Directora General

Reducción de las emisiones de carbono y mejora de la salud

Dra. Margaret Chan
Directora General de la Organización Mundial de la Salud

25 de noviembre de 2009

Acontecimientos como la crisis financiera o el cambio climático no son casualidades del mercado o de la naturaleza. Por el contrario, denotan el fracaso masivo de los sistemas internacionales que rigen las interacciones entre las naciones y sus pueblos. El contagio de nuestros errores es inclemente y no tiene en cuenta el juego limpio. Así, los países que menos han contribuido a las emisiones de gases de efecto invernadero serán los primeros y los más afectados por el cambio climático[1].

Se han identificado con un alto grado de certeza varios efectos del cambio climático en la salud. Aumentarán la malnutrición y sus devastadores efectos en la salud infantil. Las inundaciones, sequías y tormentas empeorarán y causarán más muertos y heridos.

Las olas de calor también causarán más muertes, especialmente entre los ancianos. Por último, el cambio climático podría alterar la distribución geográfica de los vectores de enfermedades, como los insectos que transmiten el paludismo o el dengue [2]. Todos estos problemas de salud son ya enormes, se concentran en gran medida en el mundo en desarrollo, y son difíciles de controlar [3].

Lamentablemente, los planificadores de políticas han tardado en reconocer que el balance final del cambio climático es el riesgo para la salud y la calidad de vida del ser humano. Por suerte, esta situación está empezando a cambiar. En la Asamblea de la Salud, los ministros de salud han pedido que se intensifiquen las medidas para proteger la salud contra el cambio climático [4] tales como la sensibilización, la elaboración de planes de acción nacionales o el aumento del apoyo al fortalecimiento de las capacidades adaptativas de los sistemas de salud, sobre todo en los países más vulnerables.

En los últimos meses también ha habido declaraciones y campañas de importantes asociaciones médicas y organizaciones sanitarias no gubernamentales, hechas en nombre de decenas de miles de profesionales sanitarios y otros ciudadanos preocupados[5,6]. Los resultados de las investigaciones que han demostrado que las estrategias de reducción de las emisiones de carbono pueden ser buenas para la salud han ayudado a impulsar estos cambios. Por consiguiente, los artículos de la serie presentada hoy en The Lancet son oportunos y de gran importancia.

Estos artículos avalan la vinculación del clima a los objetivos sanitarios. La mayoría de las medidas de mitigación del cambio climático que se han investigado (tales como las fuentes de energía doméstica más limpias o la reducción de la dependencia del transporte automóvil y del consumo de productos animales en los países desarrollados) serían beneficiosas para la salud pública.

En muchos casos esos beneficios son considerables y podrían ayudar a resolver algunos de los problemas sanitarios mundiales más importantes, de crecimiento más rápido y que más recursos del sector sanitario consumen, como las infecciones respiratorias agudas, las enfermedades cardiovasculares, la obesidad, el cáncer o la diabetes. Aunque las medidas de mitigación tienen sobre el clima efectos mundiales y a largo plazo, sus beneficios sanitarios son locales e inmediatos, lo cual las hace más atrayentes para los políticos y la población.

Estas investigaciones centran la atención en el papel de la comunidad sanitaria en las políticas sobre el clima, aportan otras razones para defender medidas de mitigación eficaces y justas, y añaden un firme argumento concluyente a favor de políticas públicas sostenibles y más saludables. Estos artículos también ilustran las grandes variaciones de la magnitud de los beneficios sanitarios que se pueden lograr con cualquier inversión financiera o reducción de la emisión de gases de efecto invernadero.

Si no se da prioridad a las opciones de mitigación que más favorecen la salud se desperdiciará una importante oportunidad social y se obtendrá menos rentabilidad de las inversiones.

En la actualidad el problema no consiste en saber si se está produciendo un cambio climático, sino cómo responder a él de la forma más eficaz. El primer paso es evidente. A corto plazo, el fortalecimiento de los sistemas de salud y la ampliación de la cobertura de intervenciones de salud pública baratas y de eficacia demostrada para controlar las enfermedades sensibles al clima aceleraría los progresos hacia la consecución de los Objetivos de Desarrollo del Milenio relacionados con la salud y salvaría millones de vidas.

A largo plazo, esas mismas medidas también reducirían la vulnerabilidad al cambio climático. La respuesta al cambio climático no representa una distracción de las actividades de protección de la salud, sino que es parte del mismo programa. Ahora que los gobiernos se reúnen en Copenhague de 7 al 18 de diciembre (en la conferencia COP15) para lograr un acuerdo sobre la respuesta al cambio climático, la comunidad sanitaria tiene tres mensajes claros.

Primero, el cambio climático representa una gran amenaza para la salud. Segundo, el fortalecimiento del control de las enfermedades de la pobreza es esencial para proteger a las poblaciones más vulnerables y es una inversión segura en recursos de adaptación al cambio climático. Tercero, como muestra la presente serie de artículos, la reducción de las emisiones de gases de efecto invernadero puede representar una oportunidad de refuerzo mutuo para atenuar el cambio climático y mejorar la salud pública. Por consiguiente, la protección de la salud debe ser uno de los criterios para evaluar las medidas de mitigación.

Hacer frente al cambio climático no es una cuestión simplemente de acuerdos internacionales ni de costos económicos; es elegir el mundo en el que queremos vivir. El cambio climático es un precio que estamos pagando por políticas miopes. El logro de la riqueza económica primó sobre la protección de la salud ecológica del planeta y de los sectores más vulnerables de la sociedad.

Nos enfrentamos fundamentalmente a una elección de valores: mejora de la calidad de vida, protección de los más débiles y justicia. Estos valores son los mismos que motivan a la salud pública, y la comunidad sanitaria está plenamente dispuesta a hacer frente a este reto.

Reproducido con la autorización de la revista The Lancet.


Referencias

1. McMichael A, Campbell-Lendrum D, Kovats R, et al. Climate change. In: Ezzati M, Lopez A, Rodgers A, Murray C, dir. publ. Comparative quantification of health risks: global and regional burden of disease due to selected major risk factors. Ginebra, Organización Mundial de la Salud, 2004.

2. Confalonieri U, Menne B, Akhtar R, et al. Human health. In: Parry ML, Canziani OF, Palutikof JP, Linden PJvd, Hanson CE, eds. Climate change 2007: impacts, adaptation and vulnerability. Contribution of Working Group II to the Fourth Assessment Report of the Intergovernmental Panel on Climate Change. Cambridge, Reino Unido, Cambridge University Press, 2007: 391-431.

3. OMS. La carga mundial de la enfermedad 2004. (consultada el 2 de noviembre de 2009).

4. OMS. Cambio climático y salud: resolución de la 61 Asamblea Mundial de la Salud. 24 de mayo de 2008 (consultada el 2 de noviembre de 2009).

5. Asociación Médica Mundial. Declaración de Delhi sobre la salud y el cambio climático. 2009. (consultada el 2 de noviembre de 2009).

6. Lim V, Stubbs JW, Nahar N, et al. Politicians must heed health effects of climate change. Lancet 2009; 374: 973.

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