Boletín de la Organización Mundial de la Salud

Donación y trasplante de riñones

La mayor parte de los países se enfrentan con grandes dificultades para satisfacer la demanda de riñones para trasplante, pero unos pocos están cosechando los beneficios que reportan los sistemas orientados a aumentar el número de donaciones de órganos después de la muerte. Informe de Ben Jones y Mireia Bes.

Sobre una repisa en su casa de Toledo (España), María Jesús González tiene una imagen enmarcada que llama la atención.

Se trata de la ecografía de un riñón recién injertado, el que ella recibió. El caso de esta mujer, que recibió el trasplante en 1992 tras habérsele diagnosticado insuficiencia renal en 1988, no es infrecuente, aunque el modo que tiene de recordarlo pueda parecerle extraño a algunos.

María Jesús habla con franqueza de su vida después del trasplante. «Quienes hemos recibido un trasplante pueden enseñar mucho a los demás sobre cómo vivir bien. En general, tenemos una actitud más positiva porque hemos adquirido otro motivo para vivir. No puedes ponerte triste ni preocuparte por los problemas ordinarios porque lo importante es que tu vida ha mejorado y estás viva gracias al trabajo de mucha gente», declara, en referencia al tiempo y el esfuerzo que despliegan no solo el donante sino también los cirujanos, enfermeros y médicos a quienes se debe el buen resultado del trasplante renal y la asistencia de seguimiento.

Migual Angel P Lucas

María Jesús puede considerarse afortunada. Las cifras dadas a conocer en 2010 por el Observatorio Mundial de Donaciones y Trasplantes, creado por la OMS en colaboración con la Organización Nacional de Trasplantes de España, muestran que el número de órganos trasplantados, incluidos riñones, ese año representó menos del 10% de lo que se necesita en realidad a escala mundial. En números absolutos, se trasplantaron 73 179 riñones, cifra muy por debajo de los 800 000 que se necesitan en realidad.

El doctor Luc Noel, experto de la OMS en cuestiones de trasplantes, explica que varios factores dificultan la donación de riñones. «Son muchas las personas, incluso profesionales sanitarios, que no se percatan del valor de la donación de órganos después de la muerte ni de cómo funciona; además, pocos países cuentan con un sistema para estimularla».

Por lo que hace a la donación de riñones por personas vivas, agrega que muchas personas desconocen que los riesgos de complicaciones médicas o de muerte del donante son bajos. Para apoyar su afirmación, cita un artículo publicado en la revista médica JAMA en 2010, en el que se menciona que, en los Estados Unidos, se producen 3,1 defunciones a consecuencia de la operación por cada 10 000 donantes vivos; además, cuando se realiza una selección adecuada de los donantes vivos, y son atendidos correctamente, su esperanza de vida no cambia.

«En muchos países, la insuficiencia renal terminal causa la muerte, aun cuando algunos enfermos reciben diálisis por cierto tiempo», continúa el doctor Noel, en referencia a los pacientes cuyo funcionamiento renal es inferior al 10%, como ocurría con María Jesús. «Sabemos que con un riñón injertado una persona puede vivir varios decenios en buenas condiciones.»

El funcionario explica que «si bien el trasplante renal es una operación corriente, necesita un trabajo y un seguimiento interdisciplinarios, que incluyen la administración de medicamentos, estudios de laboratorio y experiencia en el tratamiento del rechazo», y agrega que, incluso teniendo en cuenta el seguimiento, el trasplante cuesta menos que la diálisis renal después del primer año.

En un estudio de costos dado a conocer en 2011 por el Instituto Nacional de Salud y Excelencia Clínica, del Reino Unido, se observó que al aumentar el número de trasplantes renales y, por consiguiente, disminuir el de enfermos sometidos a diálisis renal, al cabo de un año se consiguen ahorros importantes que siguen aumentando hasta el octavo año, a partir del cual permanecen estables.

España es uno de los países que ha sacado un gran provecho de los trasplantes renales. Actualmente colabora con la OMS para mejorar los trasplantes renales por medio de iniciativas de alcance mundial como el Observatorio Mundial de Donaciones y Trasplantes.

El sistema español envía coordinadores de trasplantes a hospitales de todo el país para aumentar la obtención de órganos de las personas que mueren, lo que consiguen mediante la detección de posibles donantes, principalmente personas que mueren en accidentes o por un accidente cerebrovascular o infarto de miocardio, y hablando con los deudos para obtener su consentimiento.

España tiene una de las tasas más bajas de respuesta negativa por parte de los familiares. En 2011, el 85% de las familias a las que se les solicitó la donación de órganos tras la muerte de un ser querido accedieron a hacerlo.

Desde su creación en los años ochenta, el sistema español hizo hincapié en aumentar la donación después de la muerte y esta es la característica central de su modelo de trasplantes. En los últimos años, España ha alcanzado una de las tasas de donación de riñones más altas del mundo, del orden de los 33 a los 35 por millón de habitantes. María Jesús es una de las beneficiarias de este sistema, pues el riñón que le injertaron provenía de un donante muerto.

El doctor Rafael Matesanz, nefrólogo y fundador de la Organización Nacional de Trasplantes de España, explica la relación costo-beneficio: «Al cabo de 20 años con este modelo calculamos que efectuar el trasplante renal en vez de la diálisis le ahorra al sistema sanitario el doble del costo del trasplante cada año. Se incluyen no solo los trasplantes de riñones, sino también los de hígado, corazón y de otros tipos».

A pesar de los beneficios de salud para los pacientes y la relación costo-beneficio ventajosa para los sistemas asistenciales, los países siguen sin obtener suficientes órganos para ayudar a los enfermos que tanto los necesitan. En muchos países la diálisis sigue siendo la forma principal de tratamiento de la insuficiencia renal.

OMS

Algunos expertos han propuesto reglamentar el suministro de riñones por donantes vivos remunerados, algo a lo que la OMS y sus Estados Miembros se oponen. En los principios rectores sobre trasplante, adoptados por la Asamblea Mundial de la Salud en 2010, se estipula lo siguiente: «Las células, tejidos y órganos deberán ser objeto de donación a título exclusivamente gratuito, sin ningún pago monetario u otra recompensa de valor monetario. Deberá prohibirse la compra, o la oferta de compra, de células, tejidos u órganos para fines de trasplante, así como su venta por personas vivas o por los allegados de personas fallecidas.»

Si bien el cuerpo humano y sus componentes no deben usarse para lucrar, en los principios rectores se reconoce la necesidad de sufragar los costos de las donaciones, los trasplantes y la asignación de los órganos.

La escasez de donantes de riñones y la dependencia excesiva de la diálisis renal, que a pesar de que puede salvar la vida va debilitando al enfermo, ha propiciado que enfermos desesperados busquen conseguir un trasplante por medios ilegales.

«Hay individuos y organizaciones sin escrúpulos que están sacando provecho de esta situación», menciona el doctor Noel. «El tráfico de órganos humanos no reconoce fronteras nacionales y por ello revela la necesidad de que haya un control a escala mundial de esta esfera de la asistencia médica.»

Para hacer frente a estos problemas, mejorar la rendición de cuentas y lograr que las actividades de donación y trasplante sean más seguras, la OMS promueve en todo el mundo la implantación de sistemas de codificación uniformes para rastrear las células, tejidos y órganos humanos usados para trasplantes a raíz de una decisión adoptada por la Asamblea Mundial de la Salud en 2010.

«Lo que cabe hacer es establecer sistemas de codificación basados en la norma de información mundial 128 de la Sociedad Internacional de Transfusión de Sangre en materia de programas de tratamiento a base de sangre y células, que ya se han implantado ampliamente», explica el doctor Noel.

Si bien el tráfico de órganos humanos abarca principalmente los obtenidos de personas vivas, la Asamblea Mundial de la Salud subrayó igualmente la importancia de aumentar la donación de personas fallecidas. El doctor Noel indica que los países deben esforzarse más para explicar estos temas a la población y aplicar el llamado «consentimiento presunto», según el cual las personas pueden optar por no donar sus órganos en vez de optar activamente por donarlos.

En la realidad la mayor parte de los países, en especial España y Túnez, cuentan con leyes que permiten el consentimiento presunto pero solo lo aplican después de conversar con la familia y dando precedencia a los deseos de esta.

Túnez ha encontrado una forma sencilla de aumentar la tasa de trasplantes mediante la aplicación de un impuesto reducido a la diálisis para sufragar los costos del sistema de donación y trasplantes. El gravamen, una cantidad mínima de dos dinares (un dólar estadounidense) se aplica al costo de cada sesión de diálisis y se deposita en un fondo destinado a promover el trasplante de órganos.

A pesar de que esta medida ha favorecido que Túnez tenga una de las tasas más elevadas de donación de riñones en África (según el Observatorio Mundial de Donaciones y Trasplantes, en 2010 se practicaron casi 11 trasplantes de donantes vivos por millón de habitantes), aún falta mucho por hacer.

En muchos países, incluido Túnez y otras parte del Norte de África, hay una gran oposición a la donación de personas fallecidas, ya sea por motivos religiosos o por las inquietudes acerca de la forma en que se trata el cadáver al morir la persona. En una encuesta realizada por el profesor Jalel Hmida, exdirector del Centro Nacional de Promoción del Trasplante de Órganos de Túnez, únicamente un 50% de las personas entrevistadas estarían de acuerdo en donar órganos después de muertos.

Túnez se está esforzando por vencer estas objeciones a la donación de personas fallecidas, para lo cual se vale de una red de profesionales que se ocupan de dar a conocer la importancia de la donación de riñones, pero el doctor Mohamed Salah Ben Ammar, que ayudó a crear el sistema de donación de riñones de personas fallecidas y de personas vivas en el país, señala: «La lista de espera sigue aumentando»

En opinión del doctor Noel, para llegar a satisfacer la demanda de trasplantes renales en cualquier país, «es preciso desplegar esfuerzos para mostrarle a la población que la donación de órganos es un gesto de civismo y apelar a su sentido de reciprocidad y solidaridad».

El problema se ha prolongado por mucho tiempo. Desaprovechar el potencial de la donación de riñones tiene un costo humano. Cada año mueren miles de personas que estaban esperando un trasplante renal y, como señala María Jesús, recibir un riñón de una persona viva o muerta le da al enfermo otra oportunidad de vivir: «Para mí fue muy importante ver lo felices que estaban estas personas. Se trata de un cambio que no se circunscribe al que recibe el trasplante sino a todos los que lo rodean porque se transmite la sensación de que las cosas buenas pueden suceder en cualquier momento. Desde entonces, he decidido vivir la vida disfrutando de cada momento».

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