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Representantes de la OMS,
Oficiales de Enlace,
Directores Regionales,
Directores de Gestión de
Programas,
Colegas:
Me complace
verlos a todos ustedes en Ginebra.
Las operaciones de la Organización Mundial de la
Salud en los países son un aspecto fundamental de nuestras actividades.
Son esenciales para el éxito de todas las iniciativas que tienen por
objeto lograr una mejora equitativa de la salud de la población. Espero
que los gobiernos nacionales, la sociedad civil, las entidades privadas
y otros asociados para el desarrollo reconozcan que el asesoramiento y
el aval de la OMS son esenciales para todas las actividades sanitarias
que lleven a cabo.
Tanto los Directores Regionales como yo queremos
estar seguros de que las oficinas de la OMS, tanto las regionales como
la de Ginebra, presten el mayor apoyo posible a los equipos de país,
para que éstos puedan desarrollar su decisiva labor en unas condiciones
óptimas y para que ese buen desempeño resulte patente.
Las operaciones de la OMS en los países serán el
tema central de nuestras actividades esta semana. Todos los
Representantes de la OMS y los Oficiales de Enlace en los países se
reúnen con los colegas de las oficinas regionales y de la Sede para
hallar juntos el mejor modo de lograr que las operaciones de la OMS en
los países sean más eficaces. Se trata de una verdadera oportunidad, y
todos debemos procurar aprovecharla como es debido.
Estimados colegas:
Durante los dos años transcurridos desde nuestra
primera reunión de Representantes de la OMS han cambiado muchas cosas.
Nuestros esfuerzos conjuntos para que la comunidad
internacional prestara más atención a los asuntos sanitarios han dado
fruto. Los Jefes de Estado de todas las naciones han dejado claro que
sus pueblos no pueden participar plenamente en el desarrollo social y
económico si están enfermos. Han hecho de la salud un tema central del
programa de desarrollo internacional. Nos han pedido a nosotros, el
personal de la OMS, que les ayudemos a responder a las profundas y
nocivas consecuencias de la infección por el VIH, a la destrucción
constante de la vida que provoca el consumo de tabaco, a los riesgos -
tanto observados como reales - de los alimentos insalubres, y a la
pérdida constante de vidas que causan los embarazos peligrosos y la
mortalidad materna. Nos piden que analicemos las cuestiones, que las
evaluemos científicamente y que participemos en las respuestas. Nos
piden que les ayudemos a promover mecanismos intergubernamentales más
adecuados para tratar los riesgos del tabaco, aplicar los reglamentos
sanitarios o hacer frente a los alimentos insalubres.
Actualmente, la salud se ha consolidado como parte
del programa de diversas agrupaciones políticas de alto nivel, como la
Organización de la Unidad Africana, el Movimiento de los Países No
Alineados, la ASEAN, la Unión Europea o el G8. Se dice que la buena
salud es fundamental para el desarrollo humano. Se la considera clave
para la prosperidad.
La salud fue uno de los temas centrales del periodo
extraordinario de sesiones de la Asamblea General de las Naciones Unidas
sobre el Desarrollo Social, celebrada en junio de 2000, y,
posteriormente, de la Cumbre del Milenio de septiembre. Los Jefes de
Estado se adhirieron, en nombre de sus países y en el suyo propio, a
las metas sanitarias nacionales y mundiales, así como a tomar medidas
para mejorar los resultados sanitarios de cuantos estén en riesgo, a
fin de mejorar la capacidad de las personas de ganarse la vida y
aprender, producir y contribuir a la seguridad humana.
El G8 y la Unión Europea han empezado a considerar
la reducción de la mortalidad por VIH/SIDA, tuberculosis y paludismo
como un objetivo político importante; de ahí se está pasando
rápidamente a darle la importancia que merece a la creación de unos
sistemas de salud que funcionen mejor, al fortalecimiento de la
capacidad para una acción de salud pública y a la promoción
intersectorial de los resultados sanitarios mediante la acción en otros
sectores.
He trabajado mucho para lograr un aumento de los
fondos destinados a la acción sanitaria internacional a lo largo de los
próximos 10 años. Los primeros indicios son prometedores, pero sé que
mediará un lapso entre las conversaciones sobre los nuevos fondos - e
incluso las promesas de aportarlos - por una parte, y la llegada de los
mismos. Buena parte del dinero se concederá en forma de donaciones,
pero no debemos desincentivar el recurso a los préstamos de bajo
interés que conceden el Banco Mundial y los bancos regionales de
desarrollo aplicando las condiciones de la AIF, especialmente cuando
esos fondos se utilizan para multiplicar aquellos de que ya se dispone.
El aumento del interés de la opinión pública
guarda relación, en parte, con la necesidad de asegurar que quienes
precisan atención para la infección por el VIH puedan acceder a ella a
un precio asequible. El objetivo principal ha sido bajar los precios de
los medicamentos antirretrovíricos: una cuestión importante que sigue
suscitando un vivo debate público. Pero todos sabemos que el principal
reto consiste en crear unos sistemas de salud que beneficien a quienes
los necesitan y en lograr que los países hallen los recursos humanos y
financieros necesarios para el funcionamiento de los sistemas. También
sabemos que, a pesar de que los precios han bajado rápidamente, muchos
países de bajos ingresos siguen sin poder permitírselos. Un mayor
acceso también exigirá financiación adicional. Además, debemos
asegurarnos de que la importancia que ahora se da a la atención vaya
acompañada de un mayor esfuerzo por prevenir la infección.
Las nuevas circunstancias han cambiado
sustancialmente el medio en que se desarrolla nuestro trabajo. Éste se
considera más importante que nunca: ya no son sólo los ministros de
salud quienes piden que la OMS los asesore y los oriente. Los primeros
ministros, los presidentes, los ministros de finanzas, incluso los de
comercio, cada vez se preocupan más por los problemas sanitarios de sus
países.
Un mayor prestigio provoca un aumento de las
responsabilidades y plantea nuevos imperativos. Desde hace unos años,
las expectativas con respecto a cuantos pertenecemos a la OMS, y con
respecto a otros miembros del sistema de las Naciones Unidas, han
aumentado considerablemente. Se espera de nosotros que respondamos,
trabajando de consuno con los gobiernos y con otros asociados de las
Naciones Unidas.
A continuación citaré los principios fundamentales
del trabajo que todos llevamos a cabo, donde quiera que sea:
- La base de datos
: las políticas y las acciones en pro de la
salud deberían regirse por los mejores datos disponibles;
- La necesidad de ampliar las acciones eficaces
: debemos velar
por que las personas tengan acceso a las intervenciones sanitarias de
probada eficacia que precisan, y mejorar el desempeño de los sistemas
de salud en lo relativo a la disponibilidad de dichas intervenciones;
- La importancia de abrirse al exterior
: debemos rebasar los
límites de nuestra propia Organización y trabajar satisfactoriamente
con otras partes que compartan nuestros mismos valores;
- La pobreza como objetivo principal
: debemos recordar siempre
los problemas que afectan a los pobres y a quienes les atienden;
- La necesidad de trabajar todos a una
: nuestra capacidad de
operar cambios reales aumenta enormemente si las diversas partes de la
OMS trabajan como un todo coherente.
Estos principios repercuten en todas nuestras
actividades.
- Los gobiernos y otros organismos esperan de nosotros que
entendamos perfectamente las cuestiones relacionadas con el sector
sanitario, pero también esperan que entendamos el contexto
político e institucional en que deben abordarse;
- Siempre se espera que nuestro asesoramiento sea de gran calidad y
digno de crédito; pero también se espera que hagamos uso de
nuestra autoridad técnica para reunir a otras partes a fin de que
determinen entre todas la mejor salida posible ante cualquier
circunstancia;
- Se espera que apliquemos los conocimientos más actualizados y que
establezcamos normas pertinentes y realistas, pero también se
espera que modifiquemos nuestras orientaciones para que reflejen las
verdaderas necesidades de las poblaciones de nuestros Estados
Miembros.
Cada vez más, se nos pide que propugnemos una mejora
de la salud y que negociemos para conseguirla. Ello implica conciliar
las cuestiones que preocupan a los Estados Miembros con las de los
organismos externos que contribuyen al desarrollo sanitario y económico,
teniendo en cuenta los intereses del sector privado, de las ONG y de la
sociedad civil, así como de las asociaciones profesionales. Cada vez
más, se nos pide que establezcamos de qué manera pueden los gobiernos,
los organismos externos y el sector privado trabajar juntos en pro de la
salud, y que utilicemos nuestros escasos fondos de modo que puedan
operarse los mejores cambios posibles en el contexto en cuestión.
De vez en cuando nos resulta difícil llegar a un
acuerdo sobre las formas de cooperación entre la OMS, otros miembros
del sistema de las Naciones Unidas, los bancos de desarrollo, los
donantes bilaterales o las ONG. El hecho de que otros se nieguen a
participar en el debate no puede servirnos para excusar la incoherencia,
aunque estemos convencidos de que no ha sido culpa nuestra. Tenemos que
poner mayor empeño en el intento y buscar todas las formas posibles de
lograr nuestro cometido. Cuando exista un verdadero problema, el
Director Regional o uno de los Directores Ejecutivos pueden ser de
ayuda.
En la OMS hemos trabajado con ahínco para dar con
las alternativas que han de permitirnos responder mejor a ese tipo de
exigencias.
Hemos querido disponer de una base de datos más
sólida para el análisis del funcionamiento de los sistemas de salud
del mundo. Queremos ayudarles a mejorar sus métodos de trabajo.
Hemos estudiado en profundidad los fines generales de los sistemas de
salud y las opciones para evaluar su desempeño.
Como muchos de ustedes sabrán, el Consejo Ejecutivo
ha debatido el trabajo de la OMS en esta esfera. He propuesto que se
celebren nuevas reuniones consultivas sobre los métodos y las fuentes
de los datos, que se lleve a cabo un examen colegiado del sistema, y que
un grupo me asesore sobre la manera de llevar adelante este tipo de
trabajo. Todo ello se aprobó en una resolución del Consejo Ejecutivo.
Debemos proseguir los trabajos en curso mientras tienen lugar las
reuniones consultivas y se realizan los exámenes, a fin de que todas
las partes en cuestión dispongan de la máxima información posible
para sus deliberaciones.
Las alianzas del tipo Hacer Retroceder el
Paludismo y Alto a la tuberculosis nos han permitido reunir a
diversos asociados a nivel nacional, bajo la dirección de los gobiernos
nacionales. Las alianzas mundiales han ayudado a los asociados a crear
estrategias coherentes y plataformas de promoción sólidas.
En estas alianzas se acepta de buen grado a la OMS
como representante de los organismos técnicos, especialmente a nivel
nacional. También se la valora por facilitar orientación técnica y
por encontrarse en una situación óptima para vigilar los progresos.
Ello quiere decir que la OMS sigue manteniendo unas relaciones
excelentes con los grupos dedicados a la investigación y los programas
nacionales en materia de paludismo, tuberculosis y otras esferas
actuales de la salud. El reto consiste, en todo momento, en velar por
que los elementos mundiales, regionales y nacionales de las alianzas
funcionen armónicamente. Los equipos de la OMS en los países están
siendo fundamentales para velar por que así sea y ayudar a los
asociados a colaborar eficazmente.
Nuestros equipos de país han sido vitales para
catalizar las iniciativas nacionales para la reducción del nivel y las
consecuencias del consumo de tabaco. Hemos trabajado todos juntos
para lograr que los países entiendan la lógica del Convenio Marco para
la Lucha Antitabáquica y hemos alentado a los diferentes sectores de
los gobiernos que se interesan por esa cuestión a asumir posturas
coherentes.
También hemos trabajado conjuntamente para que la
contribución de la OMS a las respuestas mundiales, así como nacionales
y comunitarias, a la infección por el VIH, sea más importante y
precisa. Actualmente, estamos en mejores condiciones de consolidar esa
contribución con un nuevo y convincente planteamiento del conjunto de
la OMS con respecto a las intervenciones en la esfera del VIH/SIDA, que
correrá por cuenta del nuevo departamento de Ginebra y al que mi
Oficina dedicará el máximo empeño.
Hemos trabajado juntos para ayudar a los países a
acceder a los recursos con que podían contar para intensificar sus
actividades en materia de vacunación. En el contexto de la Alianza
Mundial para Vacunas e Inmunización se han logrado progresos reales
y concretos. Es menester mantener los logros y velar por que los
comités de coordinación interorganismos nacionales puedan llevar a
cabo sus actividades satisfactoriamente. Al mismo tiempo, hemos
colaborado para mantener el compromiso político en pro de la erradicación
de la poliomielitis y para asegurar que el trabajo se lleve
adelante, especialmente en los entornos inestables. La erradicación de
la poliomielitis constituye una prioridad mundial fundamental y no
debemos relajarnos simplemente porque parezca atisbarse el final.
Los principios subyacentes y las pautas que van
percibiéndose en nuestro trabajo se han formulado en la estrategia
institucional de la OMS. La estrategia nos ayuda a entender qué es lo
que tenemos que hacer y cómo tenemos que hacerlo.
Todos ustedes conocen las cuatro orientaciones
estratégicas de la estrategia constitucional:
- Reducir la mortalidad excesiva de las poblaciones pobres y
marginadas.
- Hacer frente con eficacia a los principales factores de riesgo de
enfermedad.
- Reforzar los sistemas de salud para que sean eficaces, capaces de
responder y justos.
- Velar por que las políticas de desarrollo de todos los sectores
contribuyan, del mejor modo posible, a mejorar la salud.
Esas orientaciones impregnan nuestro nuevo Programa
General de Trabajo, nuestra labor diaria de determinación de
prioridades y, lo que no es menos importante, nuestro presupuesto.
Ayudan a quienes financian nuestras actividades a entender cómo se
articulan éstas. Nos ayudan a todos a planificar nuestra labor y a
evaluar los resultados obtenidos.
No cabe duda de que la estrategia institucional es la
esencia del presupuesto para 2002-2003. Para prepararlo hemos empleado
un nuevo procedimiento. Un procedimiento en el que desde el principio
han participado las regiones y la Sede. Un procedimiento que presenta
los resultados previstos para el conjunto de la Organización. Un
procedimiento que ha permitido que el documento sobre el presupuesto
general fuera examinado por primera vez por los comités regionales. Un
procedimiento que, por sí mismo, ha contribuido enormemente a unir a la
Organización.
El presupuesto de la OMS se centra actualmente en la
programación de 35 áreas de trabajo. Se han determinado las metas
internacionales deseables de cada una de las áreas de trabajo, con
frecuencia replanteando las metas que expusieron los Estados Miembros en
las conferencias internacionales o en la Asamblea Mundial de la Salud.
Seguidamente, en el documento del presupuesto se detalla lo que tiene
previsto hacer la OMS en cada área de trabajo para contribuir al logro
de dichas metas. Se proponen resultados previstos e indicadores de los
logros.
La elaboración de este presupuesto ha constituido
una experiencia nueva para todos nosotros. Hemos ido aprendiendo
mientras lo preparábamos. Creo que ahora contamos con un instrumento
mejor para el logro de resultados y para demostrar a los demás a qué
aspirábamos y qué hemos conseguido.
Como bien saben, el proceso de preparación de los
programas de país está ahora más próximo al momento de su
aplicación. Mientras procedemos a realizar una planificación
operacional detallada para el próximo bienio se plantea la necesidad de
debatir las estrategias y las prioridades con las autoridades
nacionales. Mañana nos ocuparemos de los pormenores de esta cuestión,
pero hay un asunto que querría compartir ahora con ustedes.
Cuando el año pasado escribí a los Directores
Regionales para orientarles acerca de la preparación del proyecto de
presupuesto, dije que eran demasiados los países en los que las
actividades de la OMS se repartían en un sinfín de áreas y
programas dispersos. De ese modo se limita y se fragmenta el efecto de
nuestra contribución. También se dificulta la gestión debido a la
existencia de gran número de programas más pequeños.
Por todo ello, querría que durante la elaboración
de los programas de país de 2002-2003 determináramos mejor los puntos
centrales de nuestro trabajo limitando el número de las actividades
programáticas en todos los países. Me gustaría que esta semana
estudiasen ustedes cómo puede aprovecharse mejor el presupuesto de la
OMS asignado a los países para ayudar a éstos y a otros asociados a
hacer realidad las 11 áreas prioritarias que se definen en el
presupuesto estratégico. ¿Cómo podemos utilizar más
estratégicamente los recursos de la OMS?
Estimados colegas;
Como ya saben ustedes, uno de mis principales
objetivos ha sido fomentar el desempeño institucional a nivel de país.
Para ello se precisa, como mínimo, una descripción
clara de la estrategia de la OMS, como marco en el que desarrollar todas
las actividades a nivel de país. También es menester fomentar una
colaboración más estrecha entre las diversas partes de la
Organización a la hora de abordar los nuevos problemas. Un instrumento
para promoverlo, la Estrategia de Cooperación en los Países,
constituye un marco a medio plazo que se ha formulado con una
perspectiva temporal de tres a cinco años.
La Estrategia de Cooperación en los Países se
debatirá detalladamente esta semana. Se basa en los principios que
deben orientar las actividades de la OMS en los países y las que
realice conjuntamente con ellos. Debemos promover una mayor coherencia
interna y responder mejor a las necesidades de los países; ser más
selectivos y reducir nuestras prioridades; hacer más hincapié en
nuestro papel de asesor en materia de políticas, árbitro y
coordinador; ampliar y desarrollar alianzas a nivel de país y colaborar
con otros organismos de desarrollo complementándonos los unos a los
otros, partiendo de nuestras ventajas comparativas.
Esta semana tenemos la oportunidad de escucharnos los
unos a los otros, de aprender de las experiencias ajenas, de compartir
las realidades de trabajar en países cuyas situaciones son diversas y
de debatir cómo podemos mejorar nuestro trabajo en común para promover
las acciones prioritarias para la salud mundial. Queremos que los
países logren resultados duraderos a partir de sus inversiones en
salud, haciendo buen uso de los recursos tanto nacionales como
internacionales, y frutos que redunden en el bienestar y la prosperidad
de las comunidades y las naciones.
Nosotros, la OMS, tenemos una misión muy importante.
Además, se espera de nosotros que la cumplamos. No se trata de un reto
sencillo. De los Representantes de la OMS en los países se espera que
sean asesores en materia de políticas, diplomáticos, gestores y
defensores de la salud publica. Como asesores, con frecuencia los
Representantes tienen que plantear verdades espinosas que nadie quiere
oír. Al contrario que muchos otros organismos que se ocupan de la
salud, no dispondremos de grandes ayudas en nuestro apoyo. La única
razón para la que los gobiernos sigan nuestros consejos es la calidad
de nuestro asesoramiento.
He observado la extraordinaria incidencia que han
tenido las actividades de los equipos de la OMS en los países a nivel
nacional. Es tan impresionante como alentadora. La OMS realmente ayuda a
los demás a operar grandes cambios.
He oído y he visto cómo los funcionarios de salud
nacionales y locales - de Côte d'Ivoire, la India, el Irán, el
Pakistán, Nigeria, la Federación de Rusia, Indonesia, Timor Oriental o
Mozambique - confían en los equipos de la OMS en los países para
obtener asesoramiento y orientación válidos y actualizados.
He experimentado lo variado y difícil que puede ser
su jornada laboral, así como las difíciles circunstancias en las que
trabajan muchos de ustedes.
Y ante todo, he compartido su entusiasmo al observar
resultados tangibles. Es bueno recordar qué suponen en la práctica los
resultados sanitarios. También comparto con ustedes la frustración y
la decepción que se sufren cuando las cosas no van tan bien.
Reconozcámoslo, desde la Sede no siempre les hemos
facilitado el trabajo. Cuando el año pasado publicamos el Informe sobre
la salud en el mundo, en el que se hacía una innovadora
clasificación del desempeño de los sistemas de salud, la insuficiencia
de la información y el poco tiempo con que se les avisó los colocó a
muchos de ustedes en una situación difícil. Somos conscientes de los
problemas que les causamos y hemos aprendido la lección.
Naturalmente, nuestros equipos de país sólo podrán
ser eficaces si disponen de los instrumentos y de un entorno adecuado
para realizar su trabajo. Es de nuestra responsabilidad colectiva
facilitarles a ustedes los elementos de información y el apoyo
indispensables para asumir esta difícil función. Es por eso por lo
que, en mi opinión, no podemos quemar etapas. Trabajamos juntos, a
nivel de oficinas de país, para determinar la mejor manera de aumentar
nuestra eficacia. Pero deberemos determinar cuál es la mejor manera de
apoyar los esfuerzos de los países con nuestro trabajo en Ginebra y a
nivel regional.
Deseo estar segura de que mantenemos un diálogo
amplio, abierto e intenso entre todas las partes de la Organización.
Cuando haya dudas, deberemos comunicarnos aún más. Si no estamos
seguros de que nuestro mensaje llega a su destino, debemos enviarlo de
nuevo. El equipo de país de la OMS tiene que saber siempre qué están
planificando las demás partes de la red para «su» país o lo que
hacen con éste.
Estimados colegas:
Como he dicho antes, la atención del público se ha
centrado recientemente, como nunca hasta ahora, en la cuestión de la asistencia
a las personas que viven con el VIH. Se ha iniciado un fascinante
proceso en el que la sinergia entre las presiones del público, la
atención de los medios informativos, la voluntad política, las fuerzas
del mercado y la colaboración entre los organismos de las Naciones
Unidas y las compañías farmacéuticas ha permitido alcanzar algunos
resultados extraordinarios. La acusada reducción de los precios de
algunos de los medicamentos antirretrovíricos y de las pruebas
diagnósticas ha abierto más amplios horizontes. Estamos ya avanzando
rápidamente hacia el triunfo de un principio fundamental de la salud
pública: el abastecimiento de medicamentos esenciales basado en las
necesidades y no en el poder adquisitivo.
La Organización Mundial de la Salud y la
Organización Mundial del Comercio celebrarán una reunión conjunta
dentro de dos semanas en Noruega. Representantes de las compañías
farmacéuticas, de algunos gobiernos, del mundo universitario y de la
sociedad civil se reunirán para examinar las modalidades prácticas de
la aplicación de precios diferenciados para los medicamentos vitales.
No se podrá adoptar ninguna decisión en esa reunión, pero preveo que
se van a sentar las bases para un enfoque más sistemático con miras a
reducir los precios de los medicamentos en los países pobres dentro de
unos meses, y no dentro de años.
Esta mayor prioridad a los medicamentos y a la
asistencia para las principales enfermedades que afectan a los países
pobres nos van a imponer a todos nosotros nuevas exigencias. Hay que
precisar mejor los límites jurídicos de los derechos de patente
mediante la colaboración entre las organizaciones nacionales e
internacionales pertinentes. Se pondrá a prueba la capacidad de los
gobiernos para establecer y respetar criterios de calidad para los
nuevos medicamentos. Además, como ya he dicho, la mayor demanda de
asistencia que esa nueva disponibilidad de medicamentos traerá consigo
va a suponer un gran desafío para la capacidad y el financiamiento de
los sistemas de salud.
Esto va a modificar profundamente la manera habitual
de proceder. Se trata de un nuevo e imponente desafío para el sector de
la salud en los países pobres.
Habrá que multiplicar por 500 el esfuerzo destinado
a ayudar a prevenir la infección por el VIH, poner las pruebas de
detección del VIH al alcance de las personas infectadas y mejorar su
acceso a la asistencia. Será preciso multiplicar por 30 ó 50 la
intensidad de las medidas preventivas y el acceso a tratamientos para
el paludismo y la tuberculosis. También necesitaremos acelerar los
esfuerzos mundiales para inmunizar a los niños, proteger la salud de
los niños y de las madres y la salud reproductiva, y combatir los
efectos de las enfermedades no transmisibles.
Hay una creciente convergencia en la preocupación y
el deseo de lograr resultados por parte de los gobiernos, las empresas
privadas, las organizaciones filantrópicas y los grupos de
investigación. Gracias a ello, la OMS va a poder definir un marco de
acción en el que participarán todos los actores principales.
Esa acción tendrá por objeto mejorar de manera
duradera y equitativa los resultados sanitarios en las comunidades que
en conjunto representan del 30% al 40% de la población mundial más
pobre. Para ello habrá que reducir las repercusiones de las
enfermedades prioritarias y su contribución al aumento de la pobreza.
Una acción sanitaria eficaz contribuirá directamente al desarrollo
humano y económico.
Nuestra tarea consistirá en asegurar que las medidas
adoptadas por las diferentes partes interesadas produzcan resultados
mensurables. Debemos hallar la manera de lograr que numerosos y
diferentes actores lleven adelante de modo coherente las propuestas que
están elaborando las organizaciones intergubernamentales, el sistema de
las Naciones Unidas, las ONG y los grupos privados para intensificar la
acción del sector sanitario en las comunidades pobres.
Se necesitarán por lo menos 10 años de acción
intensificada. La prioridad inicial serán las
enfermedades infecciosas, empezando por el VIH, el paludismo y la
tuberculosis, para extenderla luego a las enfermedades de la infancia,
los trastornos nutricionales y las enfermedades no transmisibles,
incluidas las causadas por el tabaco.
Desearía que tuvieran ustedes esto presente a lo
largo de esta semana de discusiones. La intensificación de la acción
será el centro de los debates de hoy sobre el papel de los equipos de
país en las iniciativas y desafíos mundiales en el campo de la salud.
Pero indirectamente se evocarán otros temas que vamos a examinar en los
próximos días. Nuestro apoyo a esa intensificación entrañará sin
duda una revisión de los medios mediante los cuales apoyamos la acción
sanitaria internacional, así como de la función que corresponde a los
equipos de país a este respecto. Por ejemplo, ¿tenemos una gama
apropiada de personal y de conocimientos especializados?
Seguiré de cerca los debates de esta reunión. Los
Directores Regionales y yo nos ausentaremos dos días para la
inauguración de las nuevas oficinas de la OMS en El Cairo, pero yo
estaré de nuevo con ustedes el viernes.
Estimados colegas:
Una parte creciente de nuestra labor se está
llevando a cabo en situaciones de emergencia. Muchos de ustedes
están trabajando en zonas afectadas por desastres de manera más o
menos permanente, y algunos se han visto incluso inmersos en situaciones
calamitosas, como los recientes terremotos de la India y El Salvador.
La OMS tiene una importante función que realizar
antes, durante y después de las situaciones de emergencia. Nuestra
función consiste en ayudar a los países proporcionándoles
evaluaciones precisas sobre los daños y las necesidades. Y en asegurar
la máxima coordinación posible de los organismos implicados, y velar
por que en el socorro de urgencia se apliquen perspectivas sanitarias a
largo plazo, de manera que el dinero invertido en una situación de
emergencia pueda redundar en beneficio de las necesidades de desarrollo
a largo plazo. Y después, desde la OMS tenemos que ayudar a los países
a compartir su experiencia.
Aguardo con mucho interés sus análisis y sus ideas
para llevar adelante nuestro trabajo en las situaciones de emergencia.
Como ya saben ustedes, el tema del Día Mundial de la
Salud y del Informe sobre la salud en el mundo de este año es la Salud
mental.
Nuestras actividades de promoción se centrarán en
reducir el estigma asociado a la mala salud mental y en sensibilizar a
la población sobre los muchos tratamientos eficaces y asequibles que,
aunque disponibles, están infrautilizados, tanto en los países en
desarrollo como en los países industrializados.
Celebraré el Día Mundial de la Salud dos veces este
año, primero en Nairobi, el 4 de abril, cuando se reúna allí el
Comité Administrativo de Coordinación de las Naciones Unidas, acogido
por el PNUMA, y luego de nuevo aquí en esta sala, el 6 de abril, en lo
que esperamos que sea una defensa apasionada y contundente de los
beneficios de la inserción social y la atención.
El Informe sobre la salud en el mundo presentará un
panorama detallado de nuestros conocimientos sobre el tema: sobre la
carga mundial, actual y futura, de mala salud mental y de trastornos
neurológicos; sobre la eficacia de la prevención y la disponibilidad y
los límites de los tratamientos; y sobre las políticas necesarias para
poner término a la estigmatización y la discriminación y para aplicar
y financiar medidas de prevención y tratamiento eficaces.
Confío en que el esfuerzo que hemos hecho este año
constituirá un gran paso adelante para lograr que la salud mental goce
un día de igual prioridad y respeto que los aspectos físicos de la
salud.
Estimados colegas:
Este encuentro es a mi juicio uno de los acontecimientos
más importantes de este año para la OMS. Nos hemos reunido en un
momento en que tenemos la oportunidad de propiciar grandes cambios
mediante nuestra labor en y con los países. La reunión nos ayudará a
hallar fórmulas mejores para colaborar, compartir ideas, experiencias y
estrategias, y reforzar nuestros lazos de amistad. Pienso en algunos
resultados específicos que pueden muy bien emanar de esta reunión:
estrategias concretas para establecer nuestros equipos de país, para
que la OMS actúe sin fisuras, y para mejorar nuestros sistemas de
gestión y tecnologías de la información. Les agradezco sus
observaciones sobre cuestiones concretas tales como la acción sanitaria
de emergencia, la formación del personal y la política sobre viajes.
Así pues, en esta reunión que ahora iniciamos,
trabajemos conjuntamente y contribuyamos a la futura eficacia del
conjunto de la OMS. No duden en expresar sus preocupaciones más
inmediatas sobre los factores que inciden en su manera de trabajar. Al
mismo tiempo, les ruego que miren al futuro, poniendo las experiencias
de su país en un contexto regional y mundial.
Considero que el desarrollo de nuestra labor en los
países estará en el centro de la misión de la OMS durante la próxima
década. Constituye asimismo una contribución crucial a la
consecución de resultados sanitarios sostenidos y equitativos dentro de
los países y de las regiones, así como al logro de un futuro seguro
para el mundo.
Muchas gracias.
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