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Muchas gracias a todos quienes han resaltado la
importancia de esta reunión. Ampliamente utilizada, nuestra red ha sido
desarrollada y mejorada. Ha puesto más claramente de manifiesto las
decisivas cualidades de todos nuestros colaboradores, dondequiera que
estén. La calidad de los debates y de las aportaciones de los
participantes es hoy mucho más evidente que cuando nos reunimos por
última vez hace dos años. Nuestra capacidad para compartir y entender
las funciones y las aportaciones de cada uno nos ha ayudado a avanzar.
En mi intervención al comienzo de esta reunión, les
hablé de cómo los últimos acontecimientos han cambiado profundamente
las condiciones en que trabajamos. Nuestra labor es considerada ahora
más importante que nunca. Este mayor predicamento conlleva más
responsabilidades y nuevos retos. Durante los últimos años el esfuerzo
exigido a quienes trabajamos en la OMS, y en la familia de las Naciones
Unidas en general, ha aumentado considerablemente. Se espera de nosotros
que sepamos responder, colaborando con los gobiernos y con otros
asociados de las Naciones Unidas.
Se nos pide que actuemos cada vez más como
promotores y negociadores de una salud mejor. Esto supone trabajar con
una amplia gama de aliados a nivel nacional.
Reitero lo que dije al principio: las operaciones de
la OMS en los países son un aspecto vital de nuestro trabajo; son
decisivas para el éxito de nuestros esfuerzos por conseguir mejoras
equitativas en la salud de la población. Dije que quería confiar en
que los gobiernos nacionales, la sociedad civil, las entidades privadas
y los demás aliados para el desarrollo reconocen que el asesoramiento y
el apoyo de la OMS son esenciales para toda su labor sanitaria.
Por ello, me complace que hayan aprovechado ustedes
la ocasión para empezar a analizar la manera de imprimir eficacia a las
operaciones de la OMS en los países.
Han hablado ustedes de credibilidad organizacional.
Yo prefiero hablar de nuestra fuerza, basada en que seguimos reflejando
los principios que sustentan todo nuestro trabajo: respetar las pruebas
científicas, contribuir a propagar lo que funciona, proyectarnos al
exterior, centrarnos en los pobres y los desfavorecidos, y trabajar con
los demás aliados de las Naciones Unidas como una sola organización.
También tenemos que reexaminar los énfasis de nuestro trabajo a nivel
nacional, para asegurar que todas esas actividades tengan la máxima
eficacia.
Han subrayado ustedes algunos de los nuevos
énfasis: la labor de los equipos en los países como enlaces,
asesores e intermediarios, con mecanismos más robustos para colaborar
con los ministerios de salud, con otros sectores, con las instituciones
de desarrollo bilaterales y multilaterales, con las organizaciones no
gubernamentales y con la sociedad civil.
Han explicado ustedes en detalle la necesidad de equipos
fuertes en los países que reflejen el nuevo perfil y atiendan la
demanda a nivel nacional: la necesidad de una combinación idónea de
aptitudes, la exploración de distintas estrategias, incluida la
contratación nacional e internacional, los traslados temporales y los
programas de formación y perfeccionamiento de los colaboradores.
Han señalado ustedes la necesidad de asegurarnos de
que los sistemas de gestión incorporen nuevas prácticas de trabajo,
como el proceso reorientado de preparación del presupuesto por
programas, las estrategias de cooperación en los países, los avances
de la tecnología de la información y la colaboración con los demás
asociados para el desarrollo. Se han referido ustedes a la necesidad de
una autoridad adecuada, en particular una autoridad en la gestión de
las finanzas y del personal.
También han mencionado la necesidad de un programa
sostenible y estructurado para desarrollar la competencia técnica
de los equipos de los países.
Permítanme unas breves reflexiones sobre lo que he
oído.
Todos ustedes están entregados a causas
humanitarias, a la equidad y al desarrollo de nuestra organización,
para que podamos cumplir lo que se espera de nosotros. Siento que entre
todos nosotros hay una solidaridad extraordinaria. Tenemos que
aprovecharla. Naturalmente, espero que siga habiendo reuniones
mundiales, pero vinculadas a las reuniones regionales, que alimentan el
proceso, y al Grupo de Gestión del Programa Mundial. En los intervalos
entre las reuniones nos centraremos en los temas principales,
analizándolos a fondo, y así podremos avanzar.
Quiero cerciorarme de que todos trabajemos para
conseguir una organización más fuerte y más eficaz. Para ello
hace falta excelencia técnica, énfasis en la ciencia, mayor
sensibilidad al ambiente político y mayor objetividad. Trabajamos con
todos los países (grandes o pequeños), no sólo con unos pocos
selectos. Necesitamos perspectivas y estrategias comunes, pero
respetando la diversidad de las naciones y los pueblos, sus distintas
necesidades, los problemas humanitarios particulares que afrontan y las
prioridades que nos comunican.
Así pues, a medida que evolucionamos, nuestra política
y estrategia de toda la organización incorporará un análisis continuo
de las opciones disponibles para reforzar la presencia en los países,
el enfoque de la cooperación en los países y unos equipos de país
mejor pertrechados. En el análisis se abordarán los problemas
implicados, las repercusiones en materia de recursos y las realidades
institucionales. Se invitará a los representantes de la OMS a que
participen en el análisis a título individual y en grupos especiales
de trabajo.
En el análisis se estudiarán las inversiones
necesarias en los equipos de los países y las opciones para acceder a
estos recursos, por ejemplo mediante organismos de desarrollo
bilaterales, fundaciones, etc. Una vez finalizado el análisis,
examinaremos la posibilidad de aplicar un enfoque piloto en algunas
oficinas de país, y estudiaremos las distintas opciones.
Mientras tanto, puedo asegurarles que se seguirá
trabajando en la elaboración de estrategias de cooperación en los
países en un marco más amplio de la potenciada Unidad de Análisis
y Ayuda para los Países, que colaborará estrechamente con las oficinas
regionales.
Estudiaremos las alternativas disponibles para
conferir más autoridad a los representantes de la OMS, procurando
vincularla a un proceso de desarrollo de las aptitudes a medida que
asuman nuevas responsabilidades. También estudiaremos las posibilidades
de transferencia interregional de representantes de la OMS.
Les he oído hablar de las condiciones de servicio y
de las categorías. Como comprenderán, no hay soluciones sencillas.
Hemos de avanzar basándonos en un análisis detenido de las
responsabilidades, la autoridad, los controles y las posibilidades, a
medida que desarrollamos nuevos sistemas de gestión y de tecnologías
de la información.
Pediré al Grupo de Gestión del Programa Mundial que
empiece a pensar en la manera de impulsar todo esto cuando se reúna el
lunes.
Tomo nota de sus observaciones sobre las
posibilidades y los problemas que surgen al trabajar con los organismos
hermanos de las Naciones Unidas y con otros asociados para el
desarrollo. Tendré presentes sus observaciones y sus inquietudes cuando
viaje a Nairobi el domingo por la mañana para asistir a las reuniones
del Comité de Coordinación entre Organismos y del Grupo de las
Naciones Unidas para el Desarrollo. Sin embargo, no se prevé una
programación conjunta en un futuro próximo.
Se celebrará pronto la Asamblea Mundial de la Salud.
Será una reunión importante, en la que se prestará especial atención
al presupuesto, a aspectos técnicos como la alimentación del lactante
y del niño pequeño y el acceso a los medicamentos esenciales, al
tabaquismo y a otros problemas mundiales, y a las posibilidades de
ampliar nuestra acción colectiva para combatir el VIH.
Los representantes de la OMS y los oficiales de
enlace tienen una función importante que desempeñar en todo este
trabajo. Los equipos en los países son nuestro punto fuerte y son
cruciales para abordar los grandes problemas que afectan a toda la
Organización. Son un elemento fundamental del equipo de una OMS
unitaria. Creo que convendría que encontraran ustedes oportunidades
para informar a las delegaciones sobre los antecedentes de las
cuestiones que se plantearán en la Asamblea, como algunos de ustedes ya
han señalado.
Al comienzo de esta reunión les dije que cuando
visito los países observo que los gobiernos confían en ustedes,
embajadores de la OMS. Todos ustedes son la imagen pública de la OMS y
el alter ego de los Directores Regionales y de mi persona. Y eso
es algo que valoramos muchísimo.
Soy consciente de que muchos de ustedes trabajan en
condiciones difíciles. Lo han demostrado algunas experiencias recientes
en Somalia.
Desafortunadamente, algunos de ustedes, demasiados
para mí, se retirarán en los próximos dos años y dejarán la OMS.
Representan ustedes varios centenares de años de experiencia, y de
dedicación a nuestra Organización, y quisiera darles las gracias en
nombre de todos nosotros. Han servido bien a la Organización, a sus
colegas y a las poblaciones del mundo. Desearía agradecérselo
personalmente.
A todos ustedes, muchas gracias, salud, y buena
suerte.
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