Directora General

La Directora General de la OMS conmemora el Día Mundial de la Salud

Dra. Margaret Chan
Directora General de la Organización Mundial de la Salud

Palabras de presentación para conmemorar el Día Mundial de la Salud: enfermedades transmitidas por vectores
Ginebra (Suiza)

7 de abril de 2014

Distinguidos invitados, colegas del sector de la salud pública, personal de la OMS, señoras y señores:

El Día Mundial de la Salud ofrece la oportunidad de que el mundo dirija la mirada hacia un problema o tema de salud que merezca una atención especial, como es el caso de las enfermedades transmitidas por vectores.

Para contener esas enfermedades e imponerse a ellas es necesario poner en marcha múltiples medidas en múltiples frentes. Se trata de enfermedades especialmente tenaces que transmiten una seria advertencia de los peligros del exceso de confianza.

Gracias al uso masivo de los insecticidas en las décadas de 1940 y 1950 se consiguió controlar un buen número de importantes enfermedades transmitidas por vectores, como la fiebre amarilla y, en algunas zonas, el paludismo.

Pero entonces se bajó la guardia. Los programas de control se desmantelaron. Los recursos menguaron. Los conocimientos especializados se perdieron. Y las enfermedades volvieron a enseñar sus garras con saña, sin una infraestructura que permitiera controlarlas. Por ejemplo, la incidencia mundial del dengue se ha multiplicado por 30 si se compara con la situación de hace 50 años.

El paludismo, que se propaga a través de mosquitos, sigue siendo la más conocida y la más mortífera de las enfermedades transmitidas por vectores. Pero hay otras.

Algunas, como el dengue y la fiebre amarilla, suelen irrumpir en grandes brotes que pueden paralizar los sistemas de salud y provocar considerables trastornos económicos y sociales. La oncocercosis provoca ceguera. El chikungunya causa fuertes dolores articulares que pueden durar semanas.

La enfermedad de Chagas en su etapa tardía puede provocar insuficiencia cardíaca y muerte prematura en adultos jóvenes. La encefalitis japonesa puede dañar permanentemente el sistema nervioso central. La esquistosomiasis, la más extendida de todas estas enfermedades, contribuye a una nutrición deficiente y un bajo rendimiento escolar.

Algunas formas de leishmaniasis son mortales rápidamente. Otras provocan una desfiguración facial grave. De los 120 millones de personas infectadas actualmente de filariasis linfática, unos 40 millones de personas están desfiguradas e incapacitadas por la enfermedad.

La pérdida de productividad es una de las consecuencias. La estigmatización y la exclusión social son otras de las penalidades resultantes, especialmente para las mujeres.

En otra tendencia preocupante, en varios países los vectores están adquiriendo resistencia a un tipo de insecticidas sumamente efectivo, que es también el más asequible.

Viviendas en condiciones deficientes, la insalubridad del agua y la inmundicia omnipresente son el caldo de cultivo en el que medran los vectores. Las enfermedades transmitidas por vectores se cobran su mayor número de víctimas entre los pobres, las personas que han perdido el tren del desarrollo. Las medidas para controlar los vectores ofrecen una oportunidad excelente, pero infrautilizada, de ayudar a esas personas a superar su atraso.

Es necesario recuperar el impulso del control de los vectores y las capacidades fundamentales que lo sostienen. Ello incluye al personal que posee los conocimientos técnicos especializados, unos sistemas de vigilancia más robustos y una mejor infraestructura de laboratorios.

En el caso de las enfermedades transmitidas por vectores, los programas de control nunca funcionan cuando se estancan. O fluyen con ímpetu o se hunden.

El Día Mundial de la Salud es un recordatorio de que es imperativo actuar antes de que una situación alarmante se deteriore todavía más.

Tomar medidas es perfectamente factible. La OMS fomenta una lucha integrada contra los vectores como el mejor enfoque para reforzar el control de los vectores. Es un enfoque en el que se utilizan diferentes intervenciones, desde la fumigación de interiores con insecticidas de acción residual hasta el uso de depredadores naturales, métodos cuya eficacia puede redoblarse al utilizarse conjuntamente.

El control de las enfermedades transmitidas por vectores puede contribuir en gran medida a la reducción de la pobreza, ya que va dirigido de forma precisa a los pobres.

Es mi deseo más sincero que este Día Mundial de la Salud sirva para revitalizar el control de los vectores y le otorgue el lugar destacado que merece. En el siglo XXI nadie debería morir por la picadura de un mosquito, un flebótomo, un simúlido o una garrapata.

Muchas gracias.

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