UN ESTUDIO SOBRE EL ARSÉNICO BRINDA LA OPORTUNIDAD DE MITIGAR LA CRISIS DE ABASTECIMIENTO DE AGUA EN BANGLADESH


10 de septiembre de 2002

En Bangladesh se recurre muchas veces sin necesidad a pozos que contienen agua con altos niveles de arsénico. Investigadores de los Estados Unidos y de Bangladesh informan en el Boletín de la Organización Mundial de la Salud (www.who.int/bulletin) de este mes que en la zona estudiada había otros pozos entubados cercanos de contenido salubre que podrían utilizarse en su lugar. Esto depara una solución a corto plazo que, si se adoptase sistemáticamente en todo el país, podría evitar a millones de personas los cánceres y los trastornos cardiovasculares que causa la exposición crónica al arsénico. Actualmente unos 30-36 millones de habitantes de Bangladesh sufren ese tipo de exposición.

«El uso de pozos seleccionados es una medida que podría alentarse de forma más sistemática en Araihazar y en muchas otras partes de Bangladesh y de Bengala occidental, India», concluyen Alexander van Geen y sus colaboradores, de la Universidad de Columbia, Nueva York, y de la Universidad de Dhaka y el Instituto Nacional de Medicina Social y Preventiva de Bangladesh.

Los autores hallaron que el 48% de los 4997 pozos entubados contiguos del distrito de Araihazar (55 000 habitantes) cumplían las normas en vigor en Bangladesh respecto al agua potable, que establecen un máximo de 50 microgramos de arsénico por litro.1 Calculando la distancia que separaba cada pozo insalubre del pozo salubre más próximo, descubrieron que, si bien sólo la mitad de los habitantes disponían de agua salubre en su propio pozo, el 88% vivía a menos de 100 metros de un pozo salubre, y el 95% a menos de 200 metros. En seis pozos a la sazón salubres de los que se extrajeron muestras cada dos semanas durante un año, no se observó ningún indicio de fluctuación estacional de las concentraciones de arsénico. Estos datos concuerdan con la información disponible sobre otras zonas de Bangladesh.

Los pozos analizados, un reducido porcentaje respecto a los millones existentes en Bangladesh, han sido pintados de rojo o de verde en función de los resultados de las pruebas de determinación del contenido de arsénico, pero no se ha llegado a hacer una promoción enérgica del uso sustitutivo de los pozos salubres. En Araihazar el 43% de los habitantes encuestados consideraban que ésa sería la mejor solución inmediata; el 31% eran partidarios de hacer más profundos los pozos insalubres o de tratar el agua que contenían; y el 20% se inclinaban por utilizar las aguas superficiales sin tratar (pese a que las enfermedades microbianas transmitidas por las aguas superficiales contaminadas eran precisamente la razón que había llevado a perforar los pozos).

Sin embargo, dejar de utilizar el pozo insalubre propio para utilizar el salubre de otra persona no resulta tan sencillo. La mayoría de esos pozos son privados. Tradicionalmente las mujeres no suelen salir de su bari (grupo de viviendas relacionadas), si no van acompañadas. La necesidad de privacidad es otro obstáculo, pues muchos de los pozos están situados cerca de la letrina familiar. Por otra parte, no parece que puedan plantearse grandes problemas de hacinamiento en torno a los pozos salubres, pues la densidad de usuarios es ya muy variable: a algunos pozos acuden menos de 20 usuarios, mientras que otros son frecuentados por más de 120 personas.

Según Jamie Bartram, del programa de salubridad del agua de la OMS, «Bangladesh afronta hoy una grave crisis de abastecimiento de agua potable, pero este estudio demuestra que el problema podría paliarse en gran medida introduciendo cambios relativamente sencillos en el comportamiento y las normas sociales».

Para más información, pueden dirigirse a Desmond Avery, Bulletin of the World Health Organization, Tel: 791 24 22, e-mail averyd@who.int.

Todos los comunicados de prensa, notas informativas y artículos de fondo de la OMS, así como más información sobre este tema, se pueden consultar por Internet a partir de la página de acceso de la OMS http://www.who.int.

Los autores son los únicos responsables de las opiniones expresadas en los artículos firmados publicados en el Boletín, opiniones que no coinciden necesariamente con las de la Organización Mundial de la Salud.