Boletín de la Organización Mundial de la Salud

Contribuciones positivas de las iniciativas sanitarias mundiales

Prerna Banati a, Jean-Paul Moatti b

Según la Organización de Cooperación y Desarrollo Económicos, el sector sanitario se ha convertido en uno de los principales beneficiarios de la asistencia para el desarrollo, pasando de poco más de US$ 6000 millones en 1999 a US$ 13 400 millones en 2005 [1]. La mayor parte de este incremento se ha producido gracias a programas orientados a enfermedades específicas y a nuevas alianzas mundiales en pro de la salud, entre ellas la Alianza GAVI (antes Alianza Mundial para Vacunas e Inmunización) y el Fondo Mundial de Lucha contra el SIDA, la Tuberculosis y la Malaria. Hasta agosto de 2008, el Fondo Mundial había aprobado acuerdos de concesión de subvenciones por un valor superior a US$ 11 000 millones con 136 países, convirtiéndose así en el organismo de asistencia para la salud más importante en cuanto al número de países asociados y la variedad de destinatarios.

El informe de 2001 sobre macroeconomía y salud publicado por la OMS demostró claramente que el mejoramiento de la salud de la población mundial no debe considerarse como el resultado natural de un crecimiento económico previo y que la inversión masiva en salud pública es una condición necesaria para el desarrollo económico [2]. En el ámbito de las investigaciones económicas, está cada vez más extendida la opinión de que las mejoras en salud fomentan el desarrollo económico porque tienen un efecto directo en la productividad de los trabajadores. No es sólo que la mejora de la salud de la población reduzca las pérdidas por morbimortalidad, sino que además la modificación de los comportamientos microeconómicos relacionados con la previsión de una mayor esperanza de vida propicia un incremento del ahorro y la inversión, así como la transmisión de capital humano mejorado a las nuevas generaciones [3], [4].

Diversos expertos señalan que existe una gran brecha entre la financiación actual y los objetivos de salud acordados a nivel internacional [5], [7]:considerando sólo África, se ha estimado que, para alcanzar los Objetivos de Desarrollo del Milenio relacionados con la salud, la financiación pública externa anual dedicada a la asistencia para la salud tendría que llegar a ser probablemente de unos US$ 25 000 - 30 000 millones en 2010 [8]. Puesto que la demanda explícitamente planteada por los países suele asociarse a una mayor capacidad de absorción y a unas necesidades sanitarias efectivas, ese déficit pasará de ser una situación hipotética a convertirse en un desafío práctico para la comunidad internacional de donantes y los gobiernos nacionales. En respuesta a la octava ronda del Fondo Mundial en 2008, 97 países han solicitado un total de US$ 6400 millones en nuevas subvenciones, casi tres veces más que en las rondas anteriores [9].

Sin embargo, como se indica en este número monográfico del Boletín la mera actitud de preconizar que se invierta más dinero en la salud puede dificultar que se haga un uso más eficaz y racional de los recursos ya disponibles. La mala noticia que se desprende de las publicaciones de economía de la salud es que aún existe una gran incertidumbre sobre la contribución real del gasto sanitario al crecimiento y, en consecuencia, sobre el nivel óptimo de las inversiones en salud en comparación con otros gastos sociales, lo que dificulta la implementación de políticas macroeconómicas adecuadas y la mejora de la gobernanza y la eficacia de los sistemas de atención de salud. La buena noticia es que algunos países ya han empezado a buscar soluciones.

En la mayoría de los países en desarrollo gran parte del gasto sanitario se financia con los pagos directos que hacen las familias en el mismo centro donde son atendidas (lo que representa el mecanismo de financiación más regresivo y menos equitativo) [10], pero las iniciativas sanitarias mundiales contribuyen a reducir esa carga subvencionando el acceso a medicamentos esenciales. Se ha demostrado que la eliminación de los honorarios pagados por los usuarios y las políticas de recuperación de costos amplían el acceso a la atención de salud por parte de las personas con ingresos muy bajos y facilitan el cumplimiento y el éxito del tratamiento, como bien demuestran los datos aportados por programas de atención contra el VIH [11], [12].

En Rwanda, el Fondo Mundial ha apoyado la expansión de la cobertura de seguro de enfermedad comunitario para 3,3 millones de personas con ingresos bajos, incluidas aproximadamente 300 000 personas con VIH/SIDA y 150 000 huérfanos. Alrededor de una tercera parte de los gastos subvencionados por el Fondo Mundial ya están destinados a la renovación de infraestructuras sanitarias y a la capacitación y el fortalecimiento de la capacidad del personal sanitario. Tanto la Alianza GAVI como el Fondo Mundial ofrecen hoy mecanismos específicos para financiar los sistemas de salud con soluciones transversales.

Además, gracias a la menor mortalidad del personal sanitario, la menor incidencia de enfermedades infecciosas propiciada por las intervenciones preventivas y las menores tasas de hospitalización que conlleva el mejor tratamiento de los pacientes, los programas orientados a enfermedades específicas permiten utilizar mejor los escasos recursos disponibles para los sistemas de salud. Aunque se ha señalado que la ayuda sanitaria suele estar mal coordinada, lleva asociados unos costos de transacción excesivos para los gobiernos y los ejecutores y puede incluso hacer peligrar unas reformas sanitarias adecuadas, las iniciativas sanitarias mundiales están poniendo en práctica la Declaración de París sobre la Eficacia de la Ayuda al Desarrollo (marzo de 2005).

Por ejemplo, las subvenciones del Fondo Mundial se basan en los resultados, es decir la decisión inicial de financiación y la renovación de la subvención están sujetas a una rigurosa evaluación y a indicadores de resultados que incentivan la mejora de la eficiencia y la productividad de los sistemas sanitarios. El Fondo Mundial alienta la implicación nacional en los programas, así como la participación de representantes de la sociedad civil y del sector privado en la formulación de propuestas y la supervisión de las subvenciones, ya que fomenta la democracia participativa en la política sanitaria. Además, la Junta del Fondo Mundial ha aprobado recientemente el apoyo a solicitudes de estrategias nacionales para simplificar las propuestas de subvención y los procedimientos de notificación.

La experiencia previa adquirida en materia de financiación de la atención sanitaria nos recuerda que los beneficios esperados de una mejor planificación nacional y de la aceptación de un marco común para las decisiones de financiación deben matizarse sopesando los riesgos de un control burocrático excesivo y de una menor flexibilidad, innovación y descentralización de la adopción de decisiones.■


Referencias

Afiliaciones

  • Global Fund to fight AIDS, Tuberculosis and Malaria, Geneva, Switzerland.
  • University of the Mediterranean, INSERM/IRD Research Unit 912 SE4S, Marseille, France.
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