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Office of the Director-General

World Health Organization
Organisation mondiale de la Santé

UPDATED: Mon Feb 18 16:59:04 2002

Dr Gro Harlem Brundtland        
Directora General
Organización Mundial de la Salud

OMS, Ginebra
 26 de marzo de 2001

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 Reunión Mundial de Representantes y Oficiales de Enlace de la OMS

Representantes de la OMS,

Oficiales de Enlace,

Directores Regionales,

Directores de Gestión de Programas,

Colegas:

 

Me complace verlos a todos ustedes en Ginebra.

Las operaciones de la Organización Mundial de la Salud en los países son un aspecto fundamental de nuestras actividades. Son esenciales para el éxito de todas las iniciativas que tienen por objeto lograr una mejora equitativa de la salud de la población. Espero que los gobiernos nacionales, la sociedad civil, las entidades privadas y otros asociados para el desarrollo reconozcan que el asesoramiento y el aval de la OMS son esenciales para todas las actividades sanitarias que lleven a cabo.

Tanto los Directores Regionales como yo queremos estar seguros de que las oficinas de la OMS, tanto las regionales como la de Ginebra, presten el mayor apoyo posible a los equipos de país, para que éstos puedan desarrollar su decisiva labor en unas condiciones óptimas y para que ese buen desempeño resulte patente.

Las operaciones de la OMS en los países serán el tema central de nuestras actividades esta semana. Todos los Representantes de la OMS y los Oficiales de Enlace en los países se reúnen con los colegas de las oficinas regionales y de la Sede para hallar juntos el mejor modo de lograr que las operaciones de la OMS en los países sean más eficaces. Se trata de una verdadera oportunidad, y todos debemos procurar aprovecharla como es debido.

Estimados colegas:

Durante los dos años transcurridos desde nuestra primera reunión de Representantes de la OMS han cambiado muchas cosas.

Nuestros esfuerzos conjuntos para que la comunidad internacional prestara más atención a los asuntos sanitarios han dado fruto. Los Jefes de Estado de todas las naciones han dejado claro que sus pueblos no pueden participar plenamente en el desarrollo social y económico si están enfermos. Han hecho de la salud un tema central del programa de desarrollo internacional. Nos han pedido a nosotros, el personal de la OMS, que les ayudemos a responder a las profundas y nocivas consecuencias de la infección por el VIH, a la destrucción constante de la vida que provoca el consumo de tabaco, a los riesgos - tanto observados como reales - de los alimentos insalubres, y a la pérdida constante de vidas que causan los embarazos peligrosos y la mortalidad materna. Nos piden que analicemos las cuestiones, que las evaluemos científicamente y que participemos en las respuestas. Nos piden que les ayudemos a promover mecanismos intergubernamentales más adecuados para tratar los riesgos del tabaco, aplicar los reglamentos sanitarios o hacer frente a los alimentos insalubres.

Actualmente, la salud se ha consolidado como parte del programa de diversas agrupaciones políticas de alto nivel, como la Organización de la Unidad Africana, el Movimiento de los Países No Alineados, la ASEAN, la Unión Europea o el G8. Se dice que la buena salud es fundamental para el desarrollo humano. Se la considera clave para la prosperidad.

La salud fue uno de los temas centrales del periodo extraordinario de sesiones de la Asamblea General de las Naciones Unidas sobre el Desarrollo Social, celebrada en junio de 2000, y, posteriormente, de la Cumbre del Milenio de septiembre. Los Jefes de Estado se adhirieron, en nombre de sus países y en el suyo propio, a las metas sanitarias nacionales y mundiales, así como a tomar medidas para mejorar los resultados sanitarios de cuantos estén en riesgo, a fin de mejorar la capacidad de las personas de ganarse la vida y aprender, producir y contribuir a la seguridad humana.

El G8 y la Unión Europea han empezado a considerar la reducción de la mortalidad por VIH/SIDA, tuberculosis y paludismo como un objetivo político importante; de ahí se está pasando rápidamente a darle la importancia que merece a la creación de unos sistemas de salud que funcionen mejor, al fortalecimiento de la capacidad para una acción de salud pública y a la promoción intersectorial de los resultados sanitarios mediante la acción en otros sectores.

He trabajado mucho para lograr un aumento de los fondos destinados a la acción sanitaria internacional a lo largo de los próximos 10 años. Los primeros indicios son prometedores, pero sé que mediará un lapso entre las conversaciones sobre los nuevos fondos - e incluso las promesas de aportarlos - por una parte, y la llegada de los mismos. Buena parte del dinero se concederá en forma de donaciones, pero no debemos desincentivar el recurso a los préstamos de bajo interés que conceden el Banco Mundial y los bancos regionales de desarrollo aplicando las condiciones de la AIF, especialmente cuando esos fondos se utilizan para multiplicar aquellos de que ya se dispone.

El aumento del interés de la opinión pública guarda relación, en parte, con la necesidad de asegurar que quienes precisan atención para la infección por el VIH puedan acceder a ella a un precio asequible. El objetivo principal ha sido bajar los precios de los medicamentos antirretrovíricos: una cuestión importante que sigue suscitando un vivo debate público. Pero todos sabemos que el principal reto consiste en crear unos sistemas de salud que beneficien a quienes los necesitan y en lograr que los países hallen los recursos humanos y financieros necesarios para el funcionamiento de los sistemas. También sabemos que, a pesar de que los precios han bajado rápidamente, muchos países de bajos ingresos siguen sin poder permitírselos. Un mayor acceso también exigirá financiación adicional. Además, debemos asegurarnos de que la importancia que ahora se da a la atención vaya acompañada de un mayor esfuerzo por prevenir la infección.

Las nuevas circunstancias han cambiado sustancialmente el medio en que se desarrolla nuestro trabajo. Éste se considera más importante que nunca: ya no son sólo los ministros de salud quienes piden que la OMS los asesore y los oriente. Los primeros ministros, los presidentes, los ministros de finanzas, incluso los de comercio, cada vez se preocupan más por los problemas sanitarios de sus países.

Un mayor prestigio provoca un aumento de las responsabilidades y plantea nuevos imperativos. Desde hace unos años, las expectativas con respecto a cuantos pertenecemos a la OMS, y con respecto a otros miembros del sistema de las Naciones Unidas, han aumentado considerablemente. Se espera de nosotros que respondamos, trabajando de consuno con los gobiernos y con otros asociados de las Naciones Unidas.

A continuación citaré los principios fundamentales del trabajo que todos llevamos a cabo, donde quiera que sea:

  • La base de datos: las políticas y las acciones en pro de la salud deberían regirse por los mejores datos disponibles;
  • La necesidad de ampliar las acciones eficaces: debemos velar por que las personas tengan acceso a las intervenciones sanitarias de probada eficacia que precisan, y mejorar el desempeño de los sistemas de salud en lo relativo a la disponibilidad de dichas intervenciones;
  • La importancia de abrirse al exterior: debemos rebasar los límites de nuestra propia Organización y trabajar satisfactoriamente con otras partes que compartan nuestros mismos valores;
  • La pobreza como objetivo principal: debemos recordar siempre los problemas que afectan a los pobres y a quienes les atienden;
  • La necesidad de trabajar todos a una: nuestra capacidad de operar cambios reales aumenta enormemente si las diversas partes de la OMS trabajan como un todo coherente.

Estos principios repercuten en todas nuestras actividades.

  • Los gobiernos y otros organismos esperan de nosotros que entendamos perfectamente las cuestiones relacionadas con el sector sanitario, pero también esperan que entendamos el contexto político e institucional en que deben abordarse;
  • Siempre se espera que nuestro asesoramiento sea de gran calidad y digno de crédito; pero también se espera que hagamos uso de nuestra autoridad técnica para reunir a otras partes a fin de que determinen entre todas la mejor salida posible ante cualquier circunstancia;
  • Se espera que apliquemos los conocimientos más actualizados y que establezcamos normas pertinentes y realistas, pero también se espera que modifiquemos nuestras orientaciones para que reflejen las verdaderas necesidades de las poblaciones de nuestros Estados Miembros.

Cada vez más, se nos pide que propugnemos una mejora de la salud y que negociemos para conseguirla. Ello implica conciliar las cuestiones que preocupan a los Estados Miembros con las de los organismos externos que contribuyen al desarrollo sanitario y económico, teniendo en cuenta los intereses del sector privado, de las ONG y de la sociedad civil, así como de las asociaciones profesionales. Cada vez más, se nos pide que establezcamos de qué manera pueden los gobiernos, los organismos externos y el sector privado trabajar juntos en pro de la salud, y que utilicemos nuestros escasos fondos de modo que puedan operarse los mejores cambios posibles en el contexto en cuestión.

De vez en cuando nos resulta difícil llegar a un acuerdo sobre las formas de cooperación entre la OMS, otros miembros del sistema de las Naciones Unidas, los bancos de desarrollo, los donantes bilaterales o las ONG. El hecho de que otros se nieguen a participar en el debate no puede servirnos para excusar la incoherencia, aunque estemos convencidos de que no ha sido culpa nuestra. Tenemos que poner mayor empeño en el intento y buscar todas las formas posibles de lograr nuestro cometido. Cuando exista un verdadero problema, el Director Regional o uno de los Directores Ejecutivos pueden ser de ayuda.

En la OMS hemos trabajado con ahínco para dar con las alternativas que han de permitirnos responder mejor a ese tipo de exigencias.

Hemos querido disponer de una base de datos más sólida para el análisis del funcionamiento de los sistemas de salud del mundo. Queremos ayudarles a mejorar sus métodos de trabajo. Hemos estudiado en profundidad los fines generales de los sistemas de salud y las opciones para evaluar su desempeño.

Como muchos de ustedes sabrán, el Consejo Ejecutivo ha debatido el trabajo de la OMS en esta esfera. He propuesto que se celebren nuevas reuniones consultivas sobre los métodos y las fuentes de los datos, que se lleve a cabo un examen colegiado del sistema, y que un grupo me asesore sobre la manera de llevar adelante este tipo de trabajo. Todo ello se aprobó en una resolución del Consejo Ejecutivo. Debemos proseguir los trabajos en curso mientras tienen lugar las reuniones consultivas y se realizan los exámenes, a fin de que todas las partes en cuestión dispongan de la máxima información posible para sus deliberaciones.

Las alianzas del tipo Hacer Retroceder el Paludismo y Alto a la tuberculosis nos han permitido reunir a diversos asociados a nivel nacional, bajo la dirección de los gobiernos nacionales. Las alianzas mundiales han ayudado a los asociados a crear estrategias coherentes y plataformas de promoción sólidas.

En estas alianzas se acepta de buen grado a la OMS como representante de los organismos técnicos, especialmente a nivel nacional. También se la valora por facilitar orientación técnica y por encontrarse en una situación óptima para vigilar los progresos. Ello quiere decir que la OMS sigue manteniendo unas relaciones excelentes con los grupos dedicados a la investigación y los programas nacionales en materia de paludismo, tuberculosis y otras esferas actuales de la salud. El reto consiste, en todo momento, en velar por que los elementos mundiales, regionales y nacionales de las alianzas funcionen armónicamente. Los equipos de la OMS en los países están siendo fundamentales para velar por que así sea y ayudar a los asociados a colaborar eficazmente.

Nuestros equipos de país han sido vitales para catalizar las iniciativas nacionales para la reducción del nivel y las consecuencias del consumo de tabaco. Hemos trabajado todos juntos para lograr que los países entiendan la lógica del Convenio Marco para la Lucha Antitabáquica y hemos alentado a los diferentes sectores de los gobiernos que se interesan por esa cuestión a asumir posturas coherentes.

También hemos trabajado conjuntamente para que la contribución de la OMS a las respuestas mundiales, así como nacionales y comunitarias, a la infección por el VIH, sea más importante y precisa. Actualmente, estamos en mejores condiciones de consolidar esa contribución con un nuevo y convincente planteamiento del conjunto de la OMS con respecto a las intervenciones en la esfera del VIH/SIDA, que correrá por cuenta del nuevo departamento de Ginebra y al que mi Oficina dedicará el máximo empeño.

Hemos trabajado juntos para ayudar a los países a acceder a los recursos con que podían contar para intensificar sus actividades en materia de vacunación. En el contexto de la Alianza Mundial para Vacunas e Inmunización se han logrado progresos reales y concretos. Es menester mantener los logros y velar por que los comités de coordinación interorganismos nacionales puedan llevar a cabo sus actividades satisfactoriamente. Al mismo tiempo, hemos colaborado para mantener el compromiso político en pro de la erradicación de la poliomielitis y para asegurar que el trabajo se lleve adelante, especialmente en los entornos inestables. La erradicación de la poliomielitis constituye una prioridad mundial fundamental y no debemos relajarnos simplemente porque parezca atisbarse el final.

Los principios subyacentes y las pautas que van percibiéndose en nuestro trabajo se han formulado en la estrategia institucional de la OMS. La estrategia nos ayuda a entender qué es lo que tenemos que hacer y cómo tenemos que hacerlo.

Todos ustedes conocen las cuatro orientaciones estratégicas de la estrategia constitucional:

  1. Reducir la mortalidad excesiva de las poblaciones pobres y marginadas.
  2. Hacer frente con eficacia a los principales factores de riesgo de enfermedad.
  3. Reforzar los sistemas de salud para que sean eficaces, capaces de responder y justos.
  4. Velar por que las políticas de desarrollo de todos los sectores contribuyan, del mejor modo posible, a mejorar la salud.

Esas orientaciones impregnan nuestro nuevo Programa General de Trabajo, nuestra labor diaria de determinación de prioridades y, lo que no es menos importante, nuestro presupuesto. Ayudan a quienes financian nuestras actividades a entender cómo se articulan éstas. Nos ayudan a todos a planificar nuestra labor y a evaluar los resultados obtenidos.

No cabe duda de que la estrategia institucional es la esencia del presupuesto para 2002-2003. Para prepararlo hemos empleado un nuevo procedimiento. Un procedimiento en el que desde el principio han participado las regiones y la Sede. Un procedimiento que presenta los resultados previstos para el conjunto de la Organización. Un procedimiento que ha permitido que el documento sobre el presupuesto general fuera examinado por primera vez por los comités regionales. Un procedimiento que, por sí mismo, ha contribuido enormemente a unir a la Organización.

El presupuesto de la OMS se centra actualmente en la programación de 35 áreas de trabajo. Se han determinado las metas internacionales deseables de cada una de las áreas de trabajo, con frecuencia replanteando las metas que expusieron los Estados Miembros en las conferencias internacionales o en la Asamblea Mundial de la Salud. Seguidamente, en el documento del presupuesto se detalla lo que tiene previsto hacer la OMS en cada área de trabajo para contribuir al logro de dichas metas. Se proponen resultados previstos e indicadores de los logros.

La elaboración de este presupuesto ha constituido una experiencia nueva para todos nosotros. Hemos ido aprendiendo mientras lo preparábamos. Creo que ahora contamos con un instrumento mejor para el logro de resultados y para demostrar a los demás a qué aspirábamos y qué hemos conseguido.

Como bien saben, el proceso de preparación de los programas de país está ahora más próximo al momento de su aplicación. Mientras procedemos a realizar una planificación operacional detallada para el próximo bienio se plantea la necesidad de debatir las estrategias y las prioridades con las autoridades nacionales. Mañana nos ocuparemos de los pormenores de esta cuestión, pero hay un asunto que querría compartir ahora con ustedes.

Cuando el año pasado escribí a los Directores Regionales para orientarles acerca de la preparación del proyecto de presupuesto, dije que eran demasiados los países en los que las actividades de la OMS se repartían en un sinfín de áreas y programas dispersos. De ese modo se limita y se fragmenta el efecto de nuestra contribución. También se dificulta la gestión debido a la existencia de gran número de programas más pequeños.

Por todo ello, querría que durante la elaboración de los programas de país de 2002-2003 determináramos mejor los puntos centrales de nuestro trabajo limitando el número de las actividades programáticas en todos los países. Me gustaría que esta semana estudiasen ustedes cómo puede aprovecharse mejor el presupuesto de la OMS asignado a los países para ayudar a éstos y a otros asociados a hacer realidad las 11 áreas prioritarias que se definen en el presupuesto estratégico. ¿Cómo podemos utilizar más estratégicamente los recursos de la OMS?

Estimados colegas;

Como ya saben ustedes, uno de mis principales objetivos ha sido fomentar el desempeño institucional a nivel de país.

Para ello se precisa, como mínimo, una descripción clara de la estrategia de la OMS, como marco en el que desarrollar todas las actividades a nivel de país. También es menester fomentar una colaboración más estrecha entre las diversas partes de la Organización a la hora de abordar los nuevos problemas. Un instrumento para promoverlo, la Estrategia de Cooperación en los Países, constituye un marco a medio plazo que se ha formulado con una perspectiva temporal de tres a cinco años.

La Estrategia de Cooperación en los Países se debatirá detalladamente esta semana. Se basa en los principios que deben orientar las actividades de la OMS en los países y las que realice conjuntamente con ellos. Debemos promover una mayor coherencia interna y responder mejor a las necesidades de los países; ser más selectivos y reducir nuestras prioridades; hacer más hincapié en nuestro papel de asesor en materia de políticas, árbitro y coordinador; ampliar y desarrollar alianzas a nivel de país y colaborar con otros organismos de desarrollo complementándonos los unos a los otros, partiendo de nuestras ventajas comparativas.

Esta semana tenemos la oportunidad de escucharnos los unos a los otros, de aprender de las experiencias ajenas, de compartir las realidades de trabajar en países cuyas situaciones son diversas y de debatir cómo podemos mejorar nuestro trabajo en común para promover las acciones prioritarias para la salud mundial. Queremos que los países logren resultados duraderos a partir de sus inversiones en salud, haciendo buen uso de los recursos tanto nacionales como internacionales, y frutos que redunden en el bienestar y la prosperidad de las comunidades y las naciones.

Nosotros, la OMS, tenemos una misión muy importante. Además, se espera de nosotros que la cumplamos. No se trata de un reto sencillo. De los Representantes de la OMS en los países se espera que sean asesores en materia de políticas, diplomáticos, gestores y defensores de la salud publica. Como asesores, con frecuencia los Representantes tienen que plantear verdades espinosas que nadie quiere oír. Al contrario que muchos otros organismos que se ocupan de la salud, no dispondremos de grandes ayudas en nuestro apoyo. La única razón para la que los gobiernos sigan nuestros consejos es la calidad de nuestro asesoramiento.

He observado la extraordinaria incidencia que han tenido las actividades de los equipos de la OMS en los países a nivel nacional. Es tan impresionante como alentadora. La OMS realmente ayuda a los demás a operar grandes cambios.

He oído y he visto cómo los funcionarios de salud nacionales y locales - de Côte d'Ivoire, la India, el Irán, el Pakistán, Nigeria, la Federación de Rusia, Indonesia, Timor Oriental o Mozambique - confían en los equipos de la OMS en los países para obtener asesoramiento y orientación válidos y actualizados.

He experimentado lo variado y difícil que puede ser su jornada laboral, así como las difíciles circunstancias en las que trabajan muchos de ustedes.

Y ante todo, he compartido su entusiasmo al observar resultados tangibles. Es bueno recordar qué suponen en la práctica los resultados sanitarios. También comparto con ustedes la frustración y la decepción que se sufren cuando las cosas no van tan bien.

Reconozcámoslo, desde la Sede no siempre les hemos facilitado el trabajo. Cuando el año pasado publicamos el Informe sobre la salud en el mundo, en el que se hacía una innovadora clasificación del desempeño de los sistemas de salud, la insuficiencia de la información y el poco tiempo con que se les avisó los colocó a muchos de ustedes en una situación difícil. Somos conscientes de los problemas que les causamos y hemos aprendido la lección.

Naturalmente, nuestros equipos de país sólo podrán ser eficaces si disponen de los instrumentos y de un entorno adecuado para realizar su trabajo. Es de nuestra responsabilidad colectiva facilitarles a ustedes los elementos de información y el apoyo indispensables para asumir esta difícil función. Es por eso por lo que, en mi opinión, no podemos quemar etapas. Trabajamos juntos, a nivel de oficinas de país, para determinar la mejor manera de aumentar nuestra eficacia. Pero deberemos determinar cuál es la mejor manera de apoyar los esfuerzos de los países con nuestro trabajo en Ginebra y a nivel regional.

Deseo estar segura de que mantenemos un diálogo amplio, abierto e intenso entre todas las partes de la Organización. Cuando haya dudas, deberemos comunicarnos aún más. Si no estamos seguros de que nuestro mensaje llega a su destino, debemos enviarlo de nuevo. El equipo de país de la OMS tiene que saber siempre qué están planificando las demás partes de la red para «su» país o lo que hacen con éste.

Estimados colegas:

Como he dicho antes, la atención del público se ha centrado recientemente, como nunca hasta ahora, en la cuestión de la asistencia a las personas que viven con el VIH. Se ha iniciado un fascinante proceso en el que la sinergia entre las presiones del público, la atención de los medios informativos, la voluntad política, las fuerzas del mercado y la colaboración entre los organismos de las Naciones Unidas y las compañías farmacéuticas ha permitido alcanzar algunos resultados extraordinarios. La acusada reducción de los precios de algunos de los medicamentos antirretrovíricos y de las pruebas diagnósticas ha abierto más amplios horizontes. Estamos ya avanzando rápidamente hacia el triunfo de un principio fundamental de la salud pública: el abastecimiento de medicamentos esenciales basado en las necesidades y no en el poder adquisitivo.

La Organización Mundial de la Salud y la Organización Mundial del Comercio celebrarán una reunión conjunta dentro de dos semanas en Noruega. Representantes de las compañías farmacéuticas, de algunos gobiernos, del mundo universitario y de la sociedad civil se reunirán para examinar las modalidades prácticas de la aplicación de precios diferenciados para los medicamentos vitales. No se podrá adoptar ninguna decisión en esa reunión, pero preveo que se van a sentar las bases para un enfoque más sistemático con miras a reducir los precios de los medicamentos en los países pobres dentro de unos meses, y no dentro de años.

Esta mayor prioridad a los medicamentos y a la asistencia para las principales enfermedades que afectan a los países pobres nos van a imponer a todos nosotros nuevas exigencias. Hay que precisar mejor los límites jurídicos de los derechos de patente mediante la colaboración entre las organizaciones nacionales e internacionales pertinentes. Se pondrá a prueba la capacidad de los gobiernos para establecer y respetar criterios de calidad para los nuevos medicamentos. Además, como ya he dicho, la mayor demanda de asistencia que esa nueva disponibilidad de medicamentos traerá consigo va a suponer un gran desafío para la capacidad y el financiamiento de los sistemas de salud.

Esto va a modificar profundamente la manera habitual de proceder. Se trata de un nuevo e imponente desafío para el sector de la salud en los países pobres.

Habrá que multiplicar por 500 el esfuerzo destinado a ayudar a prevenir la infección por el VIH, poner las pruebas de detección del VIH al alcance de las personas infectadas y mejorar su acceso a la asistencia. Será preciso multiplicar por 30 ó 50 la intensidad de las medidas preventivas y el acceso a tratamientos para el paludismo y la tuberculosis. También necesitaremos acelerar los esfuerzos mundiales para inmunizar a los niños, proteger la salud de los niños y de las madres y la salud reproductiva, y combatir los efectos de las enfermedades no transmisibles.

Hay una creciente convergencia en la preocupación y el deseo de lograr resultados por parte de los gobiernos, las empresas privadas, las organizaciones filantrópicas y los grupos de investigación. Gracias a ello, la OMS va a poder definir un marco de acción en el que participarán todos los actores principales.

Esa acción tendrá por objeto mejorar de manera duradera y equitativa los resultados sanitarios en las comunidades que en conjunto representan del 30% al 40% de la población mundial más pobre. Para ello habrá que reducir las repercusiones de las enfermedades prioritarias y su contribución al aumento de la pobreza. Una acción sanitaria eficaz contribuirá directamente al desarrollo humano y económico.

Nuestra tarea consistirá en asegurar que las medidas adoptadas por las diferentes partes interesadas produzcan resultados mensurables. Debemos hallar la manera de lograr que numerosos y diferentes actores lleven adelante de modo coherente las propuestas que están elaborando las organizaciones intergubernamentales, el sistema de las Naciones Unidas, las ONG y los grupos privados para intensificar la acción del sector sanitario en las comunidades pobres.

Se necesitarán por lo menos 10 años de acción intensificada. La prioridad inicial serán las enfermedades infecciosas, empezando por el VIH, el paludismo y la tuberculosis, para extenderla luego a las enfermedades de la infancia, los trastornos nutricionales y las enfermedades no transmisibles, incluidas las causadas por el tabaco.

Desearía que tuvieran ustedes esto presente a lo largo de esta semana de discusiones. La intensificación de la acción será el centro de los debates de hoy sobre el papel de los equipos de país en las iniciativas y desafíos mundiales en el campo de la salud. Pero indirectamente se evocarán otros temas que vamos a examinar en los próximos días. Nuestro apoyo a esa intensificación entrañará sin duda una revisión de los medios mediante los cuales apoyamos la acción sanitaria internacional, así como de la función que corresponde a los equipos de país a este respecto. Por ejemplo, ¿tenemos una gama apropiada de personal y de conocimientos especializados?

Seguiré de cerca los debates de esta reunión. Los Directores Regionales y yo nos ausentaremos dos días para la inauguración de las nuevas oficinas de la OMS en El Cairo, pero yo estaré de nuevo con ustedes el viernes.

Estimados colegas:

Una parte creciente de nuestra labor se está llevando a cabo en situaciones de emergencia. Muchos de ustedes están trabajando en zonas afectadas por desastres de manera más o menos permanente, y algunos se han visto incluso inmersos en situaciones calamitosas, como los recientes terremotos de la India y El Salvador.

La OMS tiene una importante función que realizar antes, durante y después de las situaciones de emergencia. Nuestra función consiste en ayudar a los países proporcionándoles evaluaciones precisas sobre los daños y las necesidades. Y en asegurar la máxima coordinación posible de los organismos implicados, y velar por que en el socorro de urgencia se apliquen perspectivas sanitarias a largo plazo, de manera que el dinero invertido en una situación de emergencia pueda redundar en beneficio de las necesidades de desarrollo a largo plazo. Y después, desde la OMS tenemos que ayudar a los países a compartir su experiencia.

Aguardo con mucho interés sus análisis y sus ideas para llevar adelante nuestro trabajo en las situaciones de emergencia.

Como ya saben ustedes, el tema del Día Mundial de la Salud y del Informe sobre la salud en el mundo de este año es la Salud mental.

Nuestras actividades de promoción se centrarán en reducir el estigma asociado a la mala salud mental y en sensibilizar a la población sobre los muchos tratamientos eficaces y asequibles que, aunque disponibles, están infrautilizados, tanto en los países en desarrollo como en los países industrializados.

Celebraré el Día Mundial de la Salud dos veces este año, primero en Nairobi, el 4 de abril, cuando se reúna allí el Comité Administrativo de Coordinación de las Naciones Unidas, acogido por el PNUMA, y luego de nuevo aquí en esta sala, el 6 de abril, en lo que esperamos que sea una defensa apasionada y contundente de los beneficios de la inserción social y la atención.

El Informe sobre la salud en el mundo presentará un panorama detallado de nuestros conocimientos sobre el tema: sobre la carga mundial, actual y futura, de mala salud mental y de trastornos neurológicos; sobre la eficacia de la prevención y la disponibilidad y los límites de los tratamientos; y sobre las políticas necesarias para poner término a la estigmatización y la discriminación y para aplicar y financiar medidas de prevención y tratamiento eficaces.

Confío en que el esfuerzo que hemos hecho este año constituirá un gran paso adelante para lograr que la salud mental goce un día de igual prioridad y respeto que los aspectos físicos de la salud.

Estimados colegas:

Este encuentro es a mi juicio uno de los acontecimientos más importantes de este año para la OMS. Nos hemos reunido en un momento en que tenemos la oportunidad de propiciar grandes cambios mediante nuestra labor en y con los países. La reunión nos ayudará a hallar fórmulas mejores para colaborar, compartir ideas, experiencias y estrategias, y reforzar nuestros lazos de amistad. Pienso en algunos resultados específicos que pueden muy bien emanar de esta reunión: estrategias concretas para establecer nuestros equipos de país, para que la OMS actúe sin fisuras, y para mejorar nuestros sistemas de gestión y tecnologías de la información. Les agradezco sus observaciones sobre cuestiones concretas tales como la acción sanitaria de emergencia, la formación del personal y la política sobre viajes.

Así pues, en esta reunión que ahora iniciamos, trabajemos conjuntamente y contribuyamos a la futura eficacia del conjunto de la OMS. No duden en expresar sus preocupaciones más inmediatas sobre los factores que inciden en su manera de trabajar. Al mismo tiempo, les ruego que miren al futuro, poniendo las experiencias de su país en un contexto regional y mundial.

Considero que el desarrollo de nuestra labor en los países estará en el centro de la misión de la OMS durante la próxima década. Constituye asimismo una contribución crucial a la consecución de resultados sanitarios sostenidos y equitativos dentro de los países y de las regiones, así como al logro de un futuro seguro para el mundo.

Muchas gracias.

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