrutan de buena salud, y se sienten
dueños de su destino, y los millones más cuyas vidas se ven
estropeadas por enfermedades graves.
Cuando hablan en público, por la radio o la televisión,
a través de Internet o en el parlamento, los responsables de tomar
decisiones reconocen cada vez más lo preocupante que es la actual
situación sanitaria para gran número de sus conciudadanos. Saben que
existen soluciones. Que se dispone de intervenciones. Que se conocen las
estrategias para mejorar la situación. Saben también cuál es la mejor
manera de aplicarlas. Pero reconocen que debe hacerse mucho más si se
desea acabar con las desigualdades. Buscan el compromiso y los recursos
necesarios para conseguirlo.
Nos encontramos hoy ante una oportunidad sin
precedentes para la salud mundial. Debemos actuar ahora, pues en
cualquier momento puede dejar de existir esta oportunidad que hoy se nos
abre.
No podemos esperar otra década mientras el VIH/SIDA
afecte a un número creciente de personas en África, China, la India,
la ex Unión Soviética y Europa oriental. Si no intervenimos ahora, se
propagará aún mucho más la tuberculosis farmacorresistente, que
necesitará costosos tratamientos, difíciles de suministrar. Las
terapias contra el paludismo habrán perdido su eficacia al aumentar las
cepas farmacorresistentes.
Cambio de los métodos de trabajo de la OMS
Señor Presidente:
Estos tres últimos años nos hemos concentrado en la
labor encaminada a afinar las estrategias de la OMS y reforzar su
contribución a la salud y al bienestar.
Cuando tomé posesión de mi cargo, en julio de 1998,
dije que el programa de acción mundial en pro de la salud era demasiado
ambicioso para una sola entidad. Para trabajar con eficacia, necesitamos
unir nuestras fuerzas. Desde entonces nos hemos abierto a diferentes
sectores del gobierno, a la sociedad civil, a gremios profesionales, a
la comunidad de investigadores, a fundaciones y a organismos
bilaterales, favoreciendo el establecimiento de lazos de asociación
intensos y debidamente orientados.
Mejorar el acceso a las vacunas y la inmunización.
Hacer que retroceda el paludismo. Detener la tuberculosis. Ayudar a
reducir la infección por el VIH. Acelerar el acceso al tratamiento del
SIDA. Hacer frente a la epilepsia y a la mala salud mental. Erradicar la
poliomielitis. Eliminar la lepra y el gusano de Guinea. Mejorar la salud
de niños y adolescentes. Reducir los riesgos del embarazo. Disminuir
los traumatismos. Mejorar la inocuidad de los alimentos. Elaborar
sistemas de salud eficaces. Todo esto se ha conseguido mediante los
lazos de asociación.
Dentro de cada fórmula de asociación, la OMS
conserva sus valores fundamentales y su integridad. Los objetivos son
siempre los mismos: mejorar los resultados sanitarios y promover la
equidad en la salud. Los lazos de asociación nos han permitido aumentar
considerablemente el alcance de nuestra acción y operar cambios reales.
Hace dos años, cuando presenté el presupuesto de la
OMS para el bienio actual, me comprometí a hacer que la OMS trabajara
de manera diferente. Seleccionando las prioridades y reduciendo el apoyo
a los programas no prioritarios, o incluso suprimiéndolos. Concentrando
los recursos en las prioridades y reduciendo los gastos administrativos.
Mejorando nuestra capacidad para trabajar juntos, estratégicamente,
tanto a nivel de país como a nivel mundial, y aumentando nuestros
ingresos para hacer esto posible.
Elaboramos una estrategia institucional y preparamos
un presupuesto por programas estratégico. La próxima etapa consistirá
en intensificar la acción en los países, en el contexto de estrategias
de cooperación de país, de manera que reflejen las necesidades e
intenciones de los Estados Miembros y las prioridades mundiales
acordadas para la acción sanitaria.
Todo nuestro personal trabajó con ahínco para
aumentar la eficiencia y centrar mejor su labor: para asegurarse de que
la OMS obtiene el mayor rendimiento posible de las inversiones
realizadas en la acción sanitaria mundial, dondequiera que sea.
Se han reconocido nuestros esfuerzos: las
contribuciones voluntarias para las actividades de la OMS han aumentado
un 40% en 2000.
Todavía tenemos que invertir más en nuestra
tecnología de la información, de forma que podamos saber en tiempo
real dónde se obtienen los ingresos y se realizan los gastos, y
demostrar la existencia de una clara correlación entre los fondos
proporcionados y los resultados conseguidos. Esto será más fácil en
el próximo bienio, pues vamos a programar por áreas de trabajo en toda
la Organización.
Tenemos que aceptar la realidad del financiamiento
voluntario. A menudo, los fondos se proporcionan sobre una base anual y
están estrictamente vinculados a un uso particular. Como no siempre
puede asegurarse la continuidad de este tipo de financiamiento, a menudo
nos vemos obligados a recurrir a personal por corto plazo, lo cual pone
a dura prueba nuestras políticas de recursos humanos.
La utilización de todos los recursos dentro de las
áreas de trabajo, en toda la Organización, se revisará por primera
vez en la Reunión de las Partes Interesadas que, en su nueva modalidad,
se celebrará en junio, cada año.
La semana pasada designé un nuevo Director Ejecutivo
para la Administración General de la OMS, alguien que posee una amplia
experiencia tras los complejos desafíos administrativos a que ha tenido
que hacer frente con ocasión de la reforma del sistema de las Naciones
Unidas. He decidido también aumentar la categoría profesional del
Director de Recursos Humanos, que pasará a ser miembro del Gabinete. La
persona seleccionada ayudará a llevar adelante las reformas emprendidas
en el sector de los recursos humanos y se encargará de mejorar el
programa de desarrollo del personal, así como de la importante tarea de
asegurar el enlace con las dinámicas y constructivas Asociaciones del
Personal en toda la Organización.
El 1998, tras el análisis que realizamos de los
sistemas administrativos de la OMS, se estimó que las funciones de la
gestión financiera y del personal debían racionalizarse y
normalizarse, acercándolas más a los programas técnicos en las
Regiones y en Ginebra. Se crearon unidades de apoyo administrativo en
cada uno de los grupos orgánicos de Ginebra. Esta innovación ha sido
apreciada por los programas y en general ha resultado ser eficaz. Sin
embargo, una auditoría interna ha puesto de manifiesto la necesidad de
proseguir la normalización de los procedimientos, y estamos
introduciendo ya los cambios correspondientes.
Capacidad y contribución de los equipos de país
Durante el año transcurrido, los Directores
Regionales y yo hemos reforzado la capacidad de todas las partes de la
Organización para trabajar como una sola entidad. En marzo convoqué la
segunda reunión de Representantes de la OMS aquí en Ginebra. Estuvimos
de acuerdo en que había llegado el momento de centrar nuestros
esfuerzos en aumentar la capacidad y la contribución de nuestros
equipos de país. Las Oficinas Regionales han examinado su capacidad
para apoyar los programas de país y han establecido nuevos programas
interpaíses. El recién constituido Grupo Mundial de Gestión del
Programa, que incluye a los directores de gestión de programas de cada
Región, llevará adelante esta labor, junto con los Directores
Regionales.
Presupuesto
Un tema importante de la Asamblea de la Salud de este
año será el examen del proyecto de presupuesto por programas para
2002-2003. Es un instrumento clave en el proceso de reforma hacia una
OMS unitaria, un presupuesto que servirá para apuntalar el plan estratégico
de la OMS para el próximo bienio.
La preparación de este presupuesto es muy diferente
del de 2000-2001, en varios aspectos: en primer lugar, se ha preparado
con un verdadero espíritu de colaboración entre las Oficinas
Regionales y Ginebra; en segundo lugar, aplica los principios de una
presupuestación basada en resultados mediante la identificación de los
resultados previstos y los indicadores del desempeño para todas las áreas
estratégicas de la Organización; y, en tercer lugar, ha sido
enteramente revisado, por primera vez, por los Comités Regionales antes
de ser transmitido al Consejo Ejecutivo.
A lo largo de los tres últimos años hemos tratado
de aumentar la eficacia y la eficiencia del trabajo de la OMS con un
presupuesto ordinario en disminución. Hemos realizado amplias economías
y reorientado los recursos hacia los programas prioritarios. Las
demandas de financiación con cargo al presupuesto ordinario - para
nuestra administración, nuestros programas básicos, nuestras funciones
normativas y nuestros programas en los países - son intensas.
Este año invitamos a la Asamblea a tener en cuenta
los incrementos netos de nuestros costos y a considerar la posibilidad
de aumentar en un 1,9% el presupuesto ordinario para el bienio
2002-2003, es decir, en US$ 16 millones. Prevemos también un aumento de
US$ 10 millones por concepto de ingresos varios que a mi juicio se
necesita para atender determinadas prioridades seleccionadas, en relación
con el proceso de reforma emprendido en la Organización. Un ejemplo es
la inversión que se precisa para reforzar la capacidad y la contribución
de nuestros equipos de país.
La Organización tiene que hacer frente también a
demandas imprevistas. Por ejemplo, durante el año transcurrido los
Estados Miembros le han pedido mayores esfuerzos para evaluar las
posibles repercusiones sanitarias de la utilización de uranio
empobrecido en las municiones. Hemos solicitado financiamiento
extrapresupuestario para realizar las actividades y las investigaciones
de apoyo indispensables sobre el terreno particularmente en los Balcanes
y en los Estados del Golfo. La respuesta - de Francia y Suiza - ha sido
grandemente apreciada, pero es muy inferior a lo que se necesita para
financiar este trabajo. Esperamos que aumente en los próximos meses.
Pruebas científicas y desempeño de los sistemas de
salud
Señor Presidente:
Hace tres años señalé la necesidad de hacer mayor
hincapié en la obtención de una sólida base de datos científicos
para la acción sanitaria mundial. Se dirigió la atención inicialmente
a identificar y cuantificar las diversas razones por las que se pierden
años de vida sana en diferentes países, a determinar qué
intervenciones son eficaces en diferentes contextos y a estandarizar los
medios por los que se elaboran y difunden las directrices.
Durante los dos últimos años hemos adoptado
principios análogos en la elaboración de métodos para analizar y
comparar el desempeño de los sistemas de salud en todo el mundo.
Establecimos los objetivos y funciones deseables de los sistemas de
salud nacionales. Preparamos luego un grupo de indicadores para medir el
desempeño de los sistemas de salud y realizamos evaluaciones
cuantitativas del desempeño para todos los sistemas de salud del mundo.
Los resultados se expresaron como índices en el anexo del Informe
sobre la salud en el mundo 2000.
Ha habido un considerable debate público en torno a
los métodos utilizados y los resultados obtenidos. En la 107ª reunión
del Consejo Ejecutivo, en enero, indiqué que la OMS estimularía la
realización de un examen más amplio de estas cuestiones. El Consejo
Ejecutivo abordó este enfoque mediante una resolución.
He establecido ya un grupo encargado de asesorarme
sobre esta importante labor. Estará encabezado por el Dr. Mahmoud
Fathalla, de Egipto, Presidente del Comité Consultivo de
Investigaciones Sanitarias.
Los Directores Regionales y yo hemos llevado adelante
los planes destinados a realizar las consultas regionales e
internacionales que permitirán a la OMS conocer una amplia serie de
opiniones sobre los mejores medios de evaluar el desempeño de los
sistemas de salud y reflexionar al respecto. Las fechas de esas
consultas se situarán entre mayo y julio del presente año.
Voy a establecer asimismo, después del proceso de
consulta técnica, un equipo de expertos para que realice exámenes
colegiados de la metodología adoptada en la evaluación del desempeño
de los sistemas de salud.
Según preveo, las consultas técnicas y los exámenes
colegiados nos permitirán actualizar la metodología y las fuentes de
datos de interés en relación con el desempeño de los sistemas de
salud, lo cual dará lugar a un plan de nuevas investigaciones. Nos
permitirán además elaborar el marco y los indicadores de interés para
la evaluación del desempeño y mejorar la calidad de los datos, como se
indica en la resolución del Consejo Ejecutivo. Las modificaciones
servirán de base para el próximo informe sobre el desempeño de los
sistemas de salud del mundo, que se dará a conocer en octubre de 2002.
Tabaco
Señor Presidente:
Otra importante innovación habida durante los tres
últimos años ha sido el proceso mediante el cual los gobiernos están
negociando un convenio marco para la lucha antitabáquica. La segunda
ronda de este proceso de negociación terminó a principios de este mes
bajo la excelente presidencia del Embajador Amorim. Su primer proyecto
de texto se examinó y debatió largamente. Éste es el proceso normal
de negociación, que proseguirá hasta la próxima reunión, prevista
para noviembre. Confío en que acabaremos teniendo un convenio enérgico
y eficaz, un convenio que podrá ayudar a los países a hacer frente a
la amenaza que representa el tabaco para sus poblaciones.
A medida que vayamos progresando no dejaremos de
tener presente esta alternativa: millones de muertes inútiles y
evitables en todo el mundo cada año. Muertes causadas no por microbios
o virus, sino por una ansia malsana de beneficios. Beneficios para
algunos, que harán pesar sobre las sociedades una carga extremadamente
costosa en tratamientos y en pérdida de productividad. El tabaco supone
un robo para la sociedad. Un robo de vidas y de recursos escasos. El
convenio marco será un instrumento importante para proteger a las
sociedades, especialmente a las pobres, contra semejante pillaje.
Lo diré claramente: el consumo de tabaco es una
enfermedad transmisible. No hay que hacer publicidad del tabaco, ni
hacerlo atractivo, ni subvencionarlo.
Las desigualdades en materia de salud
Señor Presidente:
Vivimos en un mundo en el que siguen aumentando las
desigualdades entre ricos y pobres; un mundo donde sólo unos pocos
privilegiados tienen acceso a los frutos de la revolución tecnológica.
Nuestro reto consiste en poner fin a estas desigualdades. Podemos
lograrlo mejorando el acceso: el acceso a los recursos; el acceso a los
bienes de consumo; el acceso a la información y la tecnología; el
acceso a los sistemas de salud y a las infraestructuras e instituciones
que lo hacen posible.
Reducir las desigualdades en la investigación
sanitaria
Uno de los grandes desafíos consiste en mejorar las
tecnologías disponibles para hacer frente a las enfermedades que
aquejan a las comunidades pobres. Las fuerzas del mercado por sí solas
no crean un entorno propicio para el desarrollo de los bienes de salud pública
elementales que necesita la población más pobre del globo. Ciertamente
no favorecen el suministro de esos bienes a un precio fácilmente
asequible para la gente pobre o para su sistema de salud.
A lo largo de los tres últimos años hemos observado
la vigorosa labor desarrollada por ciertos grupos centrados en la
investigación sanitaria, junto con el personal de la OMS y de otros
organismos de desarrollo, ayudados por los datos de la Comisión sobre
Macroeconomía y Salud. También han intensificado sus esfuerzos las
organizaciones no gubernamentales, los investigadores y el sector
privado. Estamos examinando qué clase de incentivos estimula las
innovaciones que necesitan las comunidades más pobres. Hemos propuesto
métodos alternativos para sufragar el costo de las actividades de
investigación y desarrollo para las enfermedades que conducen a la
pobreza. Estamos viendo ya respuestas imaginativas a estas difíciles
cuestiones.
Hemos aprovechado la experiencia adquirida en los
programas existentes para las enfermedades tropicales, la reproducción
humana y las investigaciones conexas destinadas a poner fin a la
desigualdad de acceso a las tecnologías. Hemos trabajado recurriendo a
vínculos de asociación entre los sectores público y privado para
desarrollar nuevos medicamentos, medios de diagnóstico y vacunas en las
zonas donde hay una necesidad acuciante. En todo momento hemos defendido
los valores éticos en el desarrollo y la aplicación de las nuevas
tecnologías. Hemos estimulado la amplia disponibilidad de éstas para
las comunidades más pobres del planeta.
Hemos empezado a examinar las consecuencias de los
progresos realizados en la genómica y otros campos críticos de la
biotecnología. No hay duda de que ofrecen enormes posibilidades para
mejorar la salud humana.
Los conocimientos básicos sobre el genoma humano son
ya de dominio público, por supuesto. El reto consiste en aprovechar
esos conocimientos y hacer que contribuyan a la equidad en la salud.
Sin embargo, en su mayor parte las investigaciones
biotecnológicas se llevan actualmente a cabo en el mundo
industrializado y responden principalmente a los imperativos del
mercado. Esto es éticamente inadmisible. A menos que cambie esta
tendencia, el desfase de los conocimientos y la tecnología entre países
industrializados y países en desarrollo irá en aumento. No se prestará
la atención que merecen a las necesidades de salud de las naciones
pobres.
Los programas de investigación de la OMS ayudan a
poner fin a ese desfase estableciendo redes internacionales en las que
participan investigadores de todo el mundo colaborando entre sí de
forma tal que la probabilidad de éxito es máxima. Un ejemplo
prometedor de ello es una nueva iniciativa, emprendida en África,
Europa y los Estados Unidos, destinada a desarrollar fármacos contra la
tuberculosis.
El establecimiento de lazos de asociación entre países
es vital para la adecuada utilización de la genómica, así como para
otras disciplinas. Por eso estamos buscando activamente la manera de
lograr la participación de especialistas científicos de los países en
desarrollo en una biotecnología que sea innovadora. Sólo mediante esa
participación podremos aprovechar plenamente los logros sanitarios y
contribuir a la equidad en la salud. La OMS colaborará con los Estados
Miembros en las cuestiones éticas, sociales y jurídicas. El Comité
Consultivo de Investigaciones Sanitarias preparará un informe
previsiblemente sobre algunas de estas cuestiones durante el año próximo.
La información resultante de las investigaciones
debe considerarse un «bien público mundial», de la misma manera que
la tecnología sanitaria. Sin embargo, las desigualdades en el acceso a
la información es un obstáculo para la equidad en materia de salud. La
OMS contribuye a la difusión de la información sanitaria para que ésta
sea de libre acceso y asequible en el mundo entero.
Responder a la falta de recursos
Señor Presidente:
La causa fundamental de las desigualdades en materia
de salud es la escasez de recursos. A ésta se debe que no se haya
aprovechado aún plenamente el potencial de las nuevas fórmulas de
asociación. Durante los tres últimos años, los jefes de Estado han
propugnado coherentemente un aumento rápido y sostenido del volumen de
los recursos invertidos en la salud.
Crece la impaciencia por obtener más recursos y por
que se utilicen de manera eficaz. El Movimiento de los Países No
Alineados hizo una declaración histórica a principios del año actual
a raíz de su reunión, en Sudáfrica, en la que pedía un importante
aumento de los recursos destinados a la salud como prioridad mundial. Se
han hecho numerosos llamamientos análogos por boca de muy diversas
personalidades, en particular los jefes de Estado africanos que por
invitación de la OUA y del Gobierno de Nigeria se reunieron en Abuja el
mes pasado para evaluar la repercusión de la mala salud sobre sus
poblaciones.
En las cumbres celebradas estos últimos años, los
dirigentes políticos han establecido metas y anunciado públicamente su
compromiso para con sus poblaciones: reducir a la mitad la carga que
representan el paludismo y la tuberculosis de aquí a dentro de diez años;
reducir en un 25% el número de infecciones por el VIH; disminuir las
tasas de mortalidad de niños y madres; y reducir el consumo de tabaco.
Se han reiterado estas metas en Abuja; en Durban; en Amsterdam; en
Okinawa; en Bruselas; en Nueva Delhi; en Nueva York con ocasión de la
Cumbre del Milenio, el año pasado.
Este llamamiento en pro de la acción es claro. Se
necesita un esfuerzo masivo. Intensificar la lucha contra los estragos
causados por el paludismo, por el VIH, por la tuberculosis, por las
enfermedades maternas, por el tabaco. Ampliar el acceso a los
medicamentos que salvan vidas. Velar por que los sistemas de salud sean
tan eficaces como debieran, respondiendo a las necesidades de la población
y aumentando la esperanza de vida con salud, y asegurar que se financien
de manera equitativa. Para hacer retroceder las enfermedades que perpetúan
la pobreza habrá que invertir más recursos, invertirlos bien y seguir
muy de cerca el resultado de esas inversiones.
Vemos ya la respuesta que se está dando cuando nos
reunimos aquí esta semana.
Los gobiernos de los países en desarrollo toman
realmente la iniciativa, modificando sus prioridades de gasto para dar
una mayor preeminencia a la salud de sus poblaciones. Pero el grueso de
los nuevos recursos necesarios debe venir de los países ricos.
Las naciones del G8 han dado cada vez más
importancia a las cuestiones de salud en sus cuatro últimas reuniones
anuales, que han culminado con una importante declaración, en Okinawa
el pasado mes de julio, en la que prometieron contribuir más. También
la Unión Europea se ha comprometido de manera importante a hacer más,
y el Sr. Prodi, Presidente de la Comisión Europea, ha mostrado su
impaciencia por ver pronto resultados reales. Los países de la OCDE han
apoyado esta causa activamente. Algunos de ellos han dado a conocer su
intención de asumir pronto compromisos públicos. Muchos más se están
sumando a esta iniciativa.
El Presidente de los Estados Unidos de América señaló
la importancia de la acción sanitaria mundial y de la colaboración con
las Naciones Unidas como organización asociada, con el anuncio hecho el
pasado viernes en presencia del Secretario General de las Naciones
Unidas y del Presidente Obasanjo, de Nigeria, en los jardines de la Casa
Blanca. Los Estados Unidos pueden desempeñar un papel fundamental en
las Naciones Unidas y en el mejoramiento de la salud mundial.
El marco para la acción
Observamos un creciente compromiso hacia un nuevo
marco internacional que vincule la disponibilidad de nuevos recursos con
la manera en que se utilizan.
La primera condición consiste en que haya realmente
un pronunciado aumento de recursos: en Abuja, los jefes de
Estado, junto con los miembros de sus gobiernos y los representantes de
la sociedad civil, hablaron de la necesidad de contar con más recursos.
El Secretario General de las Naciones Unidas mencionó una suma
adicional de US$ 7000 millones al año para el VIH/SIDA. Creo que
debemos prever un aumento progresivo de los fondos de todo origen, tanto
nacional como internacional, hasta un total aproximado de US$ 10 000
millones al año, a fin de costear las inversiones necesarias para hacer
frente al VIH, a la tuberculosis y al paludismo.
Se puede conseguir mucho aumentando las inversiones
por los canales internacionales ya existentes. Las economías
resultantes del alivio de la deuda pueden aportar una notable contribución
a los presupuestos nacionales. Pero también pensamos que es preciso
adoptar alguna nueva fórmula. Hemos trabajado con ahínco para mantener
el impulso necesario en pro de un nuevo fondo internacional.
El Secretario General de las Naciones Unidas, Kofi
Annan, ha tomado ya personalmente la iniciativa propugnando la creación
de un fondo mundial para el SIDA y la salud y coordinando la
contribución de las Naciones Unidas a dicho fondo. La OMS ha colaborado
con los Estados Miembros, con diversos organismos de las Naciones Unidas
y con otras entidades en la preparación de dicho fondo, teniendo en
cuenta los datos producidos por la Comisión sobre Macroeconomía y
Salud.
Dentro del marco para la acción, será preciso
utilizar una proporción importante de los nuevos recursos a fin de
construir los sistemas necesarios en el sector de la salud y otros
sectores para obtener resultados. Esto entraña la necesidad de trabajar
por intermedio de diversos prestadores - públicos, sin fines lucrativos
y privados - con metas claras y con mejores medios para evaluar los
progresos realizados. La OMS intensificará su apoyo a los Estados
Miembros a medida que vayan mejorando y modernizando sus sistemas de
salud.
Seguiremos aprovechando la experiencia obtenida hasta
la fecha, en particular en los movimientos de Atención Primaria de
Salud y de Salud para Todos, así como las iniciativas encaminadas a
reformar el sector de la salud y otros enfoques de ámbito sectorial.
Estamos haciendo más para ayudar a los Estados Miembros a seguir más
de cerca el grado de cobertura, la accesibilidad y la utilización de
los servicios, así como para evaluar la eficacia de los prestadores de
atención sanitaria. Aumentaremos asimismo nuestra capacidad para ayudar
en lo que respecta al financiamiento de la salud y a los recursos
humanos para los sistemas de salud, lo cual ayudará también a hacer
frente a las necesidades de tratamiento de las afecciones crónicas.
Esto será tan importante para el VIH/SIDA y la tuberculosis como para
la diabetes, el cáncer y la esquizofrenia.
Según prevemos, las oportunidades brindadas por la
Tercera Conferencia sobre los Países Menos Adelantados y los próximos
periodos extraordinarios de sesiones de la Asamblea General de las
Naciones Unidas animarán a todos los sectores a examinar cómo pueden
contribuir sus políticas a reducir las desigualdades en materia de
salud. Esto se aplica en particular a la educación, a las finanzas y
los ingresos fiscales, al comercio, al medio ambiente, al gobierno local
y al desarrollo social. Seguiremos favoreciendo los enfoques que
promueven el disfrute efectivo de los derechos humanos por todos.
Dentro de este marco seguiremos estimulando el apoyo
político a largo plazo para intensificar la acción sanitaria,
defendiendo nuestra causa y describiendo los resultados conseguidos a
los responsables de tomar decisiones dentro de los gobiernos y de los
organismos financieros.
Necesitamos nuevos mecanismos para gastar sin demora
y bien, los recursos provenientes del nuevo fondo. Esto entraña la
necesidad de determinar la manera de llevarlos con rapidez, tanto en
efectivo como en especie, adonde puedan contribuir directamente a
mejorar la salud. Me gustaría que las decisiones relativas a las
opciones de los programas y políticas estuvieran basadas en las
realidades nacionales y comunitarias. Los criterios para la asignación
de los recursos deberían basarse en los procesos ya iniciados en los países,
como son las estrategias nacionales para reducir la pobreza; los
organismos de las Naciones Unidas actuarían entonces juntos a través
del Marco de Asistencia de las Naciones Unidas para el Desarrollo. Deberíamos
tomar como base los elementos eficaces de ciertas fórmulas de
colaboración como son las iniciativas «Hacer retroceder el paludismo»,
«Alto a la tuberculosis» y la Asociación Internacional contra el SIDA
en África.
¿Sabemos cómo aportar apoyo con rapidez? Tomemos
como ejemplo la Alianza Mundial para Vacunas e Inmunización. El año
pasado invitamos a los 74 países más pobres a presentar propuestas a
la Secretaría de la Alianza. Antes de que acabara el año empezó a
llegar el apoyo financiero. Las vacunas empezaron a llegar a los países
a principios del año actual. Hasta la fecha han respondido 54 países y
el fondo ha recibido promesas de contribución por un importe de US$ 375
millones.
Las fórmulas de asociación innovadoras están
mostrando el camino. Nos han indicado la manera de proceder y están
preparadas para intensificar su acción.
A medida que vaya aumentando el número de países
participantes en el desarrollo de un fondo mundial para el SIDA y la
salud se necesitará la colaboración entre los Estados Miembros de la
OMS. Necesitan oportunidades para entablar debates pormenorizados y
francas discusiones. Creo que los delegados van a aprovechar la
oportunidad que brinda la presente Asamblea, centrándose tal vez en la
recaudación de recursos, en la manera de utilizarlos y en los medios
indispensables para seguir de cerca los resultados. Examinaré los
progresos realizados en una reunión informal de información mañana a
la hora del almuerzo. La OMS puede desempeñar un papel importante en
dicho fondo, y les ruego que me aconsejen para seguir mejorando esta
función.
Es una suerte que el Secretario General de las
Naciones Unidas tenga planeado venir aquí el jueves para decirnos cómo
ve los futuros progresos y los pasos siguientes. El Consejo Ejecutivo de
la OMS examinará, la semana próxima, la participación de la OMS en la
ampliación de la acción sanitaria. Durante las próximas semanas se
celebrarán probablemente amplias consultas sobre el fondo para el SIDA
y la salud, en las que participarán numerosos Estados Miembros.
VIH/SIDA
Señor Presidente:
El VIH es el mayor reto sanitario de nuestro tiempo.
Es vital trabajar juntos para hacer frente con eficacia a la epidemia.
Se necesita una respuesta mucho mejor.
En estrecha coordinación con otros copatrocinadores
del ONUSIDA, la OMS está intensificando sus esfuerzos para desempeñar
el papel que le corresponde en la acción contra el VIH/SIDA. Lo hace
gracias a su excelencia normativa, prestando apoyo técnico y
movilizando recursos adicionales. Lo hace respondiendo a las peticiones
de ayuda de los Estados Miembros para prevenir la infección y mejorar
el acceso a la asistencia para las personas afectadas por el VIH. Basa
su acción en las mejores pruebas científicas, en actividades conjuntas
y en la necesidad de lograr resultados duraderos.
De hecho nos esforzamos incansablemente por obtener
mejores resultados sanitarios. Éstos son esenciales para mejorar la
suerte de nuestros pueblos y la salud de nuestras economías.
Estamos respondiendo a los urgentes llamamientos en
pro de una acción intensificada, provenientes de los jefes de Estado y
del Secretario General de las Naciones Unidas, de la sociedad civil y de
la comunidad internacional:
- Nos concentramos en las necesidades de los jóvenes ayudando a
mejorar su acceso a las medidas preventivas, en particular
preservativos y microbicidas, información y servicios para otras
infecciones de transmisión sexual;
- Nos esforzamos más por asegurar la prevención de la transmisión
del VIH de las madres a sus hijos;
- Promovemos una respuesta global, mejorando el acceso a los
consejos y pruebas voluntarios, la inocuidad de la sangre y la
seguridad de las prácticas de inyección, así como un mejor acceso
a la asistencia y el apoyo a las personas afectadas por el VIH, en
particular la gestión de las infecciones oportunistas y de la
tuberculosis y su tratamiento con compuestos antirretrovíricos.
Prestamos especial atención a las necesidades de los agentes de
salud;
- Invertimos ampliamente en las investigaciones destinadas a
determinar las mejores opciones para la prevención, el diagnóstico
y la asistencia;
- Apoyamos a las comunidades en las que ha causado estragos el VIH,
particularmente entre los niños que se han quedado huérfanos;
Dentro de la OMS, nuestra tarea vital consiste en
determinar la manera de aumentar al máximo la eficacia de las
intervenciones disponibles en diferentes contextos nacionales. Deseamos
contribuir a asegurar que todos los sistemas de salud, en todas partes,
intensifiquen sus esfuerzos y capaciten a las personas para afrontar
mejor el VIH. Si los sistemas de salud no pueden hacerlo, resultará prácticamente
imposible contener la propagación del VIH.
Al comienzo del año pasado dije claramente lo que
pensaba sobre las desigualdades en lo que respecta al acceso a las
terapias que prolongan la vida. Pregunté por qué se privaba a tantos
millones de personas de la esperanza que sólo podían abrigar unos
pocos afortunados. La oferta de tratamiento aumentará las pruebas de
detección del VIH. Ese aumento es indispensable para la eficacia de las
estrategias de prevención. Debemos crear una espiral positiva de
esperanza.
En este esfuerzo, las personas infectadas por el VIH
son poderosos asociados.
Durante el año transcurrido ha cambiado
espectacularmente el cariz de la epidemia.
Las personas afectadas por el VIH/SIDA y los grupos
de promoción han reforzado el debate público. La OMS, junto con otros
organismos del sistema de las Naciones Unidas, ha proporcionado apoyo técnico
para la adopción de medidas eficaces. Las empresas farmacéuticas
responden al llamamiento de las Naciones Unidas reduciendo los precios
de los medicamentos para tratar a las personas infectadas por el VIH.
La nueva realidad plantea un reto difícil para
muchos gobiernos. El reto de establecer prioridades, de la capacidad, de
la equidad, de llegar a un equilibrio entre las expectativas del público
y los recursos.
Muchos comentaristas han dicho que el ritmo del
cambio ha sido demasiado lento durante el año transcurrido. Pero nadie
nos dará las gracias si, en nuestro apresuramiento, promovemos tipos de
asistencia que no son seguros o son inclusos peligrosos. Estamos
trabajando duramente, con los Estados Miembros y otras partes
interesadas, para establecer sistemas de salud que ofrezcan una
asistencia que sea inocua y sostenible, además de asequible. Para la
OMS, esto entraña la necesidad de dejar bien claro cuál es la mejor
manera de proporcionar, en los entornos donde se dispone de escasos
recursos, las pruebas diagnósticas y los servicios de laboratorio, los
medicamentos antirretrovíricos y otros tratamientos.
Debemos ser responsables y realistas, pero esto no
significa que no podamos empezar a mejorar rápidamente el acceso al
tratamiento. En todos los países del mundo existe ya la capacidad de
llegar por lo menos a algunas personas afectadas por el VIH para
prestarles una mejor asistencia médica. A medida que vaya mejorando
nuestra experiencia podremos ampliar esa capacidad.
Debemos hacer también lo que podamos para establecer
una financiación coherente: sería trágico que las personas que
comenzaron una terapia antirretrovírica se vieran obligadas a
abandonarla por haberse agotado los fondos. Unos buenos sistemas y un
financiamiento sostenido crearán nuevas fuerzas en el mercado. Estoy
segura de que el costo de una triterapia antirretrovírica eficaz podría
reducirse aún mucho más.
He dicho sin rodeos lo que pienso sobre la necesidad
absoluta de que los sistemas de salud intensifiquen sus actividades de
prevención. Tomemos nota del ejemplo que nos da su país, señor
Presidente. Camboya tuvo que hacer frente a una epidemia de VIH que fue
extendiéndose con rapidez a lo largo de la década de 1990. Los
vigorosos esfuerzos emprendidos por su Gobierno para combatir el
VIH/SIDA se apoyaron en una política nacional destinada a promover la
utilización del preservativo al 100%, mediante una campaña de salud
bien organizada y gracias a la acción coordinada de otros sectores. Las
tasas de infección por el VIH han seguido una tendencia descendente en
los últimos años. Por ejemplo, la tasa de infección por el VIH entre
los jóvenes profesionales del sexo - los menores de 20 años - bajó de
más del 40% en 1998 al 23% en 2000.
Medicamentos esenciales
Señor Presidente:
Los debates en torno al acceso a los medicamentos
esenciales - pero caros - han dado lugar a llamamientos en pro de la
revisión del concepto de medicamento esencial. Desde 1977 la OMS ha
venido actualizando la lista modelo de los medicamentos esenciales que
deben utilizarse en contextos tanto nacionales como institucionales.
Ahora, más de 150 Estados Miembros tienen sus propias listas nacionales
de medicamentos esenciales.
No es fácil mantener esas listas. Es mucho lo que
está en juego, habida cuenta de la posibilidad de mejorar los
resultados sanitarios, de la necesidad de contener los costos de la
atención de salud, y de los distintos intereses comerciales. Es
esencial que este proceso sea abierto y claro para todos y esté basado
en los principios aceptados del análisis científico. Quisiéramos que
el proceso de selección utilizado por la OMS sirviera de modelo para
todos los Estados Miembros.
Cuando se reúna el Consejo Ejecutivo la semana próxima
recibiré un resumen de las propuestas relativas a un nuevo proceso
destinado a actualizar las listas de medicamentos esenciales. Después
de la reunión del Consejo, todos los Estados Miembros - y luego una
amplia serie de asociados, entre ellos diversos organismos de las
Naciones Unidas, el Banco Mundial, los miembros de los cuadros de
expertos de la OMS, las organizaciones no gubernamentales y la industria
farmacéutica - podrán examinar esas propuestas con detenimiento y
aportar su contribución.
Se realizarán nuevas consultas durante la Reunión
de Partes Interesadas de la OMS en junio de 2001 y mediante un foro de
discusión en Internet a fin de reducir gastos y lograr una mayor
participación. Después de un nuevo examen interno en la OMS, en el que
intervendrá el Comité de Expertos en Uso de Medicamentos Esenciales,
propondré un nuevo proceso al Consejo Ejecutivo a tiempo para su reunión
de enero de 2002.
De este modo conseguiremos que la Lista Modelo de
Medicamentos Esenciales siga siendo guía y referencia clave para los
Estados Miembros en su labor encaminada a asegurar el acceso a
medicamentos de importancia vital para todos cuantos los necesiten.
Alimentación del lactante
Señor Presidente:
Hace exactamente 20 años, en 1981, esta Asamblea
adoptó el Código Internacional de Comercialización de Sucedáneos de
la Leche Materna. Por lo menos 170 Estados Miembros están aplicando
este instrumento innovador. Lo están utilizando como plataforma básica
para la acción encaminada a mejorar la nutrición del lactante y del niño
pequeño.
El año pasado emprendí la labor relativa a una
nueva estrategia mundial en pro de la alimentación del lactante y del
niño pequeño, destinada a establecer un marco para intensificar la
acción. Esa labor se ha guiado por dos principios: en primer lugar, la
estrategia debe centrarse en la ciencia y en datos probados, y, en
segundo lugar, en su desarrollo debe participar una amplia serie de
partes interesadas. Se ha iniciado un proceso de consultas dentro de las
Regiones de la OMS y se van a celebrar seis consultas más de aquí al
mes de octubre. Se basarán en las experiencias de más de 100 Estados
Miembros. La estrategia propuesta se presentará al Consejo Ejecutivo y
a la Asamblea de la Salud en 2002.
Hace más de un año encargué un examen científico
sistemático de todo lo publicado sobre la duración óptima de la
lactancia materna como alimentación exclusiva. La labor analítica fue
examinada en una consulta de expertos aquí en Ginebra a finales de
marzo.
Sobre la base de esos datos, exhorto a los Estados
Miembros a proteger, promover y apoyar la lactancia natural como
alimentación exclusiva durante seis meses como recomendación de salud
pública mundial.
Por supuesto, tenemos que ver cuál es la mejor
manera en que los agentes de salud pueden responder a las necesidades
específicas de los lactantes cuyas madres no tienen la posibilidad de
alimentarlos al pecho durante seis meses o deciden no hacerlo. Muchas
madres necesitan ayuda para nutrir de manera óptima a sus hijos. La
experiencia acumulada parece indicar que, para ello, se debe mejorar el
estado de nutrición de las mujeres a fin de reducir el retraso del
crecimiento intrauterino; prevenir la malnutrición de los lactantes por
carencia de micronutrientes en las zonas con alta prevalencia de dicha
carencia; y asegurar un mejor acceso a la atención primaria de salud
para los lactantes.
Ahora que estamos elaborando una nueva estrategia
mundial en pro de la alimentación del lactante y del niño pequeño,
adoptemos este análisis minucioso y basado en datos científicos,
estimulando su aplicación de una manera que permita atender las
necesidades de todos los lactantes del mundo, donde quiera que se
encuentren.
Poliomielitis
Señor Presidente:
Dije antes que ha llegado el momento de actuar. Se
nos presenta una verdadera oportunidad, que desaparecerá pronto si no
actuamos con energía. Me refiero a la erradicación de la
poliomielitis.
En los 24 últimos meses hemos realizado enormes
progresos. En este periodo, el número de países infectados por la
poliomielitis ha disminuido de 50 a menos de 20. En octubre del año
pasado, la Región del Pacífico Occidental fue declarada exenta de
poliomielitis. Y para finales de 2000 se habían notificado menos de
3500 casos en todo el mundo. Esto representa una disminución del 99%
desde que la Asamblea de la Salud resolvió en 1988 erradicar la
poliomielitis.
A pesar de los enormes progresos realizados hasta la
fecha, lo acaecido en varias Regiones durante los 12 últimos meses nos
recuerda cuán frágiles son esos logros.
Un brote originado por un poliovirus de origen
vacunal en la Isla Española el año pasado subraya en particular la
necesidad de planificar cuidadosamente el «asalto final» contra la
poliomielitis, y la manera de mantener el mundo exento de esta
enfermedad. La OMS está encabezando actualmente un programa de trabajo
que definirá opciones concretas, y someterá un informe al respecto a
la Asamblea de la Salud en una fase ulterior.
Nos queda aún por realizar una ardua tarea. Prevenir
los últimos 3500 casos de poliomielitis quizás sea tan difícil como
eliminar los otros 346 500. A nivel de país, nuestro reto mayor
consiste en asegurar actividades de vigilancia y de inmunización de
alta calidad contra la poliomielitis.
A nivel mundial, la mayor amenaza para esta histórica
meta es un déficit de recursos que asciende a US$ 400 millones. Sin
dinero no podremos acabar el trabajo.
Ahora, cuando el final está a la vista, es fácil
vacilar. Tal vez nos digamos «¿qué representan unos pocos casos de
poliomielitis en comparación con todas las demás enfermedades contra
las que estamos luchando?» Pero los recientes brotes - así como la
experiencia habida con otras enfermedades que en una época anterior
estaban casi erradicadas pero que han reaparecido ahora - muestran que
la disyuntiva es o todo o nada. No podemos cejar en nuestros esfuerzos
ahora.
Contribuyendo a la erradicación de la poliomielitis
están contribuyendo ustedes también a mejorar los sistemas de salud en
el mundo entero. La OMS trabajará dentro de la Alianza Mundial para
Vacunas e Inmunización para asegurar que los recursos gastados hoy en
la erradicación de la poliomielitis beneficien a los programas de
inmunización y a los sistemas de salud hasta un lejano futuro.
Inocuidad de los alimentos
Señor Presidente:
Hace diez años la inocuidad de los alimentos no era
una cuestión problemática para la población general. Los casos de
contaminación química y microbiológica tenían carácter local, y así
ocurría también con la información sobre ellos. En los países
industrializados, se daba por sentado en general que los alimentos eran
inocuos, y en muchos países en desarrollo las enfermedades de transmisión
alimentaria se clasificaban a menudo junto a otras enfermedades
asociadas a la pobreza, como el paludismo. Existen, sin ninguna duda, «desigualdades
en materia de inocuidad de los alimentos».
La situación actual es muy diferente. Hoy día la
inocuidad de los alimentos constituye una de las mayores prioridades
tanto para los consumidores como para los productores y los gobiernos,
con toda seguridad en Europa, pero cada vez más en todo el mundo.
Las pruebas científicas disponibles muestran
claramente que los principales problemas de inocuidad de los alimentos
no son los brotes espectaculares de que se hacen eco los medios de
comunicación, sino el vasto número de casos esporádicos que tienen
lugar. Las enfermedades transmitidas por los alimentos representan un
ingente problema de salud mundial.
Millones de niños mueren cada año de diarrea, en su
mayoría porque consumen alimentos y agua contaminados por
microorganismos patógenos. En los países industrializados, se estima
que la tercera parte de la población sufre algún tipo de enfermedad
transmitida por los alimentos cada año, y el número de casos mortales
podría ser de hasta 20 por millón.
Contemplando el vasto campo de la inocuidad de los
alimentos desde la posición estratégica de la Organización Mundial de
la Salud, distingo tres grandes retos para proteger la salud del
consumidor:
- Debemos reconocer que los sistemas que empleamos para garantizar
la inocuidad de los alimentos no son todo lo adecuados que creíamos.
Debemos reevaluarlos exhaustivamente, desde la granja hasta la mesa;
- Debemos asegurar un nivel razonable de inocuidad de los alimentos
aplicable en todo el mundo, y ayudar a todos los países a alcanzar
ese nivel; y
- Debemos desarrollar normas globales para la aprobación previa a
la comercialización de los alimentos genéticamente modificados, a
fin de asegurar que estos nuevos productos no sólo sean inocuos,
sino también beneficiosos para los consumidores.
Si queremos garantizar la inocuidad de los alimentos
a nivel mundial, es preciso que los países en desarrollo intervengan
como actores clave. Así, es muy importante que esos países participen
en el proceso de establecimiento de normas internacionales, por ejemplo
en la Comisión del Codex Alimentarius. Y los países industrializados
tendrán que reconocer que, en su propio interés, conviene que así sea
cuanto antes.
El pasado año la Asamblea Mundial de la Salud aprobó
una resolución en la que se reconocía que la inocuidad de los
alimentos es un aspecto fundamental de la salud pública. La OMS está
siguiendo la resolución en colaboración con la FAO, así como en la
Comisión FAO/OMS del Codex Alimentarius. Durante el último año, los
recursos que la OMS ha invertido en esta área de trabajo han aumentado
sustancialmente. Pero se necesitan con urgencia fondos y conocimientos técnicos
adicionales para promover la inocuidad de los alimentos y proteger así
la salud y la capacidad comercial de muchos países de bajos ingresos.
Salud mental
Señor Presidente:
Este año el Día Mundial de la Salud se ha dedicado
a la salud mental. Muchos países y comunidades lo han celebrado bajo el
lema «Sí a la atención, no a la exclusión».
El reto que hemos asumido está claro. Debemos
combatir la estigmatización y los daños que ocasiona. Debemos trabajar
para acabar con la violación de los derechos humanos básicos de los
pacientes, especialmente de los albergados en las grandes instituciones
psiquiátricas. Y debemos reducir la tremenda brecha existente entre el
número de personas que están enfermas y el número de las que
realmente se benefician del tratamiento que necesitan.
Podemos trasladar al mundo un mensaje de optimismo.
Existen tratamientos eficaces. La prevención y la detección precoz
permiten reducir espectacularmente la carga de enfermedades. Como
veremos hoy, las familias de quienes sufren problemas mentales, así
como sus comunidades locales, pueden desempeñar un papel fundamental.
Con el apoyo necesario, pueden ayudar a los pacientes a luchar para
recuperar su plena salud mental y reintegrarse en la sociedad.
La tarea que nos espera consiste en integrar la
atención de salud mental y la prevención correspondiente en los
servicios generales de salud. Es preciso que quienes hayan de ser
hospitalizados puedan permanecer en hospitales ordinarios junto con
otros pacientes afectados por trastornos físicos, en lugar de quedar
aislados en instituciones especiales, ignorados y temidos.
Este año el Día Mundial de la Salud ha dado
esperanza a millones de personas que lo han celebrado en miles de
lugares en todo el mundo. Esa esperanza está justificada por el cambio
que puede palparse, un cambio de las percepciones y de la realidad.
Hemos de saber mantener este impulso.
El Informe sobre la salud en el mundo del próximo año
se centrará en los «Riesgos para la Salud». Propongo que el tema del
Día Mundial de la Salud 2002 sea «Preparados para la salud». Se trata
de dar especial notoriedad a las alternativas de que disponen los
individuos y comunidades para influir en su propia salud y bienestar.
Emergencias complejas
Señor Presidente:
Seguimos preocupados por la actual situación de
inseguridad y sufrimiento que se observa en África occidental, en Gaza
y la Ribera Occidental, en el Afganistán y en otras zonas conflictivas
del mundo. Seguiremos trabajando incansablemente en pro de la paz
mundial, y contribuyendo de forma práctica a las condiciones que
propician mejoras de la salud para todo mundo.
Preocupaciones de las asociaciones de consumidores
Señor Presidente:
Numerosas asociaciones nos han comunicado su
frustración porque no se pone más empeño en promover resultados
sanitarios equitativos. Han logrado una amplia cobertura para sus
opiniones respecto al alcance del convenio sobre el tabaco, o en lo
referente a la relación entre los derechos de propiedad intelectual y
el acceso a los medicamentos esenciales. Se han interesado por el
potencial que encierra el mayor conocimiento del genoma humano, y por
los peligros a ello asociados. Han explicado con detalle la relación
entre el deterioro del medio y la salud humana. Han señalado a la
atención las necesidades sanitarias específicas de las mujeres y los
niños. Han hablado de la necesidad de realizar inversiones mucho
mayores en la investigación de los problemas de salud que más afectan
a los pobres. Y se han referido también a la participación de las
entidades privadas en la acción sanitaria internacional.
Es fundamental que esas opiniones sean expresadas nítidamente
en un debate abierto y transparente. Sin embargo, no está nada claro
que la OMS deba abogar por una opción u otra en todos esos debates.
No es tarea de la OMS tomar partido, a menos que -
como en el caso del tabaco - una determinada perspectiva entrañe
claramente un aumento de los problemas de salud y del sufrimiento. Al
mismo tiempo, la OMS tiene una función vital que desempeñar en lo que
respecta a informar los debates de salud, analizar las pruebas científicas
disponibles, determinar las mejores orientaciones normativas y favorecer
el consenso al respecto.
En todas las alianzas entre el sector público, la
sociedad civil y el sector privado, quisiéramos que se alcanzara el
equilibrio óptimo de poder, representación e influencia que permitiese
lograr los resultados sanitarios mejores y más sostenibles posible. Con
ese fin, fomentaremos una relación más estrecha entre los responsables
de dirigir la acción sanitaria y los grupos de la sociedad civil. Por
ejemplo, he estudiado la declaración del pasado año de la Asamblea de
la Salud de los Pueblos, y espero enterarme de más cosas al respecto
esta semana. Y el pasado viernes lancé una nueva iniciativa para
reforzar los vínculos entre la OMS y la sociedad civil, iniciativa cuyo
desarrollo vigilaré estrechamente.
En el mundo del siglo XXI, el sector privado en todos
los Estados Miembros desempeña un papel de relieve, no sólo como
productor de artículos de primera necesidad, sino también por su labor
en el desarrollo de la tecnología y el conocimiento. Así pues, debemos
conseguir que algunas entidades privadas participen en el esfuerzo
encaminado a promover la salud en el mundo. Valoramos su contribución y
creemos que su función es importante.
Hay un gran potencial de colaboración entre
distintas partes para esta buena causa. Pero al mismo tiempo debemos
definir claramente nuestros distintos papeles y el modo en que esos
papeles conforman y limitan nuestras aportaciones. Es necesario que
comprendamos debidamente ese aspecto para que nuestra colaboración sea
productiva y evitemos los conflictos de intereses.
Por ejemplo, el mes pasado la OMS y la OMC celebraron
un taller en Noruega sobre precios diferenciales y financiación de
medicamentos esenciales. Los debates mostraron que los grupos de países
industrializados y países en desarrollo, los grupos de empresas farmacéuticas,
tanto las dedicadas a la investigación como los fabricantes de
medicamentos genéricos, y las ONG fueron capaces de encontrar vías de
colaboración. Mostraron que pueden estar de acuerdo en que se necesita
un sistema de precios diferenciales, basado en la igualdad, para
medicamentos y otros productos farmacéuticos clave.
El taller de Noruega tuvo como telón de fondo una
controversia jurídica entre varias empresas farmacéuticas y el
Gobierno de Sudáfrica en materia de disposiciones legales para mejorar
el acceso a medicamentos que son fundamentales para salvar vidas. Creo
que reina una sensación generalizada de alivio tras el arreglo de un
conflicto muy polémico que afecta a la vida y el futuro de muchas
personas. La OMS facilitó al Gobierno de Sudáfrica información técnica
sobre las cuestiones pertinentes y está contribuyendo al diálogo
sostenido entre todas las partes en otras instancias.
Conclusión
Señor Presidente, estimados colegas:
El futuro de la reducción de las diferencias en
materia de salud depende de la medida en que sepamos mostrar un
liderazgo colectivo.
Depende de nuestra capacidad para colaborar mejor.
Depende de que se establezcan asociaciones sólidas
que permitan a todas las personas tener acceso a servicios esenciales,
de sólida base técnica y de calidad para prevenir, además de tratar,
el sufrimiento.
Durante esta Asamblea debatiremos muchas cuestiones
espinosas.
Pero debemos ir más allá de los debates para
encontrar nuevas formas de trabajar que nos permitan llevar a cabo
nuestra misión vital. Sólo entonces podrán las esperanzas de hoy
convertirse en realidad en el futuro.
No tenemos elección: el bienestar de las
generaciones venideras depende de cómo actuemos hoy.
Muchas gracias.