Directora General

La cobertura universal es el concepto más poderoso que la salud pública puede ofrecer

Dra Margaret Chan
Directora General de la Organización Mundial de la Salud

Discurso de aceptación pronunciado ante la 65.a Asamblea Mundial de la Salud
Ginebra, Suiza

23 de mayo de 2012

Señora Presidenta, excelencias, honorables ministros, distinguidos delegados, señoras y señores:

Agradezco esta manifestación de confianza y respaldo. Tengan por seguro que haré mi mejor esfuerzo por servir bien a la Organización y, con respeto y humildad, honrar la confianza que han depositado en mí.

Mi mayor imperativo en los próximos cinco años será dirigir el trabajo de la OMS con el fin de que se sostenga el impulso sin precedentes en pro de una mejor salud que caracterizó el comienzo de este siglo. Necesitamos la continuidad; nos hace falta consolidar el terreno que hemos ganado en fecha reciente, y mejorar a partir de allí. Si bajamos la guardia y nos relajamos, los problemas que estamos a punto de resolver se volverán con furia en contra nuestra. La historia de la salud pública nos lo ha demostrado una y otra vez.

A despecho del mal momento económico en que nos encontramos, para los próximos cinco años tengo ambiciones grandes y, según creo, plenamente justificadas. Refrendo aquí mi compromiso con el mejoramiento de la salud de las mujeres y de los pueblos de África, que además se ha fortalecido por experiencias recientes. Seguiré apoyando plenamente la iniciativa «Todas las mujeres, todos los niños», así como otras de las muchas iniciativas que están surgiendo para mejorar la salud en África. Como parte del compromiso con las mujeres, haré más hincapié en la prevención de la violencia doméstica.

Entre las prioridades concretas que me he fijado para los próximos cinco años quiero destacar las siguientes: los sistemas de salud y el fortalecimiento de la capacidad; las enfermedades crónicas no transmisibles, la salud mental y las discapacidades; la seguridad sanitaria; el desarrollo sanitario para la reducción de la pobreza; el acceso a los productos médicos; y el mejoramiento del desempeño de la OMS mediante las reformas. Todos ellos son temas que se corresponden bien con las prioridades de los Estados Miembros.

Me propongo abordar estos problemas en un momento muy estimulante para la salud pública. En efecto, estamos observando que un número creciente de países, con diferentes niveles de desarrollo económico y de distintas partes del mundo, están reformando sus sistemas de salud poniendo la equidad como una meta explícita. Quieren que todos sus ciudadanos reciban asistencia de buena calidad siempre que la necesiten, sin importar su capacidad de pago. Aspiran a un acceso y una financiación que sean justos.

Resulta casi ilógico pensar que, en una época de expectativas crecientes del público con respecto a la asistencia sanitaria, de costos altísimos y de recortes presupuestarios, cada vez haya más países que están ejecutando planes para lograr la cobertura universal. Pero eso es lo que está sucediendo.

Otra tendencia positiva es que los países que han alcanzado la cobertura universal están organizando conferencias internacionales en solidaridad con otros países que quieren seguir el mismo camino. En 2010, la presentación en Alemania del Informe sobre la salud en el mundo, sobre financiación de los sistemas de salud, constituyó un hito, tuvo un efecto multiplicador e impulsó la realización una multitud de reuniones nacionales y regionales, la publicación de debates en la bibliografía médica y de economía sanitaria y conferencias internacionales, las más recientes organizadas por México, Sudáfrica y Tailandia. Esto ha sucedido en todas las regiones del mundo.

Me alienta profundamente esta actividad que casi parece un movimiento. Representa una luz de esperanza para miles de millones de personas en un mundo profundamente injusto. Como se ha demostrado en estas reuniones, avanzar en pos de la cobertura universal levanta enormemente el ánimo y es casi mágico. Mencionaré como ejemplo algo de lo que nos hemos enterado esta semana: las reformas sanitarias de Turquía, iniciadas en 2003, han reducido en tres tantos la mortalidad de menores de 5 años.

Agradezco al Gobierno de México la invitación que me ha hecho para asistir a una reunión del Grupo de los 20 en la que se manifestará el reconocimiento a la OMS por su contribución a la salud del mundo. Habida cuenta de los logros alcanzados por México, será un lugar ideal para hablar de la cobertura universal.

Opino que la cobertura universal es el concepto más poderoso que la salud pública puede ofrecer. Representa el medio de lograr mayor eficiencia y mejor calidad, y puede quitarnos de encima el peso aplastante de las enfermedades no transmisibles que actualmente agobia al mundo. La cobertura universal es el concepto general que exige soluciones a los mayores problemas con que se enfrentan los sistemas de salud.

Me refiero a los costos elevadísimos aunados a un acceso deficiente a los medicamentos esenciales, especialmente los productos genéricos asequibles; al interés excesivo por la curación, que margina la prevención; a la atención privada cara para unos cuantos privilegiados, junto a la atención de segunda para todos los demás; a la enorme escasez de personal o la combinación equivocada de tipos de personal; a los sistemas de información débiles o inapropiados; al control débil por la vía reglamentaria; y a los planes de financiación de la asistencia que castigan a los pobres. La cobertura universal es el rasgo distintivo del compromiso de los gobiernos, de su deber de cuidar de todos sus ciudadanos; constituye por lo tanto la expresión capital de la equidad.

Señoras y señores:

A veces me preguntan qué defiende la OMS en el siglo XXI; mi respuesta es: la OMS defiende la equidad. También son importantes la transparencia y la rendición de cuentas, con las que estoy plenamente comprometida. Estas palabras se oyen con frecuencia cada vez mayor a medida que aumenta la presión para invertir juiciosamente los recursos escasos.

En la campaña para la elección a este cargo en mi primer mandato establecí 22 compromisos en mi programa de trabajo; son 22 promesas que hice a los Estados Miembros y sus ciudadanos si resultaba elegida. Me responsabilizo de lo que prometí y, por este motivo, en junio daré a conocer una boleta de calificaciones de la manera como la OMS, bajo mi dirección, se ha desempeñado para cumplir cada una de esas promesas.

Señoras y señores:

Si el futuro nos exige avanzar con el viento en contra, puede decirse que la OMS comienza la carrera en posición de ventaja. Desde los comienzos del presente siglo, la OMS y los Estados Miembros han acordado la adopción de varios instrumentos para la gobernanza sanitaria mundial. Las negociaciones fueron prolongadas y arduas, pero siempre se llegó a un acuerdo, incluso cuando determinadas disposiciones se interponían en el camino de poderosos intereses económicos. No sé de ningún otro ámbito de las relaciones internacionales en que los países hayan hecho a un lado sus diferencias y llegado a acuerdos que anteponen la seguridad colectiva a las amenazas comunes, como el consumo de tabaco o las enfermedades emergentes y epidemiógenas. Esto me enorgullece, no porque lo considere un homenaje a la eficacia de la OMS, sino porque es un signo de la gran prioridad que se concede genuinamente a la salud, así como la voluntad colectiva de los Estados Miembros para hacer que hasta el último rincón de este planeta sea un lugar saludable.

La equidad ocupa el lugar central del marco de preparación para una pandemia de gripe. Las negociaciones tardaron más de cuatro años, fueron difíciles y a veces explosivas. Pero, al final, los Estados Miembros dieron a la OMS, y al mundo, un modelo poderoso de comportamiento equitativo. Como dije antes, la OMS está en favor de la equidad. Los países en desarrollo saben que de la OMS siempre recibirán un trato justo. Esto representa un gran homenaje a la voluntad colectiva de los Estados Miembros y su compromiso profundo, a menudo valeroso, en favor de la salud. Una crisis financiera no puede anular ese compromiso. Espero los próximos cinco años con un gran optimismo y grandes expectativas.

Muchas gracias.

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