Cáncer

Cribado de diversos tipos de cáncer

El cribado consiste en determinar la presunta existencia de una enfermedad o defecto no diagnosticados por medio de pruebas, exploración física u otros procedimientos que puedan aplicarse con rapidez.

Cuando se aboga por la ejecución de programas de cribado en el marco de iniciativas de detección precoz del cáncer, es importante que los programas nacionales de control del cáncer eviten la imposición de los métodos «tecnológicamente avanzados» del mundo desarrollado a los países que carecen de la infraestructura y los recursos necesarios para utilizar esa tecnología apropiadamente o para lograr una cobertura suficiente de la población.

El éxito del cribado depende de que haya personal suficiente para llevar a cabo las pruebas de detección sistemática e instalaciones disponibles para poder realizar las tareas de diagnóstico, tratamiento y seguimiento consiguientes.

A la hora de adoptar una determinada técnica de cribado hay que tener en cuenta varios factores:

  • Sensibilidad: eficacia de una prueba diagnóstica para detectar un cáncer en quienes padecen la enfermedad.
  • Especificidad: medida en que una prueba diagnóstica da resultados negativos en quienes no padecen la enfermedad.
  • Valor predictivo positivo: proporción de individuos que padecen efectivamente la enfermedad entre quienes dan positivo a la prueba.
  • Valor predictivo negativo: proporción de individuos que no padecen la enfermedad entre quienes dan negativo a la prueba.
  • Aceptabilidad: medida en que las personas a quienes la prueba está destinada aceptan someterse a la misma.

Una prueba de cribado debe aspirar a garantizar que quede sin detectar el menor número posible de personas enfermas (sensibilidad elevada) y que el menor número posible de personas no enfermas se sometan a nuevas pruebas diagnósticas (especificidad elevada).

En caso de sensibilidad y especificidad elevadas, la probabilidad de que una prueba de cribado positiva dé un resultado correcto (valor predictivo positivo) depende en gran medida de la prevalencia de la enfermedad en la población. Si la prevalencia es muy baja, ni siquiera la mejor prueba de cribado podrá utilizarse con eficacia en un programa de salud pública.

Las políticas de detección precoz del cáncer presentan diferencias considerables de un país a otro. Un país industrializado puede llevar a cabo programas de cribado del cáncer del cuello del útero y de mama. En cambio, esos programas no son recomendables en países menos adelantados donde se registra una baja prevalencia de cáncer y la infraestructura de atención de salud es deficiente.

Además, solo los programas de cribado organizados tienen probabilidades de alcanzar un éxito total como medio de llegar a una gran proporción de la población en situación de riesgo. Los países que favorecen que la detección del cáncer forme parte de la práctica médica habitual, o que simplemente alientan a la población a someterse a pruebas específicas a intervalos regulares, tienen pocas probabilidades de aprovechar todo el potencial de un programa de cribado.

Los buenos resultados de un programa de cribado dependen de una serie de principios fundamentales:

  • la enfermedad que se desea combatir debe ser una forma común de cáncer, que lleve asociadas una morbilidad y mortalidad elevadas;
  • debe existir un tratamiento eficaz, capaz de reducir la morbilidad y la mortalidad;
  • los procedimientos de examen deben ser aceptables, inocuos y relativamente poco costosos.

En un programa nacional de control del cáncer, los programas de cribado deben organizarse de tal forma que una gran proporción del grupo destinatario se someta a la prueba en cuestión y los individuos en los que se observen anomalías reciban diagnóstico y tratamiento adecuados. Hay que llegar a un acuerdo sobre las directrices que se aplicarán en el programa nacional de control del cáncer respecto de:

  • la frecuencia de las pruebas de detección y las edades en que se deberían realizar;
  • los sistemas de control de calidad de las pruebas de detección;
  • mecanismos bien definidos para el envío de pacientes y el tratamiento de las anomalías;
  • un sistema de información con el que sea posible:
    • enviar avisos para realizar la prueba de detección inicial;
    • mandar un recordatorio para repetir la prueba; hacer el seguimiento de las personas en las que se hayan detectado anomalías;
    • supervisar y evaluar el programa.

Los pacientes a menudo no participan en las actividades recomendadas de cribado del cáncer por varias razones. En muchos casos los pacientes y los dispensadores de atención de salud entienden el concepto de detección precoz pero no cumplen las recomendaciones. El incumplimiento es un problema de salud general y debe abordarse de forma integral para mejorar los resultados e impedir que se derrochen los recursos.

Un programa de cribado concentrado exclusivamente en un grupo de alto riesgo casi nunca está justificado, porque esos grupos ya definidos generalmente representan solo una pequeña proporción de la carga de cáncer en el país.

En la planificación de la cobertura de los programas de cribado, sin embargo, hay que tomar medidas para asegurarse de que estén incluidas todas las personas de alto riesgo, un requisito que puede ser difícil de cumplir. En la detección del cáncer del cuello del útero, por ejemplo, suele ser difícil incluir en el programa de cribado a la población de alto riesgo.

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