Directora General

La crisis financiera y la salud mundial

Dra. Margaret Chan
Directora General de la Organización Mundial de la Salud

Palabras pronunciadas en la reunión consultiva de alto nivel sobre la crisis financiera y la salud mundial

Ilustres ministros, distinguidos expertos, señoras y señores:

Quiero darles a todos mi más calurosa bienvenida, y agradecer en especial a los miembros de la mesa que hayan aceptado venir aquí con tan escasa antelación.

El tema que nos ocupa es muy importante y apremiante y no disponemos de mucho tiempo. Seré breve.

He convocado esta reunión por varias razones. Ante todo, los países, cualquiera que sea su nivel de desarrollo económico, están muy preocupados por las repercusiones sanitarias de la crisis financiera.

Los funcionarios temen que la situación sanitaria en sus países se agrave a medida que el desempleo aumente, las redes de protección social empiecen a fallar, los ahorros y fondos de pensiones se vean erosionados, y el gasto en salud disminuya. Les preocupa que aumenten las enfermedades mentales y la ansiedad, y que se dispare quizá el consumo de tabaco, alcohol y otras sustancias nocivas. Así ha ocurrido en el pasado.

Temen también los funcionarios que resulte imposible mantener los actuales niveles de financiación del desarrollo sanitario internacional. Estos problemas son extremadamente importantes para iniciativas como la GAVI y el Fondo Mundial.

En tiempos de austeridad, ¿cómo fijar las prioridades? ¿Cómo decidir qué cosas debemos conservar y a cuáles debemos renunciar?

Esos temores están plenamente justificados. La situación es alarmante y muy volátil, pues tiene algunas dimensiones sin precedentes.

Los mercados financieros, la economía y las empresas están más interconectados que nunca. Como hemos podido ver, los descalabros financieros son contagiosos, pues pasan muy rápidamente de un país a otro y se propagan con celeridad también de un sector económico a muchos otros.

La crisis ha llegado en un momento delicado para la salud pública. Nos hallamos en medio de la campaña más ambiciosa emprendida jamás para abordar las causas fundamentales de la pobreza y reducir la brecha de resultados sanitarios. Nadie quiere ver frenado ese impulso.

En las crisis económicas la gente tiende a evitar la atención privada y hacer un mayor uso de los servicios de carácter público. Esta tendencia se perfila en un momento en que el sistema de salud pública de muchos países se encuentra ya sobresaturado y subfinanciado.

En muchos países de ingresos bajos, más del 60% del gasto sanitario nacional es privado y en su mayoría adopta la forma de pagos directos. Las dificultades económicas aumentan el riesgo de que la gente descuide la atención de salud y de que las medidas de prevención acaben en la cuneta. Y esa menor atención preventiva resulta especialmente preocupante pues coincide con tendencias mundiales como el envejecimiento demográfico y el aumento de las enfermedades crónicas.

Sabemos también que las mujeres y los niños pequeños se encuentran entre quienes primero se verán afectados por el deterioro de la situación financiera y de la disponibilidad de alimentos. Por otro lado, la reciente evolución del comercio internacional ha dejado a muchos países con escasa autosuficiencia en lo referente a la producción de alimentos de primera necesidad, piedra angular de la seguridad alimentaria.

Señoras y señores,

He convocado también esta reunión consultiva por otras tres razones.

Primero, debemos aprovechar cualquier oportunidad para proteger a las poblaciones y adelantarnos a los efectos negativos en la salud. Trabajando juntos, necesitamos utilizar experiencias del pasado para conseguir entender lo mejor posible qué puede ocurrir, qué señales de alerta podemos esperar, cuándo intervenir, y qué medidas tomar.

Segundo, los ministerios de salud y de relaciones exteriores necesitan un conjunto de argumentos convincentes para persuadir a otros ministerios de la necesidad de proteger la financiación de la salud, a nivel tanto nacional como internacional. En el pasado hemos podido constatar las privaciones sufridas por algunos sectores sociales en periodos de dificultades económicas, con consecuencias nefastas a largo plazo.

Por último, debemos actuar con inteligencia y con conciencia de los costos en los sistemas de alerta temprana y las medidas de protección que recomendemos. Puedo asegurarles que la OMS procura usar los sistemas e instrumentos ya existentes.

Estoy controlando personalmente la eficiencia global de las operaciones de la OMS. Tengan la seguridad de que estoy dispuesta a aplicar una estricta disciplina financiera en mi calidad de funcionario principal técnico y administrativo de esta Organización.

Muchas gracias.

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