Boletín de la Organización Mundial de la Salud

La seguridad vial en el mundo

Tami Toroyan a & Margie Peden a

a. Departamento de Prevención de la violencia y los traumatismos y discapacidad, Organización Mundial de la Salud, 20 Avenida Appia, 1211 Ginebra 27, Suiza.

Los traumatismos causados por el tránsito son uno de los principales problemas de salud pública, pues provocan más de 1,2 millones de muertes cada año.1 Afectan a todos los grupos de edad, pero de forma más destacada a los jóvenes: son la primera causa de mortalidad a nivel mundial en la franja de 15 a 29 años. Aunque en muchos países de ingresos altos las tasas de mortalidad por accidentes de tránsito se han estabilizado o han disminuido en los últimos decenios, los datos disponibles llevan a pensar que en la mayoría de las regiones del mundo están aumentando de resultas del rápido incremento de la motorización y de la insuficiencia de las actividades de prevención. Se ha estimado que, a menos que se tomen medidas inmediatas, las muertes en carretera aumentarán hasta convertirse en la quinta causa de muerte para 2030, con unos 2,4 millones de defunciones anuales.1,2

La atención prestada por las instancias normativas y las instituciones financiadoras a esta epidemia que asuela las vías de tránsito en todo el mundo no guarda en absoluto proporción con la carga de morbilidad asociada a los traumatismos causados por el tránsito. A fin de facilitar los esfuerzos necesarios para reforzar las medidas de sensibilización y dar más prioridad a la seguridad vial en las agendas políticas y del desarrollo –así como para garantizar la financiación a largo plazo que requiere una inversión sostenida en la seguridad vial-, es preciso manejar cifras fiables sobre la magnitud del problema, mejorar la vigilancia de las tendencias mundiales y regionales, e identificar las lagunas existentes en las actividades necesarias a nivel nacional, regional e internacional. Ello exige a su vez una evaluación mundial de las medidas de seguridad vial basada en un método estándar que permita vigilar las tendencias de varios indicadores de la seguridad vial a lo largo del tiempo, y que permita además a los países comparar su situación con la seguridad vial de otros países. Tales evaluaciones son corrientes en otras esferas de la salud: en el caso del alcohol, el control del tabaco y la tuberculosis, se dispone de instrumentos e indicadores que permiten evaluar la situación mundial en cada uno de esos ámbitos de forma periódica, y utilizar esos datos con fines de promoción. Este año se ha realizado por primera vez una encuesta de ese tipo en 178 países: los resultados presentados en el Informe sobre la situación mundial de la seguridad vial ofrecen la primera panorámica mundial de la seguridad vial, y proporcionan a los gobiernos, los donantes, los médicos y los investigadores la información que necesitan para tomar decisiones basadas en la evidencia en materia de seguridad vial.3

El informe presenta varios resultados clave que tienen importantes implicaciones a nivel normativo. Confirma los resultados de investigaciones anteriores que muestran que las tasas de letalidad asociadas al tránsito son mucho mayores en los países de ingresos bajos y medios (21,5 y 19,5 por 100 000, respectivamente) que en los países de ingresos altos (10,3 por 100 000). Se destaca en él que aunque los países en desarrollo concentran más del 90% de las defunciones por accidentes de tránsito, sin embargo albergan menos de la mitad de los vehículos registrados en todo el mundo. Esto remite a otro dato, a saber, que casi la mitad de las personas fallecidas en accidentes de tránsito son peatones, ciclistas o motociclistas, y esa proporción de muertes de usuarios vulnerables es mayor en las economías más pobres del mundo, muchas de las cuales no han aplicado todavía medidas de prevención en materia de seguridad vial o carecen de suficientes servicios médicos de urgencia para afrontar las consecuencias del aumento de accidentes. La interrupción o inversión de la tendencia de la mortalidad mundial por accidentes de tránsito exige por consiguiente una perspectiva amplia que abarque la protección de todos los usuarios de las carreteras, pero que garantice también en particular que en las decisiones concernientes al aprovechamiento de la tierra y la planificación del transporte se tengan en cuenta las necesidades de los usuarios más vulnerables. Por ejemplo, las nuevas infraestructuras pueden separar a los usuarios motorizados y no motorizados que actualmente comparten espacio vial; la inversión en transportes públicos puede reducir el riesgo entre los usuarios vulnerables; y es posible adoptar estrategias que fomenten los desplazamientos a pie y en bicicleta, alternativas que son ya las principales modalidades de transporte en algunos países de ingresos bajos y medios. La reducción de la dependencia de formas individuales de transporte motorizado también puede tener muchos efectos beneficiosos para la salud y el ambiente, en particular la reducción de la contaminación del aire y los efectos saludables de la mayor actividad física.

El informe muestra algunas tendencias sorprendentes de la mortalidad en varios países de ingresos medios que han pasado por una fase de rápida urbanización y motorización. Esto lleva a pensar que muchos países de ingresos bajos y medios que aún tienen que realizar esa transición podrían ver aumentar aún más su mortalidad por accidentes de tránsito a menos que emprendan de inmediato iniciativas tendentes a implementar y sostener varias medidas de seguridad vial.

El informe ofrece algunos datos nuevos de interés sobre las intervenciones ya emprendidas a nivel de país. Por ejemplo, solo un 15% de los países han promulgado leyes que contemplen prácticas óptimas basadas en una evidencia sólida sobre su eficacia, pese a los muchos datos que avalan la eficacia de la aplicación y la vigilancia del cumplimiento de leyes relacionadas con factores de riesgo clave como son una velocidad excesiva, la conducción bajo los efectos del alcohol y el uso de cinturones de seguridad, sistemas de retención para niños y cascos para motociclistas. El cumplimiento de la legislación es fundamental para el éxito de esas medidas, y los datos presentados en el informe parecen indicar que la vigilancia de ese cumplimiento es insuficiente en numerosos países.

Por último, el informe apunta la existencia de enormes diferencias en la calidad y cobertura de los datos que reúnen y notifican muchos países respecto a los traumatismos causados por el tránsito, así como la subnotificación de la mortalidad asociada a este problema generalizado, unida a la falta de datos para el seguimiento y evaluación de las intervenciones.

El Informe sobre la situación mundial de la seguridad vial proporciona el primer punto de referencia respecto al cual medir los resultados de futuros esfuerzos. Los resultados del informe pueden usarse para fundamentar las decisiones de política en materia de seguridad vial y para conseguir apoyo político y recursos a fin de fomentar la seguridad del transporte para todos los usuarios de las vías públicas. ■

Correspondencia para Tami Toroyan (e-mail: toroyant@who.int).

Boletín de la Organización Mundial de la Salud 2009;87:736-736. doi: 10.2471/BLT.09.071829


Referencias

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