Señor Presidente:
En la primera semana del nuevo milenio, en Nueva Delhi, pude ver
cómo 30 muchachas y muchachos indios paralizados por la poliomielitis
encendían cada uno una vela por los otros 30 niños que ese día
serían víctimas de la enfermedad.
Sin embargo, ése no fue un acontecimiento triste. Hace diez años
se habrían necesitado nada menos que mil niños para enviar ese mismo
mensaje. Las 30 velas recordaban con fuerza el largo camino recorrido
en la última década en nuestra labor encaminada a erradicar la
poliomielitis. Esperemos que, por estas fechas el año próximo, no se
tengan que encender ya más velas.
Con el UNICEF, la Asociación Rotaria Internacional y nuestros
numerosos asociados, la OMS ha empezado el último año de la campaña
emprendida para erradicar la poliomielitis. Estamos empeñados en
lograr que esta enfermedad se sume a la viruela en los anales de la
historia. Pero la batalla será dura, pues exigirá el compromiso
pleno de toda la comunidad internacional, y cuento con nuestros
Estados Miembros para salir airosos de este histórico empeño.
En el programa de mi viaje a la India figuraba otro importante
desafío sanitario: un desafío que cobrará amplitud en el siglo XXI
y que requerirá nuevos métodos, pero una misma determinación y
entrega.
Me estoy refiriendo al tabaco. Junto con el Primer Ministro indio,
abrí una conferencia internacional sobre la reglamentación del
tabaco. Aplaudo la iniciativa adoptada por la India de reunir a
abogados, legisladores, expertos financieros y funcionarios de la
salud.
El mundo en desarrollo dispone de un tiempo limitado para
movilizarse contra la epidemia de tabaquismo. Los países en
desarrollo necesitan adoptar con urgencia instrumentos legislativos
para protegerse, pensando especialmente en las generaciones jóvenes.
Se trata de un imperativo esencial para la salud pública mundial.
La poliomielitis, mirando hacia atrás, y el tabaco, con la mirada
puesta en el futuro; y al propio tiempo, en esta misma capital de un
país con mil millones de habitantes: un país con tan arraigadas
tradiciones, decidido a aprovechar la oportunidad del desarrollo y el
potencial existente para mejorar la salud.
Y luego un tercer tema que une a los dos: la investigación y el
saber.
En Nueva Delhi visité también el Instituto Panindio de Ciencias
Médicas, uno de los centros de investigación médica más ilustres
del globo. El saber sustentó la revolución sanitaria del siglo XX
y el saber será el vehículo que llevará esa revolución a quienes
no se beneficiaron de los frutos del progreso. Para lograrlo
necesitamos reforzar la capacidad de los propios países en desarrollo,
y la OMS está resuelta a contribuir.
La semana próxima, los Dres. Ade Lucas y Tore Godal, los dos
precedentes directores del programa conjunto de investigaciones sobre
enfermedades tropicales (TDR), serán galardonados con el prestigioso
Premio Príncipe Mahidol de Tailandia. Además del honor que
representa para esas dos personas, veo en ese premio el reconocimiento
de los esfuerzos desplegados por la OMS y por TDR para reforzar la
capacidad de los países en desarrollo.
A lo largo de los años, TDR ha sabido estimular el progreso donde
no respondían las fuerzas del mercado. En la salud existen bienes,
servicios y valores vitales que el mercado no puede proporcionar. En
ningún otro campo es más apremiante la necesidad de una respuesta
moderna, vigilante y eficaz del sector público. La OMS debe hallarse
a la vanguardia a la hora de defender los bienes públicos mundiales.
Señor Presidente:
Erradicar la poliomielitis, contener la epidemia de tabaquismo,
estimular las investigaciones en el mundo en desarrollo: ésta es
nuestra estrategia institucional en la práctica.
Estamos abordando los principales problemas de salud pública de
nuestra época. Nos estamos centrando en afecciones cuyo impacto es
considerable en las poblaciones pobres y desfavorecidas. Lo hacemos
sobre la base de hechos y pruebas fehacientes. Y estamos trabajando
conjuntamente con una amplia gama de asociados, maximizando lo que
podemos conseguir juntos.
A lo largo de los 18 últimos meses hemos trabajado en la
elaboración de una estrategia institucional para la Secretaría de la
OMS siguiendo dos enfoques.
En primer lugar, hemos implantado procedimientos para la adopción
colectiva de decisiones, procedimientos que gradualmente nos
permitirán tomar decisiones con mayor conocimiento de causa, sobre la
base de hechos comprobados, con miras a una OMS unitaria.
El Gabinete, en la Sede, nos ha brindado la oportunidad de examinar
toda nueva iniciativa en un contexto más amplio: invitando a una
amplia serie de colegas a formular observaciones y críticas y a
proponer mejoras. El Gabinete Mundial está reuniendo lo que debe
constituir un todo: la Sede y las oficinas regionales, al abordar las
decisiones estratégicas.
En segundo lugar, más allá de la estructura orgánica, tenemos el
proceso propiamente dicho de fijación de las prioridades.
Necesitábamos un marco más sólido para definir nuestras prioridades,
tanto las grandes como las pequeñas, un marco para determinar
nuestras orientaciones estratégicas y los principios generales en que
ha de basarse nuestra labor.
La estrategia institucional no es un producto en sí mismo. Es un
proceso de desarrollo orgánico y de cambio institucional que
desembocará en productos y en decisiones debidamente fundamentadas.
Uno de esos productos será un Programa General de Trabajo mejor
definido y más centrado en los objetivos, que constituirá un marco
normativo para la Secretaría durante el periodo 2002-2005 y que
presentaremos al Consejo en mayo. Otro producto será el presupuesto
por programas para 2002-2003, que se someterá al Consejo dentro de un
año.
Hoy quisiera poner de relieve lo que a mi juicio constituye un
elemento de la estrategia institucional de la máxima transcendencia
política en lo que respecta a las opciones estratégicas de la OMS. Y
les expondré cómo veo yo que irán evolucionando esas opciones hacia
prioridades específicas a medida que vayamos adentrándonos en el
nuevo bienio.
El mensaje principal de la estrategia institucional va encaminado a
situar la salud en un contexto más amplio: el reconocimiento de que
el mejoramiento de la salud depende de las contribuciones provenientes
tanto de fuera como de dentro del sector sanitario.
- Nuestra misión es clara: sigue siendo la de alcanzar para todas
las personas el grado más alto posible de salud.
- Nuestra base de valores es sólida: se inspira en las tradiciones
éticas de equidad, solidaridad y respeto de los derechos humanos,
expresadas en el compromiso mundial en pro de la salud para todos.
- Nuestras funciones básicas - la lista de nuestros esfuerzos
e intervenciones específicos - se han centrado aún más sobre
la base de las enunciadas en nuestra Constitución.
- Nuestras cuatro orientaciones estratégicas se han desarrollado y
perfeccionado con los aportes procedentes de toda la Organización.
He venido delineando esas orientaciones en mis numerosas reuniones
celebradas en las regiones durante el año transcurrido; permítanme
que les indique brevemente cuáles son:
- Reducir la mortalidad excesiva de las poblaciones pobres y
marginadas.
- Hacer frente con eficacia a los principales factores de riesgo.
- Reforzar los sistemas de salud sostenibles.
- Situar la salud en el centro del más amplio programa de acción
en pro del desarrollo.
Todo esto va estrechamente unido, en el marco de una acción más
ambiciosa destinada a lograr que la OMS pueda aportar la máxima
contribución posible a la salud en el mundo mediante el desarrollo de
su liderazgo técnico, intelectual, ético y político.
En este contexto más amplio, hemos centrado más nuestra atención
en las relaciones entre pobreza y salud.
¿A qué obedece este cambio de orientación? A que estamos tomando
seriamente nuestro mandato y nuestros valores. Mil millones de seres
humanos no se aprovecharon de los beneficios resultantes de la
revolución sanitaria del siglo XX. Las personas pobres ven
desatendidos sus derechos humanos fundamentales, entre los cuales la
salud reviste una importancia clave. Pero la salud forma al propio
tiempo parte de la solución: un medio nuevo y potencialmente eficaz
para salir de la pobreza.
El mundo se ha comprometido a reducir a la mitad el número de
personas que viven en la pobreza de aquí al año 2015. Las grandes
conferencias sobre el desarrollo de los años noventa definieron una
serie de metas concretas para llegar a ese objetivo, muchas de ellas
centradas en la salud: en la salud infantil y materna y en el acceso a
la atención de salud primaria y reproductiva.
Para mí está claro que debemos centrar más nuestra atención en
la manera en que la acción sanitaria, en particular la que afecta a
los más amplios determinantes de la salud, puede contribuir a reducir
la pobreza.
La OMS creó la semana pasada la Comisión sobre Macroeconomía y
Salud. Bajo la presidencia del Profesor Jeffrey Sachs, eminentes
economistas del mundo entero, entre ellos representantes de otros
organismos, del Banco Mundial, del FMI y de la OCDE, han emprendido
sus trabajos con miras a una mejor comprensión de los lazos
esenciales existentes entre el mejoramiento de la salud y una mayor
eficiencia económica. La Comisión trabajará durante dos años,
reuniéndose en diferentes partes del mundo y difundiendo ampliamente
sus conclusiones.
Puede que nos hallemos en vísperas de un cambio trascendental de
las ideas imperantes al respecto. Hasta fecha reciente, muchos
expertos del desarrollo afirmaban que el sector de la salud
propiamente dicho desempeña sólo un papel de segunda importancia en
la labor destinada a mejorar la salud general de la población. Y la
inmensa mayoría de los financieros y de los economistas estimaban que
la salud era relativamente poco importante como factor de desarrollo o
como instrumento para reducir la pobreza. Se consideraba que la salud
era un bien de consumo más que una inversión.
Pero esta visión está cambiando. La salud puede que desempeñe un
papel mucho más importante para atenuar la pobreza de lo que hasta
ahora pensaban nuestros colegas macroeconomistas.
Es de todos sabido que la pobreza genera mala salud. Pero ahora
sabemos mucho más sobre la manera en que la mala salud a su vez
engendra la pobreza, desencadenando un círculo vicioso que entorpece
el desarrollo económico y social y contribuye a un agotamiento de los
recursos y a un deterioro ambiental que no pueden seguir de manera
indefinida. El problema persistente de la malnutrición y la crisis
provocada por el SIDA en África son un prueba patente de esa cruda
realidad.
Éste será nuestro mensaje para los decisores: «Invertir en la
salud para reducir la pobreza». Podría ser el mensaje fuerte y
específico que necesitamos para allegar recursos y despertar la
atención de la comunidad internacional.
Juntos, hagamos del poder de las ideas las ideas del poder.
Nuestra misión consiste en dar a este mensaje un verdadero
contenido tanto en el plano intelectual como en el técnico: a través
de la Comisión sobre Macroeconomía y Salud y mediante nuestra propia
labor, coordinada por un Grupo Especial sobre la Salud y la Pobreza.
Señor Presidente:
Definir el papel particular que ha de desempeñar la OMS en la
acción sanitaria mundial sobre la base de las orientaciones dadas por
la Asamblea de la Salud es el elemento cardinal de nuestra estrategia
institucional. Tenemos que preguntarnos:
- ¿Cuál es nuestra ventaja comparativa? Habida cuenta de nuestro
mandato y de nuestros recursos humanos y financieros, ¿cuáles son
las funciones que la OMS está en óptimas condiciones de realizar
más eficazmente que los demás?
- ¿Cómo podemos reorientar nuestra acción para centrarnos con
mayor energía todavía en los sectores donde tenemos realmente una
ventaja comparativa?
- Y, algo sumamente importante, ¿cómo podemos aumentar el impacto
de nuestra contribución logrando la participación de toda una serie
de asociados que puedan suplementar y complementar nuestra
contribución?
Quisiera exponerles cómo veo desplegarse nuestras grandes
prioridades durante el próximo bienio, pero no sin hacer antes una
breve reflexión sobre la noción de prioridad.
Cuando hablamos de prioridades nos referimos a un número limitado
de áreas de trabajo en las que centraremos aún más nuestra acción,
redoblaremos nuestros esfuerzos y proporcionaremos recursos
adicionales. Son áreas en las que podrían lograrse cambios
significativos en lo que respecta a la carga de morbilidad mediante
intervenciones eficientes, a los problemas de salud que tienen graves
consecuencias socioeconómicas o repercuten de manera desproporcionada
en la vida de los pobres, y a sectores en los que existan verdaderas
posibilidades de acción.
Pero la noción de prioridades es una noción compleja en una
organización como la nuestra. El trabajo en ciertas áreas de
importancia crítica continuará incluso si no se considera que son
prioridades específicas. Asegurar un mayor bienestar a escala mundial
constituye en sí una prioridad, ya se trate de ampliar la red de
vigilancia de las enfermedades transmisibles, de actualizar el
Reglamento Sanitario Internacional, de desarrollar la Lista de
Medicamentos Esenciales o de mantener al día una base de datos
científicos accesible a todos. Éstas son actividades básicas que
interesan a todas las áreas de trabajo.
Los principios que dieron lugar a la definición de prioridades
específicas deben estar claros. Para mí guardan relación con lo
siguiente: los valores, las pruebas científicas, la estrategia, la
especificidad y la continuidad.
Los valores, porque debemos esforzarnos por cumplir nuestro mandato,
para ayudar a crear comunidades sanas y combatir la mala salud con
especial insistencia en la situación de las personas desfavorecidas.
Las pruebas científicas, porque dependemos de un sólido análisis
de los retos planteados y de la repercusión probable de nuestra
contribución.
La estrategia, porque necesitamos señalar el rumbo hacia las metas
que nos estamos fijando.
La especificidad, porque necesitamos planes de trabajo que se
traduzcan en asignaciones presupuestarias y en los resultados
previsibles.
Y, por último, la continuidad, porque las prioridades no pueden
cambiar en cada cruce de caminos.
Hemos adoptado estos principios al seleccionar las cinco áreas
específicas que iban a beneficiarse de la transferencia de ingresos
ocasionales aprobada en la Asamblea Mundial de la Salud del año
pasado, y los adoptamos cuando decidimos la manera de asignar el
primer tramo de los fondos resultantes de la redistribución de
recursos operada por razones de eficiencia.
Estos cinco sectores representan nuestras prioridades para el
bienio 2002-2003. Son las siguientes:
Los sistemas de salud: sin unos sistemas de salud eficientes,
las intervenciones técnicas surten efectos limitados, y el
fortalecimiento de esos sistemas tiene que ser el objetivo central de
todo lo que hagamos.
El paludismo, el VIH/SIDA y la tuberculosis: son los azotes
más mortíferos, repercuten de manera desproporcionada en la vida de
los pobres y tienen enormes consecuencias para la labor de desarrollo.
El tabaco: es una de las principales causas de mortalidad en
todas las sociedades y un problema que aumenta con rapidez en los
países en desarrollo.
La salud materna: el sector donde mayores son las diferencias
entre países desarrollados y países en desarrollo en lo que respecta
a los resultados sanitarios, y por sí solo un punto de referencia
fundamental en los objetivos internacionales de desarrollo.
La seguridad de la sangre: un área descuidada en muchos
países y esencial para numerosos aspectos de la salud humana.
La salud mental: un importante, y a menudo olvidado, factor que
contribuye a la creciente carga mundial de morbilidad.
El cáncer, las enfermedades cardiovasculares, la diabetes y las
enfermedades respiratorias crónicas: las causas principales de la
creciente oleada de enfermedades no transmisibles.
La salubridad de los alimentos: un problema con consecuencias
económicas y sanitarias potencialmente graves y una esfera de
creciente inquietud pública.
Y, por último, las inversiones para el cambio en la OMS,
manteniendo este punto en un lugar destacado del programa que hemos
emprendido para tratar de mejorar los resultados y lograr un entorno
de trabajo más estimulante y productivo.
Señor Presidente:
Volveremos a todos estos temas cuando presentemos el presupuesto
por programas para el próximo bienio. Hoy deseo comentar unos pocos
de ellos, y comenzaré por donde el drama es mayor: el VIH/SIDA.
Una enfermedad que ha matado a más de 2 millones de personas en
África en un solo año: más de diez veces el número de las que
murieron en guerras o conflictos armados durante ese mismo periodo.
Una enfermedad que ha dejado ya 11 millones de huérfanos, el 90% de
ellos en África. Una enfermedad que amenaza con anular los logros,
obtenidos tras arduos esfuerzos, en materia de supervivencia y
esperanza de vida infantiles, y que cobra importancia como amenaza
potencial contra la seguridad nacional y regional.
El VIH/SIDA es actualmente la causa principal de mortalidad en el
África subsahariana, y en otras partes del mundo la amenaza es
también devastadora. En los nuevos Estados independientes, el número
de personas que viven con el VIH/SIDA se ha duplicado en los dos
últimos años. En Asia están infectados más de 6 millones de
personas. Si no se controla la epidemia en el subcontinente indio, las
consecuencias para esa región serán verdaderamente aterradoras.
El VIH/SIDA exige respuestas sin precedentes de todas las partes
interesadas. Nunca ha ocupado un lugar más prioritario en el programa
de acción internacional: como problema de desarrollo, pero también
como crisis que ha suscitado la máxima atención de los responsables
de la seguridad mundial, como lo testimonia el debate sin precedentes
celebrado en el Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas. Debemos
aprovechar el impulso generado por esa renovada atención
internacional.
Pero no desesperemos: pese a la gravedad de la situación, no nos
faltan medios. Debemos aprender de los países donde están
descendiendo las tasas de infección, como Uganda y Tailandia, países
que han demostrado hasta qué punto un fuerte liderazgo político, una
actitud abierta para afrontar los temas delicados y una respuesta
multisectorial que vincule los esfuerzos realizados por el gobierno y
la sociedad civil pueden empezar a invertir la tendencia.
Como copatrocinadora y cofundadora del ONUSIDA, la OMS ha asumido
un compromiso indefectible con la respuesta mundial al VIH/SIDA. En el
centro de este compromiso está el objetivo de asegurar que el sector
de la salud, en particular en los países más afectados, esté
equipado técnica e institucionalmente para desempeñar un papel
eficaz en una respuesta a la epidemia que abarque al conjunto de la
sociedad.
En las actividades relativas al VIH/SIDA intervienen muchas partes
de la OMS. Hoy me referiré a tres esferas que merecen especial
atención, todas ellas de importancia clave para que la estrategia del
sector de la salud sea eficaz.
En primer lugar, la atención a los más de 30 millones de personas
que actualmente viven con el VIH/SIDA. Unos pocos países han dado
pasos importantes en la mejora de la calidad de la vida y la
prolongación de la esperanza de vida, pero la mayoría no.
No es de recibo el argumento de que, dado que la mayoría de esos
30 millones de personas morirán durante los diez próximos años,
pueden en cierto modo desatenderse sus necesidades. No podemos
contemplar impasibles el hundimiento de sistemas de salud frágiles
bajo la presión de ingentes demandas adicionales. Necesitamos
reconocer la sinergia, de importancia crítica, que existe entre la
atención y la prevención en la respuesta general a la epidemia.
Sabemos lo que necesitan las personas que viven con el SIDA y los
dispensadores de atención sanitaria: tratamiento clínico, atención
de enfermería, consejo, y apoyo social y psicológico. El reto es
ayudar a las autoridades nacionales a que hagan realidad esos planes.
Intensificaremos nuestros esfuerzos en ese terreno, actuando en
África como parte de la Asociación Internacional contra el SIDA.
En segundo lugar, la transmisión de la madre al niño, causante
del 90% de las infecciones por el VIH en los niños, es un problema
para el que se dispone de intervenciones eficaces. Las investigaciones
han demostrado la eficacia de distintos tratamientos farmacológicos,
en conjunción con la modificación de las prácticas de alimentación
y, cuando se dan las condiciones adecuadas, el recurso optativo a
operaciones de cesárea.
Están en marcha en varios países, con el apoyo de la OMS, de
otros organismos del sistema de las Naciones Unidas y de otros
asociados, proyectos piloto en los que esas intervenciones se vinculan
con la prevención primaria y el acceso a la información.
La OMS se centrará inicialmente en un número limitado de países
en los que las condiciones sobre el terreno y el apoyo de los donantes
permiten una aplicación más amplia de las lecciones aprendidas de
los proyectos piloto. Y ello nos lleva a la cuestión de los
medicamentos.
Los tratamientos dispensados en los países en desarrollo han
reducido espectacularmente las defunciones causadas por el SIDA. Pero
en África muchas personas no tienen acceso a los medicamentos
paliativos, y mucho menos a las terapias antirretrovíricas o a los
medicamentos contra las infecciones oportunistas. En dos palabras: los
medicamentos están en el Norte y las enfermedades en el Sur. Esta
injusticia no puede continuar.
El acceso a los medicamentos es un componente crítico de toda
estrategia del sector de la salud. Los gobiernos afrontan difíciles
dilemas: no pueden invertir en unos pocos medicamentos caros e ignorar
los demás aspectos de la atención sanitaria. Es misión nuestra la
de ayudarles a que esos dilemas sean menos difíciles.
La OMS trabaja, con el ONUSIDA y otros asociados, para que los
medicamentos contra el VIH sean más asequibles. Invito a la industria
farmacéutica a unirse a nosotros y a estudiar, con mirada nueva y
constructiva, el modo de aumentar de forma considerable el acceso a
los medicamentos de interés. Hay que avanzar en esa cuestión, para
que podamos dar cuenta de nuestras conclusiones en la próxima
conferencia sobre el SIDA, que se celebrará en Durban en julio.
Procuraremos aprender de los programas de donación de medicamentos
que han tenido éxito para enfermedades tales como la ceguera de los
ríos, la filariasis linfática, la lepra y el tracoma. Sin embargo,
se trata de soluciones a corto plazo: necesitamos también encontrar
arreglos más sostenibles.
La OMS colabora con otras entidades en la negociación con la
industria farmacéutica sobre el costo de los distintos medicamentos y
sobre diferentes métodos para fijar el precio de los medicamentos.
Donde procede, estimulamos la utilización de medicamentos genéricos
y la compra al por mayor. Incluimos los medicamentos prioritarios
contra el VIH en las revisiones periódicas de la Lista Modelo OMS de
Medicamentos Esenciales y seguimos de cerca los efectos positivos de
la creciente competencia que se da en el mercado de los
antirretrovíricos.
De conformidad con la Estrategia revisada en materia de
medicamentos, estamos dispuestos a asesorar a los ministerios de salud
sobre el modo de evaluar las consecuencias para la salud pública de
los acuerdos comerciales internacionales, y a informarles sobre sus
derechos en relación con las salvaguardias en materia de salud
pública incluidas en los acuerdos ADPIC.
Señor Presidente:
El acceso a los medicamentos contra el VIH forma parte de la
cuestión más amplia del acceso a los medicamentos y vacunas. Seamos
francos: existen medicamentos esenciales y que salvan vidas, pero
millones y millones de personas no pueden costeárselos. Ello plantea
un problema moral, un problema político y un problema de credibilidad
del sistema comercial mundial.
El resultado final del consenso internacional debería ser que los
pobres no tuvieran que pagar por los medicamentos vitales el mismo
precio que los ricos.
Muchos factores determinan la compleja cuestión del acceso; entre
otros, los sistemas de distribución, de financiamiento y de fijación
de los precios. La OMS apoyará cualquier medida que mejore de forma
realista y sostenible el acceso a los medicamentos esenciales. Espero
que podamos hacer avanzar las discusiones a lo largo del año y que
juntos busquemos enfoques innovadores.
La posición de la OMS en relación con los derechos de propiedad
intelectual es clara: hay que protegerlos. Dependemos de ellos para
estimular la innovación.
Pero necesitamos también estudiar cómo operan en la práctica las
normas y reglamentos mundiales. Una de las supuestas consecuencias de
fortalecer los derechos de propiedad intelectual es el aumento, en los
países en desarrollo de la labor de investigación y desarrollo y de
la producción, junto con la reducción de los precios.
Tenemos que preguntarnos: ¿está ocurriendo eso?
No es el momento de proponer soluciones simplistas, ni existen
remedios milagrosos. Pero no puede considerarse que los actuales
acuerdos internacionales den la respuesta final. Necesitamos explorar
aún nuevos capítulos. La OMS hará avanzar ese debate sobre la salud
pública, con sus Estados Miembros, con sus asociados del sistema de
las Naciones Unidas, con la sociedad civil y con el sector empresarial.
He propuesto a la OMC que la OMS organice un grupo mixto de trabajo
sobre el acceso a los medicamentos y que en sus trabajos participen
las principales partes interesadas, y espero que podamos avanzar en
esa cuestión.
Señor Presidente:
Permítame que aborde ahora algunas de las otras prioridades
propuestas.
La comunidad internacional se ha comprometido a reducir en un 75%
la mortalidad materna antes de que concluya el año 2015. Sin embargo,
en todo el mundo, las mujeres y los recién nacidos, en particular si
son pobres, no se benefician de una atención de salud eficiente, que
reduciría los peligros que afrontan. Por consiguiente, es oportuno
que la OMS fije la prioridad de reducir los riesgos del embarazo
en colaboración con sus asociados dentro y fuera del sistema de las
Naciones Unidas haciendo honor a su compromiso, que se ha ido
reforzando desde la Conferencia de El Cairo sobre la Población y el
Desarrollo, celebrada hace seis años.
Nuestra estrategia se centra en los resultados: el mejoramiento de
la salud de la madre y del recién nacido y el aumento de la
proporción de mujeres atendidas por personal calificado durante el
parto. Requerirá que se lleven a cabo acciones dentro del sector de
la salud, entre las familias y las comunidades, y que intervengan las
parteras, los tocólogos y otros grupos profesionales, con el apoyo de
los líderes políticos nacionales e internacionales. Se basa en las
investigaciones actuales y en las mejores prácticas observadas en los
países durante los diez últimos años.
Sobre todo, responde directamente a las necesidades de millones de
mujeres para quienes el embarazo y el parto están rodeados de
incertidumbre, con resultados que, demasiado a menudo, son desastrosos
para las mujeres, los niños y sus familias. La iniciativa para
reducir los riesgos del embarazo está lista para ser presentada a los
Estados Miembros y a los asociados, y espero que antes del final del
año las actividades se hayan intensificado en varios países.
No tiene mucho sentido conceder prioridad al VIH/SIDA, al paludismo,
a la tuberculosis o a los riesgos del embarazo si no nos ocupamos
igualmente de fortalecer los sistemas que aseguran las intervenciones.
El fortalecimiento de los sistemas de salud es una de las
cuatro orientaciones estratégicas y, en sí mismo, una prioridad.
El funcionamiento de los sistemas de salud es el tema del Informe
sobre la salud en el mundo de este año, que se publicará en
mayo. En el informe se presentará un enfoque innovador para evaluar
la eficacia de los sistemas de salud. Sabemos que con niveles de
recursos similares algunos países proporcionan servicios de salud
más eficaces y más equitativos que otros.
El informe mostrará que el modo en que se prestan, organizan,
gestionan y financian los servicios puede explicar en gran parte esa
diferencia. Este nuevo caudal de información constituirá una
poderosa base de asesoramiento para los Estados Miembros, no sólo en
su esfuerzo por asegurar una atención de salud mejor, sino también
para proteger a la población de las pérdidas financieras que acarrea
la enfermedad grave de algún miembro de la familia.
La atención primaria de salud es un componente importante de los
sistemas de salud. A lo largo de los años, esa estrategia ha
permitido llamar la atención sobre las necesidades de la mayoría de
la población y ha servido de poderoso instrumento para lograr que los
gobiernos y sus asociados reconozcan que la atención sanitaria no
puede dejarse únicamente al arbitrio de los profesionales. Nuestra
atención prioritaria a las enfermedades de los pobres y a nuestro
trabajo sobre los sistemas asistenciales es del todo coherente con los
mensajes de la atención primaria de salud. Pero muchos países tienen
que hacer frente a nuevos desafíos económicos, institucionales y
sociales. Durante el año venidero realizaremos un análisis centrado
en la trascendencia de la atención primaria de salud en el contexto
cambiante de la acción sanitaria internacional.
Señor Presidente:
Quisiéramos proponer dos nuevas prioridades: la seguridad de la
sangre y la salud mental.
El 80% de la población mundial sigue sin tener acceso fiable a
sangre segura y asequible. Tenemos que intensificar nuestros esfuerzos
en este sector. La seguridad hematológica es tan importante para la
salud pública como lo es para la salud individual. Por ello he
decidido que el Día Mundial de la Salud de este año gire en torno a
la seguridad de la sangre.
Por primera vez vamos a invitar a uno de nuestros asociados a
celebrar con nosotros el Día Mundial de la Salud. Junto con la
Federación Internacional de la Cruz Roja y de la Media Luna Roja
vamos a participar en una gran campaña de información y
movilización. Colaborando como asociados somos verdaderamente
complementarios.
Ese Día Mundial de la Salud dedicado a la seguridad de la sangre
no constituirá un acontecimiento aislado, sino el punto de partida
para intensificar las inversiones en actividades en pro de la
seguridad hematológica dentro de la OMS, en un esfuerzo para aumentar
la capacidad en todos los Estados Miembros.
He deseado que haya una vinculación más estrecha entre el Día
Mundial de la Salud y el Informe sobre la salud en el mundo. Se
trata de dos medios ya bien arraigados para ahondar nuestro
entendimiento de los problemas y señalarlos a la atención del mundo.
Hoy me es grato anunciar que el tema del Informe sobre la salud
en el mundo para 2001 será la salud mental y que la preparación
de dicho informe se iniciará en breve. En consecuencia, el tema del
Día Mundial de la Salud en 2001 girará en torno de la salud mental.
Son muchas las razones que abogan a favor de ello: cinco de diez
causas importantes de discapacidad en el mundo son problemas de salud
mental. La depresión grave ocupa el quinto lugar entre las diez
causas principales de la carga mundial de morbilidad. De aquí a 2020
pasará a ocupar el segundo lugar, según las proyecciones.
El pasado mes de noviembre lancé en Beijing nuestra estrategia
mundial. Ahora estamos trabajando para llevar adelante esa labor,
dando una prioridad importante a la atención de salud mental, al
apoyo comunitario, al refuerzo de la base de datos científicos, al
aumento de la capacidad de los agentes de salud y al mejoramiento del
acceso a medicamentos esenciales eficaces.
Señor Presidente:
Deseo terminar mi exposición de las prioridades hablándoles de la
iniciativa Liberarse del tabaco y del proyecto Hacer
retroceder el paludismo, que me he fijado como prioridades desde
el primer día.
La semana próxima, los asociados en el proyecto mundial destinado
a hacer retroceder el paludismo se reunirán para analizar los
progresos realizados hacia la meta consistente en reducir a la mitad
la carga de paludismo de aquí a 2010. Los asociados en los distintos
proyectos nacionales para hacer retroceder el paludismo están ya
contribuyendo a reducir el sufrimiento relacionado con esta enfermedad
en más de 20 países. Estos esfuerzos repercutirán directamente en
la salud y el bienestar de millones de personas pobres.
Me satisface la manera en que las distintas partes de la OMS -
oficinas en los países y regionales y departamentos de la Sede -
están respaldando la labor de dichos asociados. Durante el año
transcurrido hemos venido observando un acercamiento entre los
investigadores y los responsables de la lucha antipalúdica, la
integración gradual de las perspectivas de los sistemas de salud y de
los programas de lucha, el desarrollo de un plan de trabajo en toda la
OMS para hacer frente a esta enfermedad, y la adopción de un enfoque
común a todos los grupos orgánicos para reducir la dependencia
respecto del DDT. Se han constituido nuevas alianzas entre los
sectores público y privado, por ejemplo la operación «Medicamentos
antipalúdicos», ahora independiente.
Son para mí una fuente de estímulo los compromisos suscritos por
el Presidente Obasanjo, que prevé la convocación en Nigeria de una
cumbre en abril, a fin de fijar metas y movilizar recursos para la
próxima década. Me tranquiliza también el hecho de que se va a
proporcionar un mayor apoyo financiero para respaldar los
esfuerzos de los países empeñados en hacer retroceder el paludismo,
aunque se necesitará mucho más. Aquí se nos abre una oportunidad:
habida cuenta de los verdaderos progresos realizados en los 18
últimos meses, sé que nuestra labor podrá alcanzar los resultados
apetecidos.
Creo que antes de que termine 2003 la iniciativa «Liberarse del
tabaco» habrá dado ya lugar a una transformación mensurable en la
lucha contra el tabaco a nivel mundial y nacional. Está creciendo ya
la atención internacional y se están adoptando nuevas políticas con
miras a contener el avance de su consumo, mejorándose así la salud y
reduciéndose los costos inherentes para los Estados Miembros.
La OMS está impulsando este proceso de cambio. Vamos a iniciar ya
la fase de negociación del Convenio Marco para la Lucha
Antitabáquica. A finales del próximo bienio deberían haberse
adoptado ya los protocolos iniciales, conducentes a una acción
nacional y mundial más eficaz.
Se está produciendo un cambio de actitud en el comportamiento de
la industria del tabaco. Los directores de las multinacionales del
tabaco admiten ya que el hábito de fumar es peligroso, tras haberlo
negado durante numerosos años, habida cuenta de las pruebas
irrefutables de dicha peligrosidad.
Nos hallamos ante un cambio táctico de orientación que deberemos
estudiar detenidamente. Por miedo a que la lleven a los tribunales, la
industria del tabaco está cambiando sus métodos de trabajo. Vemos ya
que las diferentes compañías y marcas se hacen menos competencia.
Según es de prever, dentro de dos o tres años, las grandes
multinacionales del tabaco resultantes de fusiones proclamarán
abiertamente la inocuidad de sus nuevos productos. Pero sus
afirmaciones serán evaluadas de manera crítica por los responsables
de la salud pública y servirán de base para adoptar enfoques en
materia de reglamentación del tabaco que poco tiempo atrás eran
inconcebibles.
En todas las áreas prioritarias estamos trabajando para elaborar
estrategias con miras a una OMS unitaria en la que se conjuguen los
esfuerzos desplegados por la Organización a nivel mundial, regional y
nacional. De ello será reflejo el próximo presupuesto, que será un
presupuesto único para una sola y única OMS, no para siete partes
separadas.
El éxito dependerá en gran parte de los resultados obtenidos en
los países. Se ha encomendado al proyecto Estrategias de Cooperación
y Asociación, financiado por el Fondo de Renovación, la tarea de
ensayar nuevos métodos de planificación y de trabajo en los países,
métodos conocidos con el nombre de estrategias de cooperación en los
países para lograr una OMS unitaria.
Es a nivel de países donde se confrontan las iniciativas mundiales
con las necesidades nacionales y donde se puede determinar nuestra
ventaja comparativa en relación con otros asociados. En estrecha
colaboración con los Representantes de la OMS y con las oficinas
regionales estamos ensayando esos enfoques en todas las regiones. La
oficina de país es para nosotros un puesto de observación de la
labor efectuada por los decisores nacionales, y la estrategia de
cooperación en los países es un medio que nos permite desempeñar un
papel clave en ese contexto nacional.
Señor Presidente:
Hoy estamos cosechando el fruto de nuestra nueva estructura, del
trabajo de nuestros grupos orgánicos y departamentos, de nuestros
proyectos especiales, del Gabinete y del Gabinete Mundial, de nuestros
nuevos servicios de tecnología de la información, de nuestra
política de rotación y movilidad del personal, y de nuestras normas
y reglamentos cada vez más modernos. A este respecto, reviste
particular importancia la actualización de nuestro Reglamento
Financiero.
Hemos realizado ya los principales cambios estructurales, pero el
proceso de reforma continuará, pues deseamos obtener mejores
resultados trabajando más eficazmente y reorientando más recursos
todavía hacia nuestras áreas técnicas prioritarias. En total hemos
reorientado unos 70 millones de dólares en 18 meses.
En lo que respecta al presupuesto, estamos ensayando ahora nuevos
métodos para vincular los planes operacionales con los recursos que
gastamos en ellos tanto con cargo al presupuesto ordinario como de
origen extrapresupuestario. Se está elaborando un nuevo sistema de
evaluación y vigilancia, que se les presentará a ustedes dentro de
un año.
Hemos cumplido los compromisos enunciados en la resolución de la
Asamblea sobre el presupuesto y estoy orgullosa del personal por la
manera en que ha respondido a este reto.
Algunos dirán: «Miren cómo han salido adelante; eso prueba que
el presupuesto basado en un crecimiento nominal cero no planteaba
problemas después de todo.» Que quede esto bien claro: el resultado
neto del presupuesto de crecimiento nominal cero es que la OMS puede
proporcionar servicios por un valor de 25 millones de dólares menos.
De todas formas, habríamos tomado medidas con miras a una mayor
eficiencia, y seguiremos buscando más oportunidades para ello
mientras podamos reasignar esas economías a la salud.
Deseo dar las gracias al personal y a su Asociación por su
estrecha colaboración a lo largo de estos meses de cambios
estimulantes. Ese diálogo ha mejorado nuestras decisiones, y deseo
que estas consultas continúen aquí en la Sede, pero también en cada
una de las oficinas regionales.
Proseguimos nuestra labor y hemos creado un grupo especial sobre la
reforma de la gestión de los recursos humanos. Este grupo analizará
todas estas cuestiones con un objetivo claro: simplificar los
procedimientos y aumentar la productividad, la eficiencia y la
satisfacción de todo el personal. Las recomendaciones del grupo
especial se someterán al Consejo Ejecutivo en enero de 2001.
Después de algunos retrasos iniciales, hemos comenzado también a
elaborar un plan general destinado a ofrecer formación al personal.
En la Sede y en varias oficinas regionales ofreceremos adiestramiento
al personal técnico y a los Representantes de la OMS para asumir
funciones de dirección, a menudo recurriendo a expertos regionales,
lo que contribuirá a reforzar la capacidad de las regiones. La nueva
red de formación por satélite financiada por el Fondo de Renovación
brindará nuevas oportunidades para la enseñanza a distancia.
Estas reformas de la gestión forman parte integrante de la
estrategia institucional - políticas de personal, políticas de
información y políticas de movilización de recursos -, y la
manera en que se adapten a cada contexto y se lleven a cabo
determinará nuestra capacidad para cumplir satisfactoriamente nuestro
mandato.
La tecnología de la información ofrece posibilidades reales para
seguir aumentando la eficiencia. El pleno aprovechamiento de esa
tecnología dependerá tanto de nuestra creatividad como del acceso a
los recursos financieros necesarios.
Señor Presidente:
Pocas organizaciones tienen un mandato con repercusión tan directa
en la vida cotidiana de los hombres y mujeres del globo. Para pocas
organizaciones es tan importante una comunicación eficaz.
La OMS es una organización multicultural y plurilingüe. Nuestra
estructura regional nos brinda la posibilidad excepcional de
transmitir nuestros consejos y ofrecer nuestra competencia
especializada en diversos idiomas. Pocas organizaciones hacen un uso
tan general y eficaz de todas las lenguas oficiales de las Naciones
Unidas.
El plurilingüismo es una ventaja, un signo de diversidad y un
medio para expresar la pluralidad cultural. Esta diversidad debe
estimularse activamente, pues no se puede hablar de salud en una sola
lengua.
Nuestro mayor desafío consiste en encontrar la manera de hacer
llegar nuestros mensajes a más personas, a más autoridades
sanitarias y a más asociados.
Para el éxito de nuestro empeño será preciso que utilicemos de
manera innovadora nuestras tecnologías de información. El futuro no
radica en la producción en Ginebra de toneladas de material impreso
en varios idiomas oficiales, tan a menudo condenadas a cubrirse de
polvo en los sótanos. Radica en la flexibilidad, en la amplia
disponibilidad y en el apoyo a nivel local en materia de informática,
distribución y traducción.
Aquí, en Ginebra, el francés y el inglés son los principales
idiomas de trabajo. En las oficinas regionales hay otras combinaciones
lingüísticas, adaptadas a las circunstancias particulares de cada
región.
Nuestra tarea consiste en facilitar la comunicación para asegurar
un diálogo técnico de alta calidad. Voy a designar un alto
funcionario para que ayude a coordinar las medidas destinadas a
favorecer la diversidad lingüística.
No se han ofrecido cursos gratuitos de idiomas al personal desde
1986. Ahora vamos a reembolsar de nuevo íntegramente los cursos al
personal que desee aprender un idioma oficial mientras trabaja en la
OMS.
Estamos estudiando asimismo la manera de ampliar nuestros servicios
de interpretación con miras a atraer a Ginebra expertos competentes
de los Estados Miembros para las consultas técnicas.
La importancia de la comunicación crecerá gracias a la red
Internet. La página de acceso al sitio de la OMS recibe cada mes 11
millones de visitas, y su número crece con rapidez. Vamos a ampliar y
perfeccionar nuestro sitio web para que sea accesible en más
idiomas.
El año pasado refundimos varias publicaciones de la OMS en el Boletín
de la Organización Mundial de la Salud. Este año tenemos la
ambición de ofrecer el Boletín en español, en francés y en
inglés, y de hacer lo necesario para traducirlo a otros idiomas a
nivel local. Por otro lado, además de las versiones en francés y en
inglés, el World Health Report de este año aparecerá
también en español, y estamos dispuestos a facilitar su traducción
a otros idiomas importantes.
Señor Presidente:
Hoy les he hablado de algunos de los elementos más importantes de
la estrategia institucional y a lo largo de la semana tendremos la
oportunidad de examinar otros.
Cuando está alboreando un nuevo siglo, la oportunidad puede ser
una poderosa motivación para la OMS y sus asociados. Algunas
oportunidades pueden aprovecharse ya y otras se presentarán si
hacemos bien nuestro trabajo.
Aprovechamos las oportunidades cuando ayudamos a proteger la salud
como componente fundamental de la asistencia de emergencia y
humanitaria. Lo estamos haciendo en Kosovo, en el Timor Oriental y en
las zonas asoladas por las inundaciones en América, por sólo
mencionar unos pocos ejemplos.
Hemos aprovechado la oportunidad que nos ofrecía la nueva
iniciativa sobre el alivio de la deuda y la mayor prioridad dada a la
salud y a la educación de resultas de esa iniciativa.
Vamos a aprovechar la oportunidad de pedir a la comunidad mundial
una nueva campaña contra la tuberculosis en la próxima reunión
ministerial de Amsterdam.
Aprovechamos la oportunidad de sensibilizar a la comunidad mundial
sobre la importancia de la salubridad de los alimentos y de una buena
nutrición cuando precisamos e intensificamos nuestra acción en esta
importante esfera.
La semana próxima aprovecharemos una importante oportunidad en el
campo de la inmunización con el lanzamiento de la Alianza Mundial
para Vacunas e Inmunización.
Necesitamos nuevos conocimientos, pero no olvidemos las importantes
oportunidades que nos brindan los conocimientos ya existentes.
Aplicando los instrumentos y las intervenciones disponibles podemos
reducir considerablemente la carga de morbilidad que pesa sobre los
pobres y señalar el camino para sacarlos de la pobreza.
Durante los meses venideros aprovecharemos la oportunidad de situar
la salud en un lugar más destacado del más amplio programa de
acción en pro del desarrollo participando en los preparativos de las
reuniones que se van a celebrar cinco años después de Copenhague y
de Beijing.
En la era de la mundialización, los mandatos de varias
organizaciones de las Naciones Unidas guardan relación entre sí.
Hemos renovado nuestro diálogo con ciertas organizaciones como la
OMC, la UNCTAD, la OIT y la OMPI. Creo que serviremos mejor a nuestros
Estados Miembros colaborando mucho más estrechamente.
La salud es en sí una oportunidad, para cada uno de nosotros y
para la comunidad en que vivimos. En un mundo desgarrado por
conflictos de índole económica, étnica, religiosa y cultural, la
salud sigue siendo uno de los pocos valores verdaderamente universales.
En los grandes sistemas religiosos y en los movimientos políticos
dominantes se da la primacía a la preservación de la vida, al
fomento del bienestar y al respeto de la dignidad intrínseca del ser
humano.
La salud puede desempeñar un papel unificador para interrumpir los
conflictos civiles y así hacer que todas las partes puedan
beneficiarse de las campañas de vacunación. La salud es un puente
hacia la paz, un antídoto contra la intolerancia, una fuente de
seguridad para todos.
Cuando estamos construyendo el siglo XXI, necesitamos sólidos
puntos de anclaje con miras a un mejor futuro común.
La salud es uno de esos puntos de anclaje.